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My Bloody Valentine My Bloody ValentineEP’s 1988-1991

9.5 / 10

A estas alturas, si habrá o no habrá tercer álbum de My Bloody Valentine resulta tan incierto como saber si llegará la segunda venida de Cristo a la tierra. Puede que sí, puede que no, es una simple cuestión de fe. Creer o no creer en Kevin Shields, he ahí el dilema. Las buenas noticias para los fans de la banda están en que Shields, a diferencia de otros charlatanes que llevan más de dos décadas inactivos y prometiendo un regreso –se me viene a la mente el caso sangrante de la leyenda techno Derrick May, incapaz de editar nuevo material, salvando algún remix o colaboración esporádica, desde 1992–. Al menos, Shields ha ido trabajando en música a su nombre, como los excelentes paisajes de melancolía eléctrica para la banda sonora de “Lost In Translation” o aquel disco de spoken word junto a Patti Smith, “The Coral Sea”, en el que se tomaba la guitarra, su guitarra, como un juguete con el que improvisar. Pero ciertamente, todo esto es simple pienso cuando lo que se necesita con urgencia es un manjar histórico. Por mucho que Shields grabe una canción por aquí y por allá, todavía está por ver si podrá, no superar (que eso está imposible), sino afrontar con valentía la continuidad de “Loveless”, uno de los discos simbólicos –si no el mejor– de la década de los 90s.

Para dar muestras de reactivación más allá de las giras, y después de años afirmando en entrevistas esporádicas que estaba trabajando en nuevas canciones, que estaba enfrentándose a un reto durísimo, ahora llega una necesaria tanta de reediciones, con las versiones remasterizadas de “Isn’t Anything” (Creation, 1988) y “Loveless” (Creation, 1991), y la pequeña joya de la corona en esta excavación retro de My Bloody Valentine: los EPs de la era Creation (más un puñado de inéditos de la época). Algunos estaban circulando por el mercado de segunda mano a un precio prohibitivo (en vinilo), así que era buen momento para recuperarlos, ponerlos en su justo contexto y sacarles el brillo que merecían, para completar la intrahistoria de aquella fase en la que Kevin Shields decidió abandonar las dinámicas post-punk de su banda, experimentar con las infinitas texturas de la guitarra, agachar la cabeza, mirarse la punta de los pies y tejer tapices de ruido que acabarían revolucionando el rock –y hasta hoy–.

El doble CD incluye el siguiente material: empieza con “You Made Me Realise EP” (1988), la primera grabación para la controvertida Creation Records, sello al que más tarde estuvo a punto de arruinar –y deja por tanto atrás los álbumes y singles entre 1985 y 1988 en Fever Records y Lazy Records, cuando MBV eran en realidad otra cosa–, y prosigue con “Feed Me With Your Kiss EP” (1988), “Glider EP” (1990), “Tremolo EP” (1991) y las caras B del single “Only Shallow” (1991), más la pieza del flexidisc compartido con Pacific ( “Sugar”), una espectacular versión extendida de “Glider” que llega hasta los diez minutos y que había aparecido en el 12” que incluía el remix de Andrew Weatherall de “Soon”, y algunas piezas menores en singles promocionales o directamente inéditas ( “How Do You Do It”, “Good For You”, “Angel”) que no aportan nada esencial, pero cuyo peso testimonial es indispensable para completar la historia. Una historia que empieza a reescribirse a partir del rastro de Joy Division que tanto había influenciado a Shields en sus comienzos –rastreable en las guitarras muy “She’s Lost Control” de “You Made Me Realise”– y del rock sureño por el que entonces también se movían Primal Scream ( “Slow”), pero en la que empezaban a aflorar esas armonías vocales etéreas y unas guitarras cada vez más vaporosas, de montaje complicado ( “Thorn”). En conjunto, “You Made Me Realise EP” todavía estaba muy en paralelo con la corriente C-86, aún próxima en el tiempo, y en el maxi posterior, “Feed Me With Your Kiss EP”, estaba la semilla real de “Isn’t Anything”.

Son cuatro canciones graves, donde las guitarras han asumido su papel apisonador, donde el volumen ha crecido hasta lo indecible y empieza a enterrar las capas de voz de Bilinda Butcher: zarpazos dolorosos como “Emptiness Inside” –aquí es un lenguaje distinto, evolucionado a partir del single anterior, pero mucho más oscuro, más violento, más autista–, nebulosas de electricidad como “I Believe”, la amargura de “I Need No Trust”… Todo esto fue completado en “Isn’t Anything”, disco fundacional del shoegazing –un 9 largo en la escala de puntuación PlayGround, también–, y My Bloody Valentine comenzaron a escalar hacia la gloriosa cima del indie-rock de aquellos años, aún eclipsados por bandas como Pixies pero en el camino correcto para reinar. Llegados a 1990 –el año de “Glider EP”–, Shields había radicalizado por completo su lenguaje, transformado en eremita del estudio de grabación. Aún quedaban rastros sixties como el medio tiempo titulado “Don’t Ask Why”, un fuerte contraste con la marcialidad C-86 de “Off Your Face” y la catarata de guitarras infinitas de “Soon”, que como ya se sabe, acabaría encontrando su lugar justo al final de “Loveless” en el que es uno de los cierres de disco más bellos de todos los tiempos –un 10 rotunto en la escala PlayGround, de hecho un 10 rotundo en cualquier escala–.

El segundo CD es el que completa la era “Loveless”: en “Tremolo EP” ya se advertía una nueva evolución de ese lenguaje líquido de guitarras multiplicadas una encima de otra en un complejo puzzle sólo practicable en un estudio de grabación state of the art, con zarpazos noise ( “Honey Power”) que posiblemente marcaran a bandas de grunge como The Smashing Pumpkins, pero donde el verdadero interés recaía en “To Here Knows When” y “Swallow”, fuegos artificiales shoegazer de una ejecución que se aproximaba a la perfección –enfriada con la calma del cuarto título, “Moon Song”–. Siendo un ensayo, como en la práctica eran, de los mecanismos de relojería que percutirían con fuerza meses después en “Loveless”, estos cortes no eran todavía la obra maestra de My Bloody Valentine. Son sólo un esbozo aproximado de los grandes planes que Shields tenía en la cabeza: la rabia y las sombras de “Isn’t Anything”, la escultura eléctrica de “Loveless”, títulos que nunca se deben borrar de la memoria de las personas.

Con estas reediciones –las de “Isn’t Anything” y “Loveless” también ocupan dos discos, uno con el sonido original y otro con el álbum remasterizado, sin añadidos– queda completa y reactivada la época gloriosa de My Bloody Valentine, limpia y brillante para afrontar el nuevo siglo. Ahora sólo falta que Cristo/Shields quiera volver a bajar a la tierra, completar ese tercer álbum del que seguimos sin saber nada cierto entre tanto rumor, especulación y desmentido, y que el resultado esté a la altura de la infinita paciencia que hemos demostrado los fans.

Soon

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