Elements Of Light Elements Of Light

Álbumes

Pantha Du Prince & The Bell Laboratory Pantha Du Prince & The Bell LaboratoryElements Of Light

8.1 / 10

Si empezáramos a sondear a fondo los rincones más ocultos de la escuela techno alemana de los últimos años, especialmente esa rama melancólica del minimal desarrollada en sellos como Kompakt y Dial, irían apareciendo campanas, y sobre todo campanillas, que tienen un timbre más fino que el del más solemne y rotundo badajo de iglesia. En diversos temas de Lawrence, Efdemin, Closer Musik y Superpitcher suenan, muy esporádicamente, estos instrumentos de percusión a modo de adorno puntual, como redoble y matiz embellecedor de un patrón rítmico 4x4 generalmente profundo y de textura amable. Si vamos incluso más atrás en el tiempo, la campana no ha sido un elemento ajeno a la música rave –mejor dicho, sí es un elemento ajeno, pero menos que, por ejemplo, el triángulo, la bandurria y el arpa eólica, por citar tres barbaridades–, e incluso hubo éxitos del trance primitivo como “Dreams” (Quench) que en su clímax utilizaban un repique entrelazado con ráfagas ácidas dispuestas para despertar las endorfinas. Pero más allá de ejemplos casuales, hay que admitir que la campana y el techno son conceptos alejados, y que aunque en Pantha du Prince han estado más cerca de lo normal – “Lay In A Shimmer”, uno de los mejores temas de su anterior “Black Noise”, tenía este timbre–, su caso es una rareza que, precisamente por la inspiración que demuestra, nos sonaba mágica y sensacional.

“Elements of Light” hace de lo excepcional una norma, y es un disco techno con campanas de principio a fin, lo que significa una novedad absoluta en la historia completa de la música occidental. Su génesis es tan fortuita como procedente, ya que Henrik Weber –o sea, Pantha du Prince cuando paga impuestos– acudió en 2011 a un certamen en Oslo, el Oya Festival, en el que coincidió con un grupo experimental noruego, The Bell Laboratory, que se dedica a la música de percusión a partir del manejo de grandes carrillones, algo que ya no est tan raro en el circuito experimental contemporáneo. “Elements of Light” fue la pieza que sirvió de catalizador-detonante de un primer enamoramiento por ambas partes y que acabó desembocando en un proyecto conjunto en el que la sinfonía de campanillas de los unos debería actuar al 50% con las programaciones electrónicas del otro. Al ser un disco en colaboración, Pantha du Prince tuvo que renunciar voluntariamente a muchos de sus presupuesto estéticos habituales para ceder espacio a los metales, al bronce, los gongs y los sonidos como de xilófono, y eso fue alejando al resultado de estas cinco piezas finales de los presupuestos del techno, pero por el contrario, arrimándolos a un lateral avantgarde con un altísimo interés.

Básicamente, “Elements of Light” mantiene un esqueleto con bombo a negras –en “Photon” y “Spectral Split”, sobre todo– pero los adornos y el relleno de los temas, que normalmente debería ser para los pads, los glitches, las líneas de bajo y otro tipo de melodías de sintetizador, viene propiciado por los timbres y los repiques del campanario con una delicadeza propia de la musiquilla de una cajita con bailarina. Estos matices brillantes conllevaban a la vez la rebaja del tempo y muchas veces la suspensión de la música en una pausa ambiental, y aunque fuera de manera obligada, la entrada en un territorio más experimental ha acabado favoreciendo el proyecto, que ha engullido presupuestos (más que influencias) de diferentes compositores del siglo XX que, fuera de las reglas dodecafónicas de la vanguardia europea de los años 50, estudiaron otros sistemas de percusión, sobre todo John Cage, Lou Harrison y Steve Reich, que sintieron una sincera atracción por el gamelan balinés, las marimbas y el uso del ritmo por encima de la armonía –aquí vale la pena recuperar el famoso aforismo de Cage: “percussion music is revolution”–. Para redondear el flirt avantgarde, The Bell Laboratory era el espacio en el que el pionero de la informática aplicada a la música, Max Mathews –y mentor de la recuperada Laurie Spiegel con su “The Expanding Universe”–, trabajó también en los años 50, y del que el ensemble noruego toma respetuosamente su nombre.

Lo que hace del álbum un título de mérito es, en cualquier caso, cómo logra el equilibrio entre un estudio concienzudo de timbres –no hay momento en el que las campanas dejen de sonar, son como los cuartos de la Puerta del Sol prolongados durante 40 minutos; no hay agotamiento mientras se escucha– y la parte más lúdica y rítmica, ese techno de tiralíneas y corazón que forma parte de la razón de ser de Pantha du Prince. El momento cumbre es “Spectral Split” y sus 17 minutos de altiplanicie textural y crescendo rítmico con una fase incluso atonal en el último tramo, que sería como la traslación al universo deep de Colonia/Hamburgo de las piezas seminales de Steve Reich de los 60 o la electroacústica con campanas del valenciano Llorenç Barber–, pero antes de eso “Wave”, “Particle” y “Photon” marcan una línea de progresión emocional ascendente y “Quantum” cierra el álbum con una tendencia al silencio sin errores, dando forma final a un trabajo que quiere traducir en sonido los infinitos matices de la luz natural y que está por debajo de “Black Noise”, pero privilegiadamente al margen de todo lo que se ha hecho hasta hoy en música electrónica de intención popular.

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