An Empty Bliss Beyond This World An Empty Bliss Beyond This World

Álbumes

The Caretaker The CaretakerAn Empty Bliss Beyond This World

7.6 / 10

The Caretaker  An Empty Bliss Beyond This World HISTORY ALWAYS FAVOURS THE WINNERS

Antes de que se hablara de hauntology, ya existía The Caretaker, hurgando con un palillo entre las arenas finas de la memoria. Antes incluso de que el sello Ghost Box –pero no antes de Broadcast y Boards Of Canada, grupos proto-hauntology por excelencia–, James “Leyland” Kirby ya había decidido que éste iba a ser su proyecto más querido, al que más horas y esfuerzo iba a dedicar una vez comenzó a desgastarse el terrorismo sonoro de su primer alias, V/Vm. Desde 1999, año en que apareció “Selected Memories From The Haunted Ballroom”, Kirby le ha destinado a The Caretaker más de seis álbumes entre grabaciones en vinilo, releases digitales e incluso cajas mastodónticas como la de “Theoretically Pure Anterograde Amnesia”, media docena de grabaciones de una sola tacada que reforzaban una de las dos ramas estéticas en las que se ha dividido el proyecto, la de la lenta maceración de ráfagas ambientales con un fondo melancólico y/u obsesivo que dispara recuerdos del pasado –en un estado como de vigilia, entre el mundo espiritual y el mundo físico–.

Después de todo este tiempo, poco ha cambiado en las estrategias de The Caretaker. A un nivel formal, “An Empty Bliss Beyond This World” entronca directamente con el primer álbum –la recreación de un salón de baile con las lámparas de gas iluminando con luz débil, poblado de espectros que ejecutan pasos de vals sobre un parqué carcomido, como en el final de la película “Carnival Of Souls”–, y en particular con el penúltimo, “Persistent Repetition Of Phrases” (Install, 2008), abundante en samples de vinilo de piedra, fonógrafos de los años 20, jazz primitivo, bailes de salón y grabaciones de música clásica erosionadas por el desgaste del tiempo y de la aguja sobre el surco. Todo el vinilo –en CD estará disponible en cuestión de una semana, para quien guste del formato– desprende ese halo neblinoso y vintage de las viejas grabaciones en 78 rpm. Kirby se apoya en la tesis médica –al más puro estilo Oliver Sacks–, comprobada en enfermos de Alzheimer, de que, en fases avanzadas de la enfermedad, y cuanto más deteriorada está la memoria del paciente, éste es todavía capaz de recordar con nitidez las canciones de su infancia. “An Empty Bliss”, por tanto, quiere ser como un recuerdo muy vívido en una memoria del todo desgastada, en la que quedan únicamente piezas aleatorias de jazz o música de la que sonaba en los anuncios y los seriales de radio.

Más allá del trasfondo conceptual, queda un disco bello. De dónde saca Kirby las grabaciones originales para luego descuartizarlas y envolverlas en crujidos de vinilo, ruido de estática y esa atmósfera brumosa, no se sabe: seguro que frecuenta anticuarios y compra discos de desguace a peso. Lo importante es el efecto. Por momentos, es como una toma prolongada de las canciones de la banda sonora de “Blade Runner” que remitían a los años locos de principios del siglo pasado – “Camaraderie At Arms Lenght” y “Libet’s Delay” son como las canciones que inspiraron a Vangelis “One More Kiss”–; en otras, es como si sonara un disco de piedra desvencijado con interpretaciones al piano de composiciones de Debussy ( “The Great Hidden Sea Of The Unconscious”), y casi siempre hay un poso desolado, de corazón en ruinas, de contaminación acústica en forma de toses y graznidos ( “Mental Caverns Without Sunshine”) que recuerda a los trabajos ambientales del propio Kirby. En definitiva, quince cortes, algunos terminados de forma abrupta –como esos recuerdos que vienen, se van sin querer y nunca los vuelves a recuperar–, que añaden otra espléndida página a su libro de estilo mientras llenan el espacio circundante de espíritus.

Javier Blánquez

“Camaraderie At Arms Length”

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