Dust Collision Dust Collision

Álbumes

Kate Wax Kate WaxDust Collision

7.5 / 10

BORDER COMMUNITY

Cinco años han pasado desde “Reflections Of The Dark Heat”, su prometedor debut en Mental Groove. Leo por ahí que el hiato se debe a la maternidad. Los niños tienen esas cosas, pero quién soy yo para reprocharle a nadie que tenga cachorros. Superados ya los rigores del pañal y el chupete, Aisha Devi Enz ha decidido sacar el polvo de sus probetas, volver al laboratorio y retomar el breve legado de su alter ego Kate Wax. La maduración en barrica le ha sentado muy bien a esta poetisa suiza de sangre tibetana. Su segundo álbum, el primero en Border Community, es una revelación a tener muy en cuenta en ese amplio espectro de voces femeninas que se ponen a prueba en terrenos de electrónica pedregosa. No desencaja en absoluto la propuesta de Kate en las filas del sello de James Holden; su acercamiento al pop es como caminar con los pies desnudos sobre un manto de cristales electrónicos. Nostalgia artificial, lacrimales rebosantes de silicio, melodías para un futuro incierto.

“Dust Collission” pone sobre el tapete una colección de experimentaciones digitales que funciona como perfecto marco para que la dúctil voz de Kate se muestre en todo su esplendor. Gatuna, robótica, inocente, sensual, la garganta de la suiza es una serpiente de cascabel en constante movimiento. No es una cadencia fácil, es una forma de cantar con subidas y bajadas, spoken word intercalado, gorgoritos imposibles, arrebatos pop vueltos del revés. Convertida aquí en una suerte de femme fatale futurista, Aisha combina bajo el microscopio porciones de electrónica congelada con una inflexión de voz alienígena e inimitable. Se nota que la cantante y productora siente una filia especial por Front 242. Y no se ha escondido a la hora de apuntarlo en sus entrevistas. Una parte jugosa del tracklist está impregnada de un aroma EBM que haría ladrar a los pastores alemanes como si estuvieran delante de un Terminator. “Echoes And The Light”, por ejemplo, recoge la herencia tenebrista-industrial de los belgas y rehace ese pastel envenenado, para adornarlo con guindas vocales de una delicadeza sobrecogedora. “I Knit You” es también un opener revelador: sonidos lóbregos con regusto ochentero mal rollista y los maullidos de Aisha entrando como mercurio en tus oídos. Y “Archetype”, impresionante corte, es como poner la voz de una Róisín Murphy emporrada sobre una base rítmica deudora de Nitzer Ebb.

Hay momentos de gran brillantez en este disco, experimentos asimétricos que van contra la intuición del oyente, pero a base de escucharlos de forma pertinaz, a base de darles hueco, terminan calando en tus adentros. La voz casi rota, ligeramente manipulada y ondulante de “Green Machine”. Las grutas melódicas de “Dancing On Your Scalp”, con reminiscencias post-dubstep, pulsiones abisales, sintetizadores inquietantes, glitches subliminales y los versos de Aisha deformados en el micro. El escarpadísimo IDM con tambores de guerra, momentos post-rock y cánticos épicos de “Les Djinns”… El resultado es embriagador una vez has conseguido diseccionar el intrincado patrón musical que rige las matemáticas de la fórmula. Y es que hay momentos en que “Dust Collision” parece grabado a altísimas energías, en los dominios del universo subatómico. No en balde, el abuelo de Aisha fue un físico reputado del CERN y en su casa se hablaba tanto de música como del bosón de Higgs. Hay gente que le dedica sus canciones al amor, al dolor, a la pérdida, pero servidor diría que en este disco se cuece la balada más emotiva que jamás se le ha dedicado al Colisionador de Hadrones. Una maravillosa forma de pasar el rato mientras intentamos encontrar, de una vez por todas, la dichosa partícula de Dios.

Óscar Broc

Kate Wax - Dust Collision

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