Drums Between The Bells Drums Between The Bells

Álbumes

Brian Eno Brian EnoDrums Between The Bells

7.3 / 10

Brian Eno  Drums Between The Bells WARP

No me planteo si ha sido más prestigioso para Brian Eno fichar por Warp o para Warp tener en su listado de artistas a alguien tan histórico como el inventor del ambient, pues es una situación en la que ganan todos, sean cuáles sean las circunstancias. Pero si nos tomamos la molestia de ir un poco más hacia el fondo de la situación, quien ha obtenido más beneficio de esta alianza es, obviamente, Eno, y esto es así porque ha vuelto a mobilizar una base de fans y de público curioso que llevaba años oculta y apática y que no hubiera levantado ni una ceja si el nuevo material hubiera sido editados por All Saints u otros sellos con peor prensa; es más, durante años se había extendido un estado de opinión colectivo que insistía en que Eno llevaba una larga temporada sin grabar un solo disco que valiera la pena. Me pregunto, por tanto, qué hubiera pasado si sus álbumes anteriores a “Small Craft On A Milk Sea” (2010) hubieran salido también en Warp o, al contrario, estos dos últimos se los hubiera autoeditado. ¿Se habría generado tanto interés y movimiento? ¿Hubiera vuelto Eno a ser cool? ¿Lo habría sido antes?

Personalmente, creo que se ha sido injusto con él y los dos álbumes recientemente publicados indican hasta qué punto mucha gente ha obrado con ventajismo, básicamente porque ni este “Drums Between The Bells”, como tampoco “Small Craft…”, son excepcionales; son discos correctos con fogonazos de inspiración y momentos que no aportan nada especial; más o menos lo mismo que ha venido sucediendo en la discografía de Eno desde finales de los años 80. El valor absoluto de cada caso estaría en función de hasta qué punto la nueva obra se acerca a las obras maestras – “Discreet Music”, “Ambient 1” y “Apollo” en la sección atmosférica; “Another Green World” y “Before And After Science” en la parte vocal–, y ahí sí que se puede apreciar un repunte de inspiración de Eno como creador –más que en el Eno como productor–. Lo digo también sin caer en la trampa de quien plantea que el mejor Eno es el que colabora con otros músicos, como Leo Abrahams y Jon Hopkins en “Small Craft…”, y es que mucho del mejor trabajo de nuestro hombre ha sido siempre en comunas de colaboración, participando y compartiendo ideas.

“Drums Between The Bells” es aparentemente un disco en solitario, pero una vez más hay fuerzas exteriores que han llevado a Brian Eno al resultado final. En la firma del álbum aparece el subtítulo “(and The Works Of Rick Holland)”, un poeta al que Eno ha venido siguiendo desde hace años y al que le ha encargado textos especiales para ser recitados por voces no profesionales en cada uno de los 16 cortes –exceptuando, claro está, “Silence”, un minuto de interludio de puro vacío–. Voces no profesionales quiere decir que Eno ha acudido a personas próximas –su gestor, amigos diversos, incluso una compañera de gimnasio–, les ha plantado un poema delante y les ha pedido declamar para luego acomodar las palabras en la música de la misma manera en que la música también se adapta al envoltorio visual – artwork de portada, el libro de la edición especial–, una colección de paisajes urbanos y forestales tomados por Eno en Sao Paulo durante un viaje reciente. Imágenes y música, de hecho, funcionan como la obra completa en un segundo nivel; las voces también, pero en la edición especial del disco aparecen podadas del CD extra.

Hablemos de la música, pues. Por un lado, es puro Eno; por otro, trae sorpresas en los momentos más rítmicos, y es que aunque la etiqueta post-rock le quede extraña, hay temas como “Bless This Space”, “Glitch”, “Sounds Alien” y “Dow” en los que la instrumentación se hace compacta y fluyen las baterías por entre los océanos de ruido y contaminación. En el primer corte hay una tendencia hacia el jazz –recuerda de manera poderosa a Barry Adamson–, en el segundo es inevitable acordarse de Red Snapper, otros ilustres de Warp, y “Dow” acaba casi como si fuera house. Pero todo lo demás se mueve con tranquilidad por los cauces habituales en el creador inglés, sobre leves tejidos de ambient –con piano, sintetizador o guitarra– por los que entran con facilidad las diversas tomas vocales y se alternan las emociones. Por ejemplo, “The Real” corresponde a la rama celestial del sonido Eno –parecido en cierto modo a “An Ending (Ascent)”–, y “Pour It Out” suena como si Daniel Lanois se hubiera metido en el estudio con él a grabar una banda sonora para una película inexistente. “Dreambirds” es Satie, “Multimedia” un primer esbozo de un hipotético disco IDM en la línea de Seefeel, y “Breath Of Crowds” un final ligeramente intoxicado que rompe la serenidad pastoral de “Fierce Aisles”, “A Title” o “Cloud 4”. Y tomándolo como un disco del género spoken word, ni es tan absorbente como el de Alan Moore en Lex ni tan pretencioso como el de Patti Smith con Kevin Shields. Situarlo en ese espacio intermedio debería entenderse como un piropo, como reconocimiento a la verdad: que Eno ya no es el que era, pero ha vuelto a hacerlo bien.

Robert Gras

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