EUPHORIC /// HEARTBREAK \\\ EUPHORIC /// HEARTBREAK \\\

Álbumes

Glasvegas EUPHORIC /// HEARTBREAK \\·contentId=PLYDIS20110415_0004

5.8 / 10

Glasvegas  EUPHORIC /// HEARTBREAK \\\ SONY-BMG

Hace tres años nos lo colaron como hype, pero ha llegado el momento de poner freno a la épica desbocada de Glasvegas. Con un frontman como James Allan, los escoceses juegan irremediablemente a la ruleta rusa: o sufrimos como él o no nos queda otra que darle la espalda. En su debut homónimo, al menos, estos emuladores contemporáneos de The Jesus & Mary Chain contaban con algún single como “Geraldine” que acabó calando tras sonar hasta la saciedad allá por donde uno se dejara caer. Pero en “EUPHORIC /// HEARTBREAK \\\”, pese a valerse del mismo patrón que sus pretéritas composiciones –y aun incluyendo algún destello de luz cuyo origen viene dado de esas playas de Santa Mónica en las que compusieron buena parte de los temas–, el pescado huele a descarada pretensión de convertir los grandes estadios en un mar de lágrimas repleto de almas fácilmente enajenadas.

En esta ocasión, los hipotéticos himnos brillan por su ausencia, el muro spectoriano acaba cansando con el paso de los minutos y el cuento chino de estrellas surgidas de la clase obrera pierde toda su credibilidad. A pesar de explorar como novedad los sintetizadores en contadas ocasiones, como ocurre en ese tema inspirado en “Thelma & Louise”, “Whatever Hurts You Through The Night” power ballad ochentas que tanto suena a M83 como a un descarte de Frankie Goes To Hollywood–, la banda no inventa nada nuevo. Igual la excepción está en “The World Is Yours” –donde reluce uno de sus aciertos, el fichaje del batería Jonna Löfgren–, o en “Shine Like Stars” –aquí se nota que Flood, productor entre otros de The Killers, es quien se esconde en las sombras–, pero, en general, el resto del nuevo repertorio peca de excesivo innecesariamente – “Euphoria, Take My Hand”– como de absurdo e insustancial. En este segundo grupo podría incluirse esa “Change” en la que la propia madre de Allan le confiesa a su hijo que los malos tiempos son ya agua pasada –resulta obligado en este caso mencionar los problemas con las drogas que desde hace unos años la voz cantante de los escoceses viene arrastrando– o esos dos momentos en los que el sobreactuado Allan se mete en la piel de un homosexual sin mojarse en el asunto –todo se reduce a un tópico “you and me”–. Preferiríamos sufrir con Geno; al menos ella es la primera en no tomarse en serio a sí misma.

Sergio del Amo

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