Endgame Endgame

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Ital ItalEndgame

7.7 / 10

La transición hacia el house de Daniel Martin-McCormick, antiguo punk enrolado no hace mucho tiempo atrás en ese tipo de bandas que aún mantienen una fe ciega en las guitarras, no fue especialmente complicada ni traumática. Para los punks de antaño tampoco lo fue: proyectos de los años 90 como The Shamen, Orbital o The Orb hundían sus raíces en escenas estéticamente lejanas del rave -industrial, hardcore, post-punk-, con las que compartían una energía primaria y un sentido contracultural. Lo que ha sido más difícil para Martin-McCormick probablemente haya sido dar con un estilo conveniente y ser tomado en serio. En el segundo aspecto, lógicamente, le perjudicó ser etiquetado de inicio como ‘hipster house’, una clasificación incómoda y vergonzosa no por lo que significa -productores house que, en origen, venían de entornos alejados del clubbing con pedigrí; lo que significa advenedizos, pero sin la carga despectiva de la palabra-, sino por cómo se formuló; y es que no hay palabra más vacía de significado -e incluso de ética, y en música de baile la ética todavía importa- que hipster. Pero empezaron a llegar los primeros maxis de Ital después de que nuestro escuálido hombre dejara de lado temporalmente el proyecto art-rock Mi Ami, abrió su sello Lovers Rock, se involucró en la familia 100% Silk y finalmente llegó a Planet Mu para que su primer álbum, Hive Mind (2012), pusiera las cosas en su lugar. Ital no venía a salvar ninguna escena ni a revolucionar la música de baile para geeks, pero sí a estar a la altura de sus ambiciones.

Esa ambición se puede resumir en la palabra ‘psicodelia’, o como él mismo dice, “mantener la música en un estado líquido”. Hive Mind tenía un par de inconvenientes, que no defectos: el tipo de sonido elegido podía parecer un poco retro, muy inspirado en la antigua cyberdelia de los 90 aunque en baja fidelidad (sonaba como un disco de Sun Electric hecho con software pirata), y además se notaba que a Ital, pese a las buenas ideas, todavía le faltaba mano con la tecnología. Estos dos años que separan Hive Mind de Endgame -el disco intermedio, Dream On (2012), fue lo mismo que Hive Mind pero con la personalidad diluida- han sido, por supuesto, de profundo aprendizaje. La manera en que se aproxima Ital al house ya no es tan amateur como antes, y ahora encaja con más naturalidad entre la verdadera avanzadilla del house contemporáneo, la de Hieroglyphic Being, Kassem Mosse y Joey Anderson. Como contrapartida, ha perdido el encanto aficionado de aquellos comienzos para ganar en prudencia, con lo que su música se ha hecho un poco más predecible.

Haber conectado con Jamal Moss / Hieroglyphic Being ha sido decisivo para la forma final de Endgame. El festival polaco Unsound les encargó un directo en 2012 a partir de material nuevo, que resolvieron identificándose como Interplanetary Prophets y tocando sólo con máquinas. Fue el primer episodio de una transformación que se deja sentir de manera más clara ahora. Ital ha abandonado el software y se ha rodeado de toneladas de hardware, y de ahí que sus tracks ahora no sólo tengan forma y fuerza, sino también profundidad y una nueva tensión en el empleo del tiempo. Es decir, sigue siendo el mismo Ital de hace tres años, fluido, elástico, tremendamente mental y capaz de sumir en un estado hipnótico, pero con nuevas lecciones aprendidas. Sigue en él esa preocupación por acercarse a lo “antiguo” (el final del disco, Ochre, con esas discretas erupciones ácidas, y el comienzo en forma de Relaxer, no andan muy lejos de leyendas del techno inteligente como Mike Dred y Beaumont Hannant), pero le preocupa todavía más no desentonar en el presente y quedarse como una anécdota, en el bicho raro.

Endgame, el tema titular del álbum, no desentonaría en el tremendo After Forever (2014) de Joey Anderson: es cinematográfico, astral y underground, house con campanillas que llama a las puertas del cielo de Detroit, último preámbulo antes de entrar en el núcleo del álbum, que suena tracky, compacto, funcional para el club ( Whispers in the Dark son repeticiones rítmicas con sobredosis de eco, Coagulate una variación lo-fi del viejo trance, Dancing su homenaje (quizá) a Larry Heard, Concussion un ejercicio de minimalismo psicodélico, Beacon una visita al viejo sonido del sello Chain Reaction, etcétera), pero a la vez con las suficientes licencias de libertad para reconocer en el nuevo Ital mejorado, adaptado al mundo, al viejo Ital imperfecto que hacía buen house pasándose las leyes por el forro. No hay que ver Hive Mind y Endgame como dos discos distintos y contradictorios, sino como el principio y el final de un viaje absorbente.

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