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Álbumes

Demdike Stare Demdike StareElemental

8.7 / 10

El horror sigue siendo el motor que pone en marcha el sonido de Demdike Stare, pero con el paso de los años –y, sobre todo, con el paso de los proyectos– ese horror ha minimizado su conexión terrenal para pasar a ser cósmico, inabarcable y del que resulta imposible escapar, porque no está localizado en ningún punto concreto. Se extiende como una bruma infinita. Es un miedo intangible y ubicuo, ese “horror sagrado” con el que Julio Cortázar describía en su prólogo el final de “La Narración de Arthur Gordon Pym”, de Edgar A. Poe –cuando el protagonista, en ese paisaje polar habitado por bestias desconocidas por el hombre, decide embarcarse en un descenso fluvial en barca al corazón del misterio y la novela se interrumpe súbitamente–; un horror que se describiría también como la presencia constante e insoportable del mal alrededor y en una dimensión infinita, como en el universo de Lovecraft. Sobre todo en Symbiosis (Modern Love, 2009), el primer disco en el que Miles Whittaker –en su etapa de transición del techno post-Pendle Coven hasta el borde del abismo– y el über-coleccionista Sean Canty trabajaron juntos en el alias Demdike Stare, se percibían más las intenciones que el resultado. La intención consistía en desarrollar su particular visión de la cosa hauntológica desde un punto de vista muy inglés –el de fans de películas de terror como “The Wicker Man” y “Don’t Look Now”, estilizando una idea pagana y pop de la cultura pulp de los años 60s a partir de influencias sacadas de la compra compulsiva de viejos vinilos de library music–, todo ello acompañado de un nombre siniestro, evocador de una antigüedad oscura; Demdike, la hechicera Elizabeth Southern, fue la líder del culto de las Brujas de Pendle, condenada a muerte en algo así como el equivalente británico a los juicios de Salem en las colonias americanas.

Pero “Elemental” es otra cosa. “Elemental” no es una representación del mal, lo oculto o el misterio, sino el mal en sí mismo, desatado, infiltrado en la atmósfera como una presencia espiritual; la misma diferencia que existe entre un manual de brujería de Grillot de Givry y la práctica de un ritual ancestral con caldero y élitros de mosca, o entre la idea de la Gran Obra –o sea, el opus nigrum alquímico, la búsqueda de la quintaesencia– y los penosos intentos de los alquimistas por alcanzarla en su forma material. Vaya también por delante que ésta es música que hay que tomársela en su sentido simbólico, que nadie vaya a creer que con sólo poner a sonar este doble CD se darán las condiciones para la apertura de la Novena Puerta y la entrada del Maligno, ni siquiera poniéndolo al revés, como los viejos vinilos heavies. Pero la sensación de falta de oxígeno, esa tensión del miedo, se palpa a lo largo de dos horas que son angustiosas. Técnicamente –o sea, a un nivel de técnica de composición y producción–, “Elemental” no es una criatura ni más compleja ni desarrollada que la de la trilogía Tryptich (Modern Love, 2011); es igualmente ambiciosa, extensa y profunda en su búsqueda de las raíces del terror físico y psicológico. Pero sí es más oscura en la forma, con menos cambios de estilo y más densa en su desarrollo: “Tryptich” era una caverna oscura que se bifurcaba en ramas distintas y se convertía en un laberinto en el que perderse de manera desesperada; “Elemental”, en cambio, es esa misma cueva sin desvíos, una espelunca lineal cada vez más estrecha, más profunda, una trampa mortal. Tal como se entra en el disco, cada avance es un tormento, un paso adelante –sin retorno– hacia una espantosa negrura. Se puede detener la música, por supuesto –esto es un CD, por tanto una ilusión, no una tortura–, pero entonces la experiencia no cala. Hay que concentrarse en el maëlstrom hacia lo desconocido, dejarse llevar y rezar para salir sin secuelas.

Demdike Stare han concebido “Elemental” como un proyecto extenso, pero finalmente cerrado en una gran obra que ofrece la conclusión grandiosa que tal esfuerzo merecía. Primero aparecieron los dos vinilos de la serie, “Chrysanthe” y “Violetta”, a finales de 2011 –en un packaging de lujo que molestó a cierto sector de fans, indignados por tener que pagar más de 40 libras por él–, y en enero se completó el ciclo con la tercera y cuarta entregas, “Rose” e “Iris”. El artwork, diseñado por Andy Votel, muestra símbolos como la pluma (ligereza y orden), el cuervo (indicador de malos agüeros) y la tinta (en el vinilo de “Iris”), así como la rosa blanca (símbolo de la muerte), la abeja (símbolo de la volatilidad del alma en la emblemática barroca) y la vela negra, del mismo modo en que en packaging principal asoman unas tijeras y signos rúnicos, y este artwork no sólo ofrece pistas de la madurez de Demdike Stare como proyecto con el ocultismo como punto de partida, sino también sobre el sonido, que también debe interpretarse de manera simbólica, no literal. Cada uno de los vinilos son una parte de la obra, y el CD no es la obra completa; hay que tenerlo todo para captar toda la densidad musical a la que se han abandonado Whittaker y Canty, ya que algunas piezas de los maxis – “Kommunion”, “Unction”, “In The Wake Of Chronos”, “Falling Off The Edge”– aparecen en versiones modificadas, como líneas de un poema al que se le han añadido correcciones, y hay en el CD doble temas que no habían aparecido antes como “New Use For Old Circuits”, “All This Is Ours (Sunrise)” o “Shade”, que añaden significado completo a un material que llegaba previamente fragmentado, como quien compone un mapa o un manuscrito a partir de fuentes dispersas, alejadas las unas entre sí, y que más que arrojar luz parece querer que no nunca se descifre por completo, a menos que caiga en las manos correctas, las de alguien iniciado en los misterios.

Si Demdike Stare quieren que su música suene hermética, de difícil interpretación y con giros cada vez más ocultos, “Elemental” es un éxito: representa una cumbre conceptual para el dúo difícil de superar, y un material sonoro que no se queda atrás del de “Tryptich”. Lo que tenga que venir después será un misterio, pero dada su obsesión con lo hermético –ya no como un pasatiempo, sino como una idea en desarrollo–, sólo les queda seguir al pie de la letra la gran frase alquímica: “obscurum per obscurius, ignotum per ignotius” [“a lo oscuro por lo más oscuro, a lo desconocido por lo más desconocido”]. Sólo queda por saber cuán honda es la sima.

Mnemosyne

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