Dross Glop Dross Glop

Álbumes

Battles BattlesDross Glop

6.5 / 10

Battles son campeones de ese otro atletismo matemático que no tiene nada que ver con las olimpiadas de cerebritos que compiten por resolver los cálculos mentales más prodigiosos, es decir: son los héroes de las mathletics musicales, si se me permite el guiño a Foals. El ahora trío ha sobrevivido a la marcha de un miembro que creíamos capital, el virtuoso Tyondai Braxton, sin dejar que su rock vigoréxico se les ponga fofo. “Gloss Drop” (Warp, 2011) fue un álbum fibroso a la altura de su debut y también un paso adelante en su obsesión por los patrones: en él, las imágenes simétricas que reflejaban las caras del geométrico “Mirrored” (Warp, 2007) dejaron paso a las escaleras sin fin de “Ice Cream”, el tema que mejor resume un disco que crece sobre sí mismo en espiral, de la misma forma que “Atlas” contenía en su interior todo lo esencial de “Mirrored”. Las voces pitufas de Braxton fueron sustituidas por colaboraciones con Gary Numan, Kazu Makino ( Blonde Redhead), Yamantaka Eye (Boredoms) y Matías Aguayo, y aunque en directo el resultado se resiente, todos salieron ganando con un segundo disco que funciona como un complejo engranaje de prismas luminosos, como un gran y colorido caleidoscopio. Y sin perder el humor, eh. Esto último no es tontería: Battles son una banda divertida a su manera, rara si quieren, pero disfrutable hasta para aquellos que asocian la palabra “progresivo” a tostones interminables y experimentación pajillera. “Gloss Drop” era un disco tan alegre como visitar una feria puesto de ácido, un tiovivo girando a más revoluciones de las permitidas, un algodón de azúcar que se te desborda en las manos, un caramelo retorcido y muy loco. A las portadas chorreantes y los estribillos me remito: como un helado derritiéndose.

Una vez dicho todo esto, olvídenlo inmediatamente. El disco que nos ocupa es un álbum de remezclas, así que lo que hay dentro en principio no tiene por qué ser coherente con el sonido excéntrico asociado a Battles. “Dross Glop” (Warp, 2012) reúne ahora en una misma referencia los cuatro 12”s que el grupo ha ido publicando desde febrero, y que estos días se cierra con las aportaciones de Brian DeGraw, de Gang Gang Dance, Hudson Mohawke y Pat Mahoney de LCD Soundsystem y Dennis McNanny (Run Roc Records, antes en DFA). Previamente fue el turno de Kode9, The Alchemist, Shabazz Palaces y hasta de los legendarios Kluster (en su última reencarnación como Qluster bajo el mando de Roedelius), entre otros invitados. Como verán, la nómina es suculenta y se suman a otros artistas ilustres que ya habían metido mano al anterior material del grupo, como Four Tet o The Field, que repiten en esta ocasión.

“Dross Glop” no es muy diferente a cualquier otra recopilación similar de material ajeno, heterogéneo y disperso. Ni siquiera suena divertido en el sentido en que hablábamos antes de “Gloss Drop”, por lo que lo mejor es enfrentarse a sus remezclas de forma independiente y sin esperar una conclusión final una vez hayamos resuelto el todo. Si acaso, se podría resaltar que la mayoría de los artistas seleccionados por el grupo se mueven en terrenos cercanos a la electrónica y sus aportaciones están dirigidas a llevar los originales hacia la pista de baile o bien a la escucha en horizontal. Nada raro, si entendemos que las composiciones de Battles podrían pasar por collages electrónicos tocados por una banda de músicos con instrumentos, en los que el armazón rítmico siempre está en primerísimo primer plano.

Entre los que se han ido directos a la pista de baile están Silent Servant, con su relectura oscura, minimal y zumbona de “Inchworm”, que el propio John Stanier de Battles define como “una epifanía religiosa a las 9 de la mañana en el club Berghain” (Berlín), y Kangding Ray y su atmosférico y áspero remix de “Toddler”; cuya original apenas daba para un interludio juguetón. Dos experimentos que hablan idiomas distintos a los de banda, lo cual para unos será motivo de alegría, pero para otros, me temo, una oportunidad perdida para entablar un diálogo. En este sentido, encuentro con más chicha en la revisión de la totémica “Africastle” a manos de Kode9, que sin despojarla de sus ecos étnicos originales, la traslada a la moderna mitología del sello Hyperdub, hermanando así una suerte de folklore tecnológico y bailable alrededor de Battles que considero más equilibrado y, desde luego, más sugestivo para el oyente.

Por ese mismo camino transita Hudson Mohawke, que consigue enriquecer y ampliar la industrial “Rolls Bayce” y aplicarle su lenguaje (hip hop, IDM) para dar con una mezcla que, curiosamente, es más verbenera y más fiel al estilo Battles que la original. Otras propuestas interesantes: la preciosidad gélida que Qluster ha aplicado sobre “Dominican Fade” le ha hecho cristalizar en una pequeña y fría gema que está entre los mejores momentos del disco. Y la también apropiación de lo ajeno que hace el colectivo Shabazz Palaces. En su caso, convierten una de las piezas más estrictas del repertorio de Battles ( “White Electric”) en otra de rap burbujeante y submarino, de pronto robótica, de pronto alucinada.

Quizá la peor parte se la lleven, precisamente, los mejores cortes del disco original, empezando por ese éxito involuntario que es “Futura”, y al que The Alchemist sólo añade más capas de envoltorio post-apocalíptico sobre la atmósfera que ya respiraba el original. Y encuentro fallidas también, por motivos distintos, los remixes de los tres grandes hits de la banda: “Ice Cream” (a la que Brian DeGraw apenas le saca punta y, eso teniendo en cuenta que la excentricidad y las percusiones son también marca reconocible de los autores de “First Comunion”); “Sweetie & Shag” (en la que The Field coge un camino impensable: renunciar a una parte vocal insuperable de Kazu Makino para perderse en texturas de lo más aburridas) y, claro, “My Machines”. La grandísima pieza cantada por Gary Numan es la pesadilla en ese parque de atracciones que fue “Gloss Drop” y que Pat Mahoney y Dennis McNanny deberían haber convertido en su disco inferno particular. Pero les ha quedado de lo más apagada. Si quieren dejarse llevar por los pies, no se pierdan el feliz viaje que le mete el brasileño Gui Boratto a “Wall Street”, cuyo resultado es simple amor hacia la pista de baile y que debería estar sonando en todas las radios del mundo. (En la versión CD de “Dross Glop”, por cierto, se incluye una última pista, “Sundome (Yakatama Eye Remix)”, una jam final de percusiones y dub para los que hayan aguantado hasta aquí, o sea, hasta el final).

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