E-Funk E-Funk

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Soul Clap Soul ClapE-Funk

6.3 / 10

Aunque Soul Clap se dieron a conocer por sus producciones de deep house sensual de tempo adormecido, hace tiempo que adoptaron el término “e-funk” para definir su sonido. Un mantra que ahora han convertido en el título de su álbum de debut para Wolf + Lamb y que adquiere todo su sentido a lo largo de los 13 cortes que lo componen. En ellos, Charles Levine y Eli Goldstein se olvidan del funcionalismo dancefloor y se centran en poner en primer plano las raíces sobre las que siempre han construido sus tracks.

Y es que, aunque la influencia del funk sintético, el pop acaramelado, el soul o el R&B noventero siempre ha estado presente en sus exitosas producciones, aquí dejan de ser influencia para pasar a ser el eje conductor. Un movimiento que probablemente deriva de la idea, bastante habitual en los productores electrónicos, de utilizar los formatos largos para probar su capacidad de hacer “canciones” más allá de los dictados del baile. Pero no vamos a descubrir ahora que no es lo mismo dominar la alquimia que permite mover cuerpos en la pista que la capacidad de componer canciones pop (en el sentido más amplio del término) de peso. Así pues, a pesar de la producción lujosa y de un sonido cálido y robusto, este “E-Funk” arroja resultados algo descafeinados.

Tras una intro con aires de jazz galáctico, el disco se abre con “Take It Slow”, un corte que sirve de compendio perfecto de todas las virtudes y defectos del trabajo. Producción cristalina, bajos cremosos, arreglos melódicos siempre en su sitio, gorgoritos lascivos y dosis generosas de caramelo; todo muy bien facturado pero sin llegar a aportar nada que no hubiésemos podido escuchar en la cara B de alguna producción de John ‘Jellybean’ Benitez de mediados de los 80s. Algo parecido con tracks como “Let's Groove On” o “Trouble Trouble Trouble”, en las que abrazan el freestyle y el boogie-pop respectivamente sin lograr ir mucho más allá de los cánones. El componente R&B es otro de los pilares del disco, sobre todo en composiciones como “Ecstasy”, en la que colabora la ex-All Saints Mel Blatt para dar forma a una canción de hechuras ingrávidas pero que no logran trascender la inocuidad que sobrevuela todo el disco. Su otra aportación es en la a todas luces innecesaria versión del “Everybody's Need To Learn Sometimes” de The Korgis.

Sería injusto no apuntar que es cierto que el dúo sabe impregnar su espíritu siempre nocturno y tórrido a todos los cortes, pero probablemente una producción más aventurera o una mayor ambición a la hora de atreverse con cruces genéricos inesperados (a riesgo de desliz, claro) hubiera podido resultar más sorpresivo. “The Alezby Inn” es el corte que más recuerda al tipo de sonido de sus célebres maxis, pero en esta ocasión vuelve a quedarse a medio camino a causa de unos desarrollos demasiados previsibles y unas vocales que acaban resultando cargantes. Pero no todo son pasos en falso. “Let It Go” funciona contrastando una oscurísima base rítmica con el espíritu casi naïf de las melodías y los giros vocales (al borde de la hiperglucemia, eso sí). Otro de los momentos más osados es “Clapping Song”, que conjuga extravagancia funk y aires lounge sin seducir en exceso. Curiosamente, los mejores momentos llegan al final, con las dos partes de “Islands In Space”. Dos aventuras bañadas en jazz galáctico en las que (sobre todo en la segunda parte) el dúo nos recuerda su maestría a la hora de facturar grooves sosegados y hechizantes, y cuya esmerada producción y tratamiento de voces nos sumerge en atmósferas que, esta vez sí, además de resultar suntuosas logran cautivar.

Let It Go feat. Roldy Cezaire

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