End Times End Times

Álbumes

EELS EELSEnd Times

8.6 / 10

Eels  End Times VAGRANT / NUEVOS MEDIOS - COOP SPAIN

Cuando algún artista entrega un disco especialmente pesimista, triste y desesperado tenemos la tendencia a pensar que una muerte cercana o una ruptura sentimental se ha cruzado en su camino antes de componer esas canciones. La mayoría de veces acertamos con el diagnóstico. La creación artística no deja de ser un estado de ánimo, en realidad, y los impactos emocionales de nuestra rutina diaria son los que, a la postre, acaban condicionando todo lo que sale de la libreta de un autor, para bien o para mal. En el caso que nos ocupa, no hace falta tener dotes de psicólogo o adivino para entender que Mark “E” Everett está hundido. Tiene un currículo personal de los que te encogen el corazón: su padre murió cuando él era un adolescente, su hermana se suicidó, su madre murió de cáncer, su prima falleció en el avión que Al-Qaeda estrelló contra el Pentágono el 11 de septiembre de 2001, ha perdido a algún amigo íntimo por el camino y, más recientemente, ha consumado su divorcio. Y para acabar de rematarlo, el mundo parece venirse abajo, la crisis económica lo mancha todo, se suceden las desgracias en todo el planeta y la desesperanza parece ser el sentimiento más común entre todos nosotros. Panorama negro que tiene especial efecto en aquellas pobres almas hipersensibles a las que todo les afecta por duplicado. “End Times” es el claro reflejo de nuestro momento. Es la mirada de incomprensión y decepción ante el derrumbamiento económico, moral y emocional del mundo tal y como lo conocemos. Pero también es la confesión, absolutamente descarnada y conmovedora, de un dolor incomparable: la pérdida. La pérdida de una mujer, que a su vez es la pérdida de un tiempo, de una vida y de un amor, la esposa que se va de tu casa y de tu existencia y cuyo vacío lo cambia todo. “E” establece un paralelismo demoledor entre su situación afectiva y personal con el cataclismo del universo actual, y a modo de diván convierte su último disco en uno de los más bellos y conmovedores de los últimos meses, un relato a dos caras del fin de una historia de amor y del colapso de nuestro mundo. Todo aquel que haya sentido alguna vez el punzón del desamor en su pecho tiene una cita obligada con esta grabación, que por suerte huye del pulso más rockero y desenfadado de Eels, expuesto de forma desigual en “Hombre Lobo: 12 Songs Of Desire” o “Souljacker”, y se acerca milagrosamente a la estética de “Electro-Shock Blues”, sobre todo en su carácter confesional y su nitidez y templanza pop. Si aquél era un álbum que giraba alrededor de la muerte, éste lo hace alrededor de su separación, pero ambos convergen en la manera de presentarse al oyente.“E” ha optado por volver a las canciones íntimas, a esos medios tiempos tenues, de formato acústico y extrema fragilidad que le dieron fama y reconocimiento crítico. Pequeñas cápsulas de pop melancólico, con leves arreglos e instrumentación preciosista, algunos a piano, en las que el compositor vuelca todos sus recuerdos y sus lamentos por la ausencia de su ya ex mujer. Todo grabado en su casa, en directo y casi en clandestinidad, como si fuera una urgencia. Por el camino se cuelan dos o tres momentos más agitados y guitarreros, las prescindibles “Paradise Blues”, “Gone Man” o “Unhinged”, por ejemplo, pero tienen apariencia de inserto y no rompen la tónica general del álbum, que podría ejercer con toda tranquilidad de banda sonora de un hipotético remake de “Olvídate De Mí” en formato de novela gráfica, no en vano Everett y Jon Brion son buenos amigos que ya han colaborado juntos antes y Adrian Tomine, uno de los grandes dibujantes y guionistas de este siglo, se ocupa del espléndido artwork del CD. Fragmentos dispersos de una convivencia y un fulgor, la memoria recuperada para arropar la pena y la sensación de fracaso, una de las declaraciones de amor más sinceras y contundentes que hemos escuchado recientemente. No hay desperdicio ni una palabra de más en este derroche de recuerdos y vivencias evocadas que devuelve a su autor al olimpo del pop de autor contemporáneo.El disco arranca con “The Begining”, que sirve de perfecto ejemplo para entender por dónde van los tiros. Apenas dos estrofas, pocos adjetivos, todo verdad, al grano y sin florituras poéticas. “She woke up late in the morning / I pulled the curtain back / The sun came pouring in / There was no one in the world / There was nothing else just me and my girl / She put her arms around me / Gave me a kiss / And everything was beautiful and free / In the beginning”. Everett es visual y poderoso cuando escribe, es directo y muy franco, y cada canción sitúa al oyente con una crudeza admirable. En “A Line In The Dirt”, por ejemplo, deja muchas cosas claras en apenas cuatro frases: “She locked herself in the bathroom again / So I am pissing in the yard / I have to laugh when I think how far it's gone / But things aren't funny any more”. En “In My Younger Days” mezcla el optimismo resignado con la desesperanza, capturando a la perfección la esencia de ese momento de impotencia y regocijo en el dolor que prosigue a toda ruptura: “In my younger days / This still would've knocked me down / But I would've just bounced right back, you know / Now I'm a statistic / But I'm not fatalistic / I'm not yet resigned to fate / And I'm not gonna be ruled by hate / But it's strong / And it's filling up my days”. Y para “On My Feet”, el tema de despedida, se reserva las mejores líneas de todo el disco. “I pushed the bed against the window today / So there'd only be one side / Well, it's a little less lonely that way / But I'm still dying inside”. Es una despedida sin fuegos de artificio, triste y solitaria, aunque con un ligero empuje vitalista ( “One sweet day I'll be back on my feet / And I'll be all right / I just gotta get / Back on my feet” son las últimas palabras que escuchamos) que endulza un poco el mal sabor de boca y el mal cuerpo que ha dejado todo el recorrido previo. Álbum de divorcio de resonancias globales, nuevo ejercicio de desgracia personal traducida en virtuosismo pop, “End Times” se convierte a partir de ahora mismo en otro disco fundamental para acompañar la lenta y convulsa travesía por la decepción amorosa. David Broc

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