Dust Dust

Álbumes

Ellen Allien Ellen AllienDust

7.1 / 10

Ellen Allien  Dust BPITCH CONTROL

No es difícil enamorarse de Ellen Allien. Yo, que por sus favores sería capaz de quemar una casa con amigos y familia dentro al estilo David Koresh, llevo ya tiempo intentando encontrar un rescoldo de mediocridad, un pasito en falso, una partícula subatómica defectuosa que me haga dudar, aunque sea un poco, de ella. Nada. Desprende un fulgor especial que la ubica por encima del bien y del mal; la alemana es un icono de la electrónica más cool, haga lo que haga. Tener una catedral como BPitch Control a tu servicio es importante. Ellen ha conseguido convertirse en una gondolera experimentada cuando se trata de navegar por los ríos perdidos de Berlín. Y en gran parte le debe esta reputación al impacto de su magnífico sello, que no para de mudar de piel y que tan bien ha condensado en su catálogo la chispa de la electrónica más inconformista. Parece que te puedas cansar de ambos –del sello y de ella–, pero siempre hay motivos para quedarse o volver. Es a lo que llamamos “calidad intrínseca”.

Después de “Sool”, enésima reinvención de nuestra valquiria favorita, parece que Ellen ha decidido enjuagar los restos de abstracción futurista que le quedaban en los molares para buscar un nuevo esmalte: más in your face, más minimal, más synth-pop. Los que sienten terribles picores en el sobaco cada vez que escuchan una guitarra eléctrica tendrán que morder un palo y aguantar el dolor en “Sun The Rain”. Hay electricidad de flequillo grasiento, sí, pero también hay burbujeantes sintetizadores, electro de baja intensidad y una Ellen que suelta su voz con bastante eficacia. Lo mismo en “You”, una cascada cristalina de guitarrillas y espuma pop donde la alemana vuelve a soplar gorgoritos vocales en la nuca del oyente. Pero el viaje es también inquietante, frío, asépticamente bailable en muchas ocasiones. Acompañada esta vez en el estudio por su amiguete Tobias Freund (50% de .nsi), la mamá de BPitch ha encontrado perfecto acomodo en un plano dimensional de ectoplasma cibernético; un nanoorganismo diseñado para flotar entre el sofá y la pista de baile; un sonido epidérmico que parece crepitar bajo una manta de minimalismo next generation: hay tufillo chileno, hay tufillo alemán, hay tufillo raver, hay tufillo pop, hay tufillo a after hours. Así que no dejéis que las guitarras os nublen las pupilas, el grueso del LP descansa sobre una colección de movimientos technoides que exudan electro, IDM, ambient y minimal, sobre todo minimal. Como el minimal vaporoso –con guitarras funkies de ecos emo– de “Our Utopie”, como el minimal ketaminero de “Flashy Flashy”.

En “Dream” se impone la polirritmia más experimental: pequeños crescendos de electrónica alienígena, mantra trancero, menos capas de sonido que el pedo de una mosca y una especie de flauta-clarinete-Dios sabe qué que encaja muy bien en el halo de misterio del corte. “My Tree” es electro espectral con menos abalorios que una comunidad nudista de Formentera. Esto es música despojada de sobrantes, en bolas, con la almeja a la intemperie: los silencios apenas se llenan con ritmos entrecortados, sonidos fugaces, sintetizadores microscópicos. Llegamos a “Ever”, quizás el tema más Panoramabar del lote: ritmo nervioso, ecos IDM, escalas de melodía acuosas, rasurado minimalista, morritos de androide. Pero mi movimiento favorito es “Schlumi”: bajos hiperventilados, trote estilo Luciano, sonidos cibernéticos para crear ambientillo, partituras desnudas y clara vocación de sonar a las siete de la mañana en cualquiera de los clubs berlineses que no bajan la persiana en todo el santo día. Lo bueno de esta buena mujer es que consigue inyectarte en las papilas gustativas el sabor químico, dulzón y extraño del underground de su ciudad. Lo hace en cada disco, y cada disco es distinto. Hay en sus variopintos milagros algo que nos conduce indefectiblemente a los clubs más oscuros y futuristas de Berlín. Sigue teniendo ese don. “Dust” es más Ellen Allien que nunca y, como ha ocurrido en cada uno de sus álbumes, es un paso más allá. Ora pop, ora minimal, la mujer más vitoreada de la escena techno europea vuelve a firmar un ejercicio de nota alta. Sigo sin encontrarle defectos. Se llama amor. Platónico. Adiós.

Óscar Broc

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