Electric Sound Of Summer Electric Sound Of Summer

Álbumes

Füxa FüxaElectric Sound Of Summer

7.5 / 10

Aunque pueda parecer que ha estado desaparecido durante toda la década pasada (su anterior disco como Füxa, “Supercharged”, se publicó a principios de 2002), lo cierto es que Randall Nieman nunca ha dejado de estar al pie del cañón. Por un lado, ha llevado las riendas de Mind Expansion, ese particular sello-boutique que utiliza para proporcionar un hogar de acogida a pequeñas luminarias del rock etéreo y espacial en horas bajas, como Dawn Smithson, Rachel Staggs o Suki Ewers, y para darse el capricho de rescatar discos y grabaciones de amigotes del calibre de Martin Rev, Spectrum o The Telescopes. Y por otro, ha estado trabajando a cuentagotas en nuevo material para Füxa. Un trabajo cuyos resultados sacaba a la luz casi de incógnito, manteniendo en todo momento (y siempre por decisión propia) un perfil bajo: es decir, publicando únicamente singles en tiradas ridículas, a través del propio Mind Expansion o de sellos afines, de esos que (también) tratan con mimo enfermizo el vinilo, como Static Caravan o The Great Pop Suplement. El tipo, vaya, estaba retirado de los focos y los escenarios, convertido casi en un ermitaño, replegado a sus cuarteles de invierno, mientras esperaba el momento para volver a la acción. Un momento que, ahora que las músicas con tintado espacial vuelven a gozar de un cierto predicamento, parece haber llegado: el propio Nieman lo confirmaba hace poco a través de su perfil de Facebook, con el anuncio de que estaba a punto de entrar a grabar un disco junto a otros ilustres olvidados, Transient Waves, y de que había estado hablando con Dave Pearce (Flying Saucer Attack) para montar una gira. “Space rock is back”, afirmaba lleno de fe. Dios le bendiga.

Repleto de colaboraciones, guiños, referencias, autorreferencias y citas escondidas (comenzando por su título, un homenaje nada oculto a los Beach Boys), “Electric Sound Of Summer”, la criatura con la que Füxa vuelve a la vida, es un disco que funciona a varios niveles. Por un lado, resume esa “etapa de retiro” que ha vivido Nieman: varias de las canciones que contiene habían aparecido ya, en esos singles que ha ido publicando durante los últimos años, aunque para la ocasión se hayan vuelto a grabar. Por otro, recupera la característica paleta de sonidos con la que dio forma a sus obras clásicas –títulos como “Very Well Organized” (1996), “Inflight Audio” (1998) o “Füxa 2000” (2000)–, y la actualiza para acercarse a ese space rock de naturaleza líquida que es habitual en los proyectos de la familia Spacemen 3. No es casual que el disco esté producido por Richard Formby (el hombre tras el “Recurring” de Spacemen 3 y el “Soul Kiss (Glide Divine)” de Spectrum; el productor fetiche de Telescopes, Hood y tantos otros), y que la banda que le apoya esté compuesta por viejos conocidos como Stephen Lawrie (Telescopes), o Mark Refoy y Willie B. Carruthers (Spacemen 3, Spiritualized, Spectrum, Slipstream y toda la pesca): con compañeros como esos, es fácil excavar la veta de la que se extraen canciones como “Marty Suicide” o “Thank You Jesus”.

Por último, se trata de un disco con el que Nieman quiere rendir homenaje a muchas de sus influencias: tres de los cortes de “Electric Sound Of Summer”, que además funcionan como elementos vertebradores (por tratarse de cortes cantados, pero también porque son las piezas más largas del lote) son versiones que definen varios de los puntos cardinales de Füxa: la electrónica rudimentaria y obsesiva de Suicide, con un “Cheree” que avanza narcótico y al ralentí, arropando con brumas analógicas la voz de Dean Wareham; el pop comercial de los 80s, por medio de un “Our Lips Are Sealed” (The Go-Go's) deshuesado y hecho jirones, sobre el que Sarah Peacock (Seefeel) susurra de manera delicadísima; y el indie pop de manual, a través de “Some Things Last A Long Time”, una de las canciones más hermosas que ha escrito Daniel Johnston, y que en la voz de Britta Philips (Dean & Britta) multiplica por mil su encanto naíf.

Girando entre esos tres ejes, Nieman deja caer un puñado de composiciones que no levantan la voz ni pisan nunca el acelerador: prefieren arrimarse a las brumas progresivas de los Pink Floyd del “Ummagumma” ( “SWF Twenty-O-Two”), conjurar viñetas de psicodelia expansiva ( “I Love You”), y por supuesto, bordar ensoñadores diálogos entre guitarra y sintetizador, entre los que se cuelan lejanas transmisiones de radio y el sonido de los pajarillos ( “A Billion Kilograms”), el lamento de una trompeta ( “Bubbles And Flugelhorn”) o un ritmo de vocación hipnótica ( “Electric Sound Of Summer”). Y con todo ello da forma a un disco que, a pesar de su origen deslavazado, resulta sorprendentemente coherente y equilibrado. Un disco en el que su autor ha echado el resto y ha cuidado todos los condimentos: ni siquiera le falta una de esas portadas feístas, con gatos de estética cartoon y trasfondo de toxicidad psicodélica, que dibuja Anthony Ausgang (artista habitual de Experimental Audio Research, al que el indie de a pie conocerá por haber firmado la portada del Congratulations de MGMT). Un disco, en fin, que hará brotar una lagrimita a los fans antiguos (ah, la nostalgia), pero que también debería atraer a nuevos seguidores. Después de todo, el space rock ha vuelto, y está aquí para quedarse. Palabra de Randall Nieman.

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