Eine Kleine Nacht Musik Eine Kleine Nacht Musik

Álbumes

Eine Kleine Nacht Eine Kleine NachtEine Kleine Nacht Musik

8.5 / 10

Eine Kleine Nacht Musik MODULAR

A Henry Smithson, alias Riton, cuesta pillarle el rollo, o seguirle el juego, o entender de qué va lo suyo. De verdad. El hombre ha dado más bandazos que el coche de un beodo, y del delicioso “Beats du jour” de 2001, estilizado downtempo de segunda generación tras los pasos de Hefner y Aim, pasó, quizá por descolocar o igual porque descubrió las drogas, al electrohouse zafio y chirriante de “Homies and homos”, uno de los peores discos de 2004 de largo. Y, cuatro años después, Riton vuelve a variar el registro y, con alusiones mozartianas, adelantos vivaldianos y acabados krautrockeros, ahora se envasa en el nombre Eine Kleine Nacht Musik para dar su particular visión del movimiento cosmic. Lo de Mozart queda claro: su nombre artístico es el mismo que el de la pequeña serenata nocturna del de Salzburgo, aunque sin piruetas armónicas ni correteos sobre el lienzo de teclas del piano. Vivaldi , o la Venecia burda y prostibularia, viene por “La serenissima”, primer maxi de Riton bajo esta nueva catadura en el que versionaba el éxito ochentero de Rondo Veneziano, aquella camerata electro-barroca que era como cruzar a Afrika Bambaataa con Luis Cobos. Y sobre el krautrock, se huele a prácticamente cada minuto de este artefacto que arranca motorizado, muy Neu! en “Ertrinken” –esa épica trotona como jamelgo, y cósmica a la antigua como cohete soviético–, y se va desarrollando con más o menos convicción en los subsiguientes minutos de un disco que, en el fondo, lo que quiere es presentar otra forma nueva de psicodelia, que a veces es sólo kraut – “Finster”, muy Michael Rother cuando se separó de Klaus Dinger, o “Göttërdammerung”, muy Härmonia pese a lo wagneriano del título–, otras veces es entre hindú con sitar y rococó con clavicémbalo – “Die fontäne”, “Berdolator”–, y al final así como space age de los sesenta pero en amodernado ( “Das regeneche”). O sea, que al personaje se le sigue sin entender qué es lo que quiere, o qué es lo que piensa, pero este disco, hay que decirlo, le ha quedado apañadete.

Javier Blánquez

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