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Álbumes

Allo Darlin Allo DarlinEurope

8.2 / 10

Belle & Sebastian hace tiempo que juegan en otra liga. The Pains Of Being Pure At Heart enfilan el rock de estadio. Los Campesinos! y The Wave Pictures beben cerveza en exceso. Camera Obscura se hacen de rogar demasiado y, para colmo, la reunión de los Lucksmiths no tiene visos de producirse. No, no son buenos tiempos para encontrar dignos amantes de ese subgénero llamado twee tan asociado al concepto de miniatura, pero por suerte tenemos entre nosotros a un grupo enorme dispuesto a defender sus principios: Allo Darlin’. Comandados por Elizabeth Morris (a quien algunos recordarán por militar junto a Amelia Fletcher en Tender Trap), en 2010 escribieron un debut que hizo enarcar las cejas hasta al mismísimo Jarvis Cocker. Lo lograron sin inventar nada nuevo, simplemente inyectando al estilo en cuestión una frescura y una profundidad que les convirtieron en una sólida esperanza del indie made in UK.

“Europe”, su regreso, es desde ya uno de los pequeños grandes discos del año. Diez hermosas canciones que condensan emociones reales y palpables, que te pegan en la cara con su suave brisa jangle. Cálidas como las del debut, un poco más afligidas quizá, “son canciones conscientes de que existe un lado oscuro pero que acaban por surgir del contrario”, según explica Elizabeth. O, dicho de otra forma, canciones que hablan con sinceridad de cosas bonitas y de otras que no lo son tanto; viñetas que, cual polaroids olvidadas con las que uno volviera a toparse de repente, activan recuerdos tan bonitos como imposibles de revivir; postales que parten al instante a la búsqueda de personas pasadas para llegar hasta Suecia y la Australia natal de Elizabeth ( “Capricornia”), hasta el Caribe y una Londres que suspira encendida de disturbios ( “This is life, this is living”), hasta Nueva York o la mismísima luna ( “Neil Armstrong”). “Europe” es un disco viajero cuyo equipaje no pesa. Parte de un lugar muy concreto para llegar a varios utópicos y, sin quererlo, con el optimismo en todo momento por montera ( “Still Young”), parece destinado a trascender la idea de una Europa que hace tiempo que está vieja y cansada.

Exquisito a la hora de dosificar melancolía y pasión, con una sonrisa o un hombro siempre disponibles para arrimar allí donde sea necesario, “Europe” despide una belleza sonora inherente que de por sí no necesita de añadidos para conquistar al oyente. Sin embargo, el grupo decide ensanchar su alcance lírico con un componente extra que se acaba revelando esencial. Es el que empieza a asomar en “Some People Say”, cuando Elizabeth se pregunta si la persona que tiene en la distancia sentirá lo mismo que ella al escuchar ciertas canciones, y el que a partir de ahí pasa a ilustrar las historias de casi todas las canciones con el recuerdo de, ejem, otras canciones. Sí, se trata de explorar el propio pop como catalizador de la memoria, como refugio, como pegamento fraternal, y de masajear esa idea con el tacto y los mimos necesarios. Un ejemplo espléndido de ello es la letra de “My Sweet Friend” (con frases como “A record is not just a record, a record can hold memories”), aunque el corte más arrebatador del lote en este sentido sea una “Tallulah” en la que Elizabeth le pregunta a su ukelele si ya habrá escuchado todas las canciones llamadas a significar algo en su vida.

¿Verdad que toda esta excusa metamusical les suena de algo? En efecto, lo han adivinado: con permiso del “Words And Music” de Saint Etienne, estamos ante la mayor declaración de amor pop de la temporada. Y es que al igual que sus vecinos londinenses (quienes, por cierto, también partieron en su día de parecidas premisas twee para edificar su discurso actual), Allo Darlin’ interiorizan con inteligencia todo lo que escuchan hasta dar con una música nueva y radiante que no es necesariamente moderna pero que rejuvenece cantidad. Una música soñadora que imagina juegos de melodías y guitarras dignos de The Smiths o los primeros R.E.M, que cita ahora a Silver Jews ( “The Letter”) y luego a The Go-Betweens (“Tallulah”), que regala adorables cenefas acústicas y caricias deudoras de la mejor época de Sarah. Música humilde y verdadera que, si no te andas con cuidado, podría partirte el corazón.

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