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Pet Shop Boys Pet Shop BoysElysium

7.3 / 10

“Han vendido 15 millones de discos y solo estamos a lunes”. Así presentó Jay Leno en su programa al dúo británico más exitoso de todos los tiempos (dicen que el subjetivo dato está en el Guinness). Fue en Los Ángeles, en 1991, durante su primera y accidentada gira americana en la que presentaban su obra maestra, “Behaviour”. Otro dato discutible, porque hay de sobra donde elegir. El show de Jay Leno acabó siendo el show de Chris Lowe, que, cabreado por el vacío de la realización durante la grabación, abandonó el set durante la actuación y montó un buen pollo. La divertida anécdota es el símbolo del fracaso de aquella gira, que se puede recuperar con asombroso detalle en el muy recomendable libro de Chris Heath, “ Pet Shop Boys versus America”.

21 años y 35 millones de discos vendidos después, y en otro punto bien distinto de su curva de popularidad, Neil Tennant y Lowe regresaron a Los Ángeles para grabar su undécimo álbum. Tras la colaboración con Xenomania en el maravilloso –aquí no se aceptan discusiones– crossover entre pop de autor y pop de factoría que fue el muy británico “ Yes”, la apuesta por Andrew Dawson, conocido sobre todo por su reciente trabajo para Kanye West, hacía presagiar una apertura al poco explorado pop negro. Paradójicamente, en “ Elysium”, Pet Shop Boys aparecen más encerrados en sí mismos que nunca. Ellos, que en todas las etapas de su carrera han evitado sin problemas la obsolescencia envolviendo con criterio sus canciones de tendencia. Quizá les apetecía un poco de introspección. O quizá sea el signo de los tiempos que vive el pop: mejor permanecer en terreno seguro que homenajear al EDM.

La producción de Dawson es precisamente el eslabón más débil de “Elysium”. Adulta en exceso por momentos y carente de fantasía, aunque de inmaculada factura, parece quedarse a medio gas. Comparar el orquestal homenaje a Händel de “Hold On” con el “Left To My Own Devices” que les ayudó a completar Trevor Horn es una comparación injusta (aunque deprimente). Tan injusto como achacar a Dawson la inclusión de “Give It A Go”, una de las peores canciones de su carrera, a pesar de que ponga de su parte con unas percusiones soporíferas.

Sin embargo, tras su apariencia aletargada, “ Elysium” comprende numerosos tesoros a sumar a su inabarcable catálogo, y resulta lo que se ha convenido en llamar un grower. La hermosa letra de “Leaving”, el single que acompaña el lanzamiento del álbum, nos muestra a un Tennant inspirado como en sus mejores momentos. “Our love is dead / but the dead are here to stay / (...) / and if our love is dead / it won’t be dead for long”. Le falta punch para ser un single de éxito, pero promete acabar como favorita de los fans. La contenida (más incluso de lo habitual) balada “ Invisible”, disfraza de monotonía una desgarradora historia de rechazo. “Ego music”, que podría ser una gran canción de Sparks, retrata con hilarante acidez a la Generación Yo y a las declaraciones vacías de sus popstars. “Breathing Space” y, sobre todo, “Requiem In Denim And Leopardskin”, recuperan el espíritu de los mejores momentos de “Behaviour”, que no es poco. En “A Face Like That” revisan las producciones de Bobby O de sus inicios, justo después de parodiar su condición de dinosaurios para el ciudadano medio en “Your Early Stuff”. “Winner”, a pesar de ser el single de adelanto más flojo de su carrera y de rememorar los errores (para muchos) de “Release”, adquiere sentido en el conjunto del álbum. Y la melodía y el riff de teclado de “Memory Of The Future” son el cénit emotivo de un disco parco en concesiones al sentimiento.

El título del disco, “Elysium”, hace referencia al concepto griego de cielo al que se accedía después de la muerte. Y, seamos claros. Que Pet Shop Boys hayan llegado hasta aquí en buena forma es un milagro. 31 años después, continúan siendo el mayor exponente de una forma de entender el pop que algunos consideramos pura y que comparten, por ejemplo, con Saint Etienne. Una filosofía en la que el arte es accesible, el conocimiento profundo de la historia de la música no choca con respetar la novedad, la accesibilidad no es sinónimo de sencillez y el refinamiento no choca con el éxito masivo. Que cree que es a la música pop, y no tanto al artista, a quien hay que tomar muy en serio. Que sea por muchos años.

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