Endless Bummer Endless Bummer

Álbumes

Pink Skull Pink SkullEndless Bummer

7.3 / 10

Pink Skull  Endless Bummer RVNG INTL

El sello que reivindica la venganza de todos los nerds del mundo desde la eterna Nueva York nos presenta el primer álbum (por ahora sólo LP, nada de CD) de su discografía. Y lo hace después de una serie de re-edits y tesoros desenterrados en formato maxi que han servido para molar mucho últimamente en guateques y pajareos acreditados. La serie Rvng Prsnts nos ha dado muchas alegrías en los últimos años, como por ejemplo ese volumen 4 que tenía al no menos nerd de Lovefingers como responsable. La colección de obsesos del vinilo que campa por este sello es de las buenas, con Betty Botox (es decir, JD Twitch, de Optimo), Greg Wilson (éste prefiere aún las cintas; la segunda juventud de este mancuaniano en estado de gracia es deliciosa), Mock & Toof –que también presumen de plataforma piratilla con la serie C.O.M.B.I.– o uno de los principales valedores del sello desde las ondas de la Gran Manzana, Tim Sweeney, como grandes figuras. Todos ellos, con su afilado criterio y su voluntad arqueológica, han dado lustre a una colección de “ediciones limitadas” que han sido la alegría y regocijo de los amigos de lo retro en estos últimos tres años: funk, soul, disco, cosmic, psicodelia, todo raro y rebuscado, en una colección de lo más cool y respetable (dos conceptos que no siempre casan, como sabrán nuestros lectores) para esos freaks de los vinilos a los que reivindican las iniciales del sello, a saber: Revenge Of The Nerds International.

Por eso teníamos ganas de escuchar el primer larga duración editado por la plataforma. Los responsable de esta pica en Flandes en forma de álbum son los algo desconocidos –al menos para la afición español– Pink Skull, que con “Endless Bummer” llegan al segundo largo de su carrera. El vocalista Julian Grefe y el programador Justin Geller vienen de Filadelfia, la ciudad de los 76ers, y se han ayudado de las virtudes analógicas del estudio de sonido de Alex Ounsworth, que es donde graban Clap Your Hands Say Yeah, para completar un trabajo de difícil categorización en consonancia con los tiempos que corren. Sonido electrónico y digitalizado, pero pasado por el tamiz de las cintas que vaporizan el sonido, en una dimensión algo espectral que dota de cierto interés a un trabajo clashy –ese homenaje a Peter Cushing que abre el álbum es hijo del electro-pop de hace seis o siete años–, moderno, desprejuiciado (el título se traduciría como “el latazo interminable”) y, a ratos, muy original.

Se nota un trabajo de post-producción aguerrido y esforzado para no resultar un producto más de temporada, basculando entre los ritmos más trepidantes y el downtempo más serio, con referencias al punk made in tropicalia de Brasil, bajos trotones y funkorros del tipo new wave bailable a lo Liquid Liquid, aunque puede que sea más del tipo DFA, salpicado con algún pasaje que suena a ambient de los 80 o 90, aunque no sabría identificar la década, y a la psicodelia de Kluster, que tampoco sabría decir si con C o con K. Vamos, que el disco también sigue una cierta perspectiva glo-fi que recuerda a muchas cosas, pero desde un ángulo sónico curioso, desde el que es difícil sopesar el pasado exacto –pretérito, pluscuamperfecto…– desde el que retorna ésa o aquélla canción. Todo es un volver a un recuerdo perpetuo. Pero un recuerdo al que le hemos dado la vuelta tantas veces que se convierte en un déjà vu tan familiar como inconcreto. Lo que tenemos rodando ahora mismo en el Hi-Fi es una producción muy libre, de hechuras amplias y elásticas. Tampoco se queda corto el artwork del álbum, con un diseño que recuerda a los tabloides británicos y que es todo un regalazo para esos nerds que posiblemente tengan que renovar los pósters de esas habitaciones en las que tantas horas se pasan escuchando a sus héroes favoritos. La Internacional de lo Rarito cuida y mima el recuerdo desde el presente. Están en todo.

David Puente

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