Elevator Music Vol.1 Elevator Music Vol.1

Álbumes

Varios VariosElevator Music Vol.1

7.6 / 10

Varios  Elevator Music Vol.1 FABRIC

Graves. Bajos. Bumbumbum. Frecuencias que hacen temblar las pepitillas y testículos del personal como si fueran pelotas de ping pong en un tren de mercancías. Si los bajos fueran vacas e Inglaterra estuviera invadida por el Punjab, seguramente las reses pulularían tan campantes por todos los clubs de la nación. Sagrado es quedarse corto. Que se lo digan, si no, a los responsables de la programación de Fabric. El club por antonomasia de Londres lleva ya mucho tiempo dando coba a la parroquia del bajo porrero y el dubstep campestre, y escuchando los siseos fantasmales estilo “Lost” de las diferentes mutaciones que géneros como el dubstep, el garage, el grime y la señora madre que los alumbró a todos han vertido, como aceite hirviendo, sobre las coronillas de las nuevas generaciones de clubbers. El bajo es ahora mismo el dictador implacable, el general golpista que marca el paso de sus tropas en la Britania de las tinieblas. Sin bajo no hay sangre. Si bajo no hay underground. Sin bajo seguramente el Fabric de ahora sería el Fabric de antes.

Por eso, el club con mejor sonido del sistema solar ha reconocido con todos los honores la coronación de los graves como nueva filosofía de vida. Y qué mejor forma de hacerlo que meter la aguja en la chistera y sacar una nueva línea de compilaciones bajo el equívoco epígrafe de Música de Ascensor. Que nadie se deje engañar por semejante gilipollez de título, “Elevator Music Vol. 1” no es otro paseo cannábico por los lares del dubstep comatoso, de hecho los propios cerebros de la operación han descrito el CD como “140 bpm bass music” y los muy cabritos no mienten. Si de algo hay que advertir al lector es que aquí sólo hay material para la pista, no para el jacuzzi: sin estridencias en la carrera y sin piloto automático, pero con una clara vocación bailable y una disposición de las piezas diseñada para alcanzar el cerebro reptiliano del oyente. No se trata ni mucho menos de un álbum atmosférico: lo importante es provocar el espasmo con toda la fuerza de los bajos y una hábil mezcla de texturas de última generación que funciona con la potencia del motor de un monster truck embravecido.

La selección no parece tener fisuras. Con el sello de calidad y el poder visionario de la marca Fabric, el listado es un intrincado tapete de beats que nos descubre los zurcidos más frescos del panorama bass, con nombres que todavía están por estallar y algún que otro figurón ya confirmado con muchas cosas por decir todavía en el circo romano del dancefloor. Mucho cuidado con la perla de Bristol Julio Bashmore: el cachorro enseña la dentadura en “The Moth”, un corte futurista que absorbe la bruma glacial del minimal germano y el nervio rítmico del 2step para regalarnos la danza más hipnótica y neblinosa del álbum. XXXY se pone chulo con “Sing With Us” y se recrea en un juguetón trote digital sembrado de tamborileos que terminan convirtiéndose en un mantra/subidón ibicenco más estimulante que una sobredosis de café arábigo. A medida que avanzas, te das cuenta de que la exhibición pretende ser una demostración irrefutable de lo mucho que ha evolucionado el dubstep y géneros afines, extendiendo sus efluvios a dimensiones más epilépticas e inundando también el parquet de la pista. No todo es humo y contemplación.

El monstruo sigue creciendo y no le teme a nada. Se lo podrían preguntar a Untold y seguramente diría lo mismo. Grime, bassline, dark garage e IDM hacen estallar sus átomos en un colisionador de partículas – “Bad Girls”– al que le bastan 3 minutos para mostrarnos hasta qué punto ha asimilado la escena dubstep otros organismos unicelulares en su implacable avance por el sistema nervioso de nuestro cerebro. Incluso se pueden husmear trazas de perfume technoide en la magnífica “Behave” de Shortstuff, con martilleantes pedorretas digitales, rítmicas de tembleque, grime salvaje y pasajes de funk espacial al más puro estilo Detroit. También en la perfectamente ensamblada “Elixir” de Vista hay ecos de frialdad techno, pero el punto bass, el punto dubstep, el punto de suburbio british no se pierde en ningún momento. La lista es infalible. Martyn y Starkey cumplen en su papel, y Caspa & Rusko (nunca me cansaré del nombre ni de escuchar su magnífica sesión para el “Fabriclive 37”) ponen todo el bajo en el asador aportando uno de los mejores cortes de esta colección de exclusivos, “One Of The Same”, y dándole empaque a la mejor guía Campsa hasta ahora publicada sobre el presente y futuro del dubstep, garage, grime, 2step, bla, bla, bla. Malditos bass…tardos.

Óscar Broc

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