Dutch Tvashtar Plumes Dutch Tvashtar Plumes

Álbumes

Lee Gamble Lee GambleDutch Tvashtar Plumes

8.1 / 10

Lee Gamble es uno de los grandes nombres electrónicos del año. A pesar de que sus actividades se remontan a principios de los 90, no ha sido hasta ahora que ha encontrado su espacio entre un público que va más allá del nicho más intelectualizado de la experimentación. La razón primordial ha sido su “Diversions 1994-1996” para PAN, un disco con un planteamiento único y un poder subyugante totalmente fascinante. Ahora le suma otra de tanto o más peso; “Dutch Tvashtar Plumes”, su nuevo trabajo para el sello de Bill Kouligas. En este caso el punto de partida es conceptualmente menos rígido y formalmente más abierto, pero es innegable que la idea de los recuerdos y la recreación de memorias sigue latente. Hay algo en sus texturas difuminadas y sonidos decaídos que hace que su música sea la banda sonora de un inconsciente que trata de re-ordenar pensamientos y contextualizar emociones. Y esto parece ser uno de los grandes hilos conductores de su obra actual, ya sea para revivir el espíritu del jungle a partir de las reformulación abstracta de sus fragmentos ambientales o, como en el caso que nos ocupa, dando su visión del techno.

Decía Gamble en una entrevista reciente que su objetivo con “Dutch Tvashtar Plumes” era hacer un disco en el que el oyente tuviera más elementos a los que “agarrarse”. Un álbum que invitara a las escuchas repetidas y en el que las capas se fueran descubriendo paso a paso. En este sentido no hay duda que ha conseguido su objetivo; desde el punto de vista de las estructuras es probablemente su disco más convencional hasta la fecha. Paradójicamente, sin embargo, también es el trabajo más libre de los que ha firmado. Aún se aprecian trazas de la computer music más académicas, especialmente en la inaugural “Skorokhodz”, pero en conjunto estos 10 tracks son la feliz representación de un artista que rompe con sus propias reglas. Esto repercute también en el dinamismo y sensación de volatilidad que desprenden todos los cortes. Aunque el corpus mayoritario del disco se centre en plantilla similar; la combinación de chispeantes melodías percusivas que avanzan en espiral, beats de techno sumergido y pasajes ambientales, en cortes como “Plos97s”, “ExpRand Race” o “Tvash Kwawar” los sonidos están en permanente estado de mutación, haciendo imposible prever hacia donde van a dar el siguiente paso. Gamble consigue esta extrema vivacidad tanto por la degradación digital a la que somete sus fuentes de sonido como por un magistral uso de la mezcla, dando forma a ráfagas de sonidos oscilantes que parecen competir entre ellas para llamar la atención de nuestras conexiones cerebrales. En otros casos la aproximación es más perpendicular pero igualmente embriagadora. Es el caso, por ejemplo, de “Coma Skank (BinocConverge Mix)”, en la que el británico evoca a la flotabilidad del dub techno antes de pervertirla con ritmos disfuncionales, o “Nowhen Hooks”, en la se acerca al difuminado Detroit del primer Actress antes de desembocar en un segmento de ambient deforme (lo que decíamos de la impredictibilidad). Y es que aunque la columna vertebral del trabajo se sustente en los bombos a negras, el componente ambiental es la otra gran viga maestra del disco. “Overund”, por ejemplo, es una fantasía de juguetea con melodías campanillescas para tejer atmósferas que aúnan lo tétrico y lo bello. Pero es en “ Black Snow” y, sobre todo, la concluyente “Kuang Shaped Prowla”, en las que Gamble vuelve a demostrar su dominio de la granulosidad en sendos pasajes que a pesar de mostrarse tortuosos y desolados acaban por suscitar un placentero efecto analgésico.

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