Ephemeral Exhibits Ephemeral Exhibits

Álbumes

Starkey StarkeyEphemeral Exhibits

8.5 / 10

Starkey  Ephemeral Exhibits PLANET MU

Por las alcantarillas fluyen las heces y los orines, todo lo que nos embrutece y nos equipara al más subdesarrollado animal. Si la capacidad de escritura es lo único que nos diferencia de los simios –como bien apuntaba Jimmy Giménez-Arnau–, es la mierda lo que nos devuelve a la naturaleza básica. La mierda es la metáfora de los instintos exacerbados, y es la mierda –o sea, el residuo, la cloaca, lo feo, hediondo y bruto– la que dibuja el sendero de la primera gran obra post-grime. Starkey abre su álbum con “Gutter music”, la música de las alcantarillas en traducción libre, y por ahí retozan ratones y caimanes, mendigos y cáscaras de plátano, hiede el estiércol y se acumula el limo. Todo eso, en versión electrónica, es esto.

Natural de Filadelfia, Paul Geissinger se subió a la punta de la ola del grime que por entonces estaba llegando, todavía vertiginosa, a la costa este americana vía Londres –y fundamentalmente vía Dizzee Rascal, que justo entonces se infiltraba en las pequeñas tiendas indies de Nueva York–, y aún no se ha bajado. Infectado de la bruticie urbana, y sobre todo de la vecina Baltimore, Starkey es un garrulo ilustrado que cree en la fuerza del bajo, la punción del beat y la ponzoña que decora esas producciones que, a simple vista, parecen dubstep, pero que son algo más. Lo dicho: es el grime sin rapero lo que funciona como leit-motiv principal en su álbum de debut: “Ephemeral Exhibits” bulle, especialmente en sus primeros cortes, de adornos ravers, de melodías chinas, de una toxicidad malsana, de un manierismo y/o barroquismo –algo lógico en un americano que toda imagen que tiene del East London inglés es de oídas, no de conocidas– que roza lo tóxico. Starkey satura las producciones sin ahogarlas: ahora una voz grimette por aquí ( “Miracles”), ahora un maromo a lo Justin por allá ( “Dark Alley”), alternando a la perfección la putridez recargada del terrorífico dubstep de DJ Distance con el jaleo festivo de Diplo y el filo cortante del primer Wiley, sin olvidar ese meticuloso trabajo de texturas y detalles tan propio de un maestro de la IDM a la manera urban como Boxcutter.

Avanza el disco hacia lo cinemático y lo sugerente, pero sin dejar de ser convulso. “Ephemeral Exhibits” cumple con sus dos misiones: demostrar que la carrera de Starkey no es un accidente, que desde los primeros maxis en Werk, Lo Dubs y Ruff ya había madera de crack, y también confirmar que su margen de progreso es todavía amplio. Si en algo se atasca este álbum es en sus ansias de demostrar virtuosismo. Starkey es de los que pescan oro en las ciénagas, pero primero está la ciénaga y luego brota el oro. A veces se obsesiona con que todo luzca y resplandezca, especialmente hacia el final, cuando ya quiere producir los temas a la remanguillé, con cabriolas melódicas y tirabuzones rítmicos. Un gesto de cara a la grada que le honra, que le aplaudimos, aunque lo suyo siempre fue la bruticie de guante blanco. Pero como electrónica incorruptible –y a la vez corrupta, podrida– este disco se tiene ganado un lugar de privilegio entre lo último y mejor de Planet Mu.

Javier Blánquez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar