Elvis Perkins in Dearland Elvis Perkins in Dearland

Álbumes

Elvis Perkins Elvis PerkinsElvis Perkins in Dearland

7.5 / 10

Elvis Perkins   Elvis Perkins in Dearland XL / POPSTOCK!

Hace muchos años se alababa la paciencia de los dependientes de las tiendas de zapatos a las que iban señoras con cardados imposibles y tanto tiempo libre como dinero a pedir que les sacaran el mismo zapato pero “en” otro color, con un poco menos de tacón, hebilla en vez de cordones, tal vez un poco de cuña, y sobre todo, más anchos de horma. Lo que venía siendo otro zapato aunque fuera para el mismo pie. Ante lo cual, el dependiente jamás debía torcer el gesto porque ya se sabía que los únicos que siempre tenían razón eran los memos de los clientes en plural ambivalente. Es lo mismo que dar gato por liebre, degustarla cochifrita y seguir alabando al cocinero. A ver, el gato, carne sigue siendo, y a tenor de lo que corren los gatos cuando los azuzas con justicia, no se podrá dudar que carecerá igualmente de grasa y seguro que será muy beneficiosa para cualquier patología que no queramos prevenirnos bajo nuestra propia responsabilidad. No digo que las canciones y los discos de Elvis Perkins sean como sustituir al gato por la liebre, y mucho menos que el nuevo disco sea un zapato completamente diferente, aunque sea para el mismo oyente. Jamás se me ocurriría llevar la contraria al sabio público. Pero qué coño, en el fondo lo siento y en la superficie lo pienso. El concierto de Elvis Perkins en Moby Dick el año pasado que se suponía el resarcimiento de la mala pasada que les jugó el Primavera Sound fue un pálido reflejo de ese grupo de música con raíces americanas que se estrenó con un álbum en el que daba la sensación de que las decenas de capas instrumentales proporcionaban clase suficiente a la sensibilidad de las canciones de un personaje perfecto. Y el león no fue tan fiero, al menos en directo, pese a quien pese. Elvis Perkins tuvo el acierto de abrir su debut con los seis minutos veinte de “While You Were Sleeping”, una pequeña suite folk que ya valía por el resto de la música de 2007. Indudable. Luego llegó el morbo de ser hijo de su padre y de su madre y haber sufrido más que el común de los mortales con su tragedia personal, algo que llena columnas pero que no hace que suba la calidad de los discos, que se lo pregunten a Baxter Dury. Sin embargo, Perkins y sus adláteres, antes de enredarse en detalles y arreglos preciosistas, prefirieron empezar a anunciar en directo que prefieren la tamborrada curiosa antes que la sutileza extraordinaria. No hubo problema para el grueso del respetable, pero he de confesar que me fui a casa con la desagradable sensación de sentirme solo sospechando que Elvis Perkins es interesantísimo pero no tan genial como hubiéramos deseado, o tan alto como para hacer sombra en el olimpo a M. Ward, que para el caso hubiera sido lo mismo. O sea, gato por liebre, y aunque suene mal, insisto, seguro que el gato termina siendo beneficioso para la salud de alguna manera inesperada. Por eso, Elvis Perkins in Dearland ya es otra cosa, es descaradamente el mismo zapato pero con todo cambiado. Perkins está aún más seguro de si mismo y la sutileza es más rebuscada, el fraseo corto de Perkins, como si con cada verso añadiera un ladrillo, ahora es más fluido, ya no son ladrillos, ahora son vigas, las melodías son más brillantes y coloristas, ya no importan los tonos sino el cambio de color, y sobre todo, ya no se la juega con experimentos orquestales de medio tiempo, sino que sube la tensión rebajando las pulsaciones o se sube al carro de la canción saltarina. Porque, menudo single es “Shampoo”, indecentemente pegajoso. Los caballos ganadores son siempre molestos, y a Elvis Perkins le faltan todavía un par de carreras por ganar para poder estar donde las revistas de moda y cotilleos le están colocando. “Elvis Perkins in Dearland” prima la canción sobre la atmósfera y el grupo termina jugando una baza que no es su mayor virtud, se acercan más al directo real de 2007 que a la delicia que son capaces de construir en directo. En ese aspecto el álbum es más honesto, pero a medida que van avanzando las canciones, se va haciendo evidente que la secuenciación ha dejado lo más apetecible para el comienzo y la colección pierde algo del valor que realmente tiene. Entonces, se repasa Ash Wednesday por aquello de refrescar los recuerdos y resulta que este es el mismo zapato pero con todo cambiado. Igual de cómodo pero un poco menos arriesgado y llamativo que el primero que vimos en el escaparate al entrar extasiadísimos en la tienda.

Jorge Obón

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