Drones Drones

Álbumes

Nico Muhly Nico MuhlyDrones

7.6 / 10

En español la palabra drone la traduciríamos por bordón, y se refiere a una nota repetida con insistencia, sin ninguna variación. El drone ya es un recurso perfectamente asumido por la música moderna después de años de coqueteo con texturas exóticas provenientes, sobre todo, del sudeste asiático, y su uso ya no es exclusivo de la vanguardia académica: está del todo introducido en el pop, en la música de baile y otros lenguajes afines. Pero la aridez de la propuesta estética del drone hace que su uso sea más lógico en propuestas que pretenden explorar territorios desconocidos. Nico Muhly, que ha estado durante toda su (joven) carrera entre el minimalismo académico y el pop, tanteando la ópera y la música religiosa, llevaba tiempo jugando con la idea de componer música articulada alrededor del drone –como él dice, “desarrollar ideas armónicas por encima de una estructura estática”– y al final lo ha hecho, a lo largo de este año, en tres EPs digitales difundidos desde su propia cuenta en Bandcamp y que ahora se reúnen en álbum vía Bedroom Community: “Drones & Violin”, “Drones & Viola” y “Drones & Piano” son títulos lo suficientemente descriptivos para entender de qué va la cosa.

Nico Muhly cuenta que le fascinaba de pequeño el sonido del aspirador cuando su madre limpiaba la casa. Ese zumbido constante y sin ningún tipo de modulación que espanta a los gatos y llena el espectro sonoro de la casa impidiendo que se escuche nada más es su idea primordial de lo que debe ser un drone: generalmente, un sonido cotidiano y casual, tan inesperado que ni se percibe al cabo de un tiempo. En “Drones” esta función no la cumple ninguna aspiradora –no ha llegado a los extremos excéntricos de Mica Levi, alias Micachu–, sino el piano o el violín, que tienen siempre una nota suspendida, discreta, casi inaudible, pero constante, en la retaguardia del espectro auditivo. Esa nota es la “estructura estática”, sobre la que se mueven por encima notas tocadas otra vez por el piano, el violín y la viola, que son los timbres dominantes en los respectivos EPs, aunque esos matices no son importantes porque esos instrumentos se cuelan en el territorio ajeno, y así en las piezas para drone y viola siempre aparece el piano –interpretado por Bruce Brubaker, uno de los pianistas más experimentales de los últimos años, el David Tudor de su generación– o, al revés, donde domina el piano asoman la viola (tocada por Nadia Sirota) y el violín, a cuenta de Pekka Kuusisto.

Sin embargo, el armazón teórico no es lo importante de este álbum. La música es de una belleza pálida y avisa de un crecimiento expresivo considerable en el estilo de Muhly. Sus anteriores discos editados eran complejos y ricos en matices cromáticos, estaban escritos para un gran coro y orquesta sinfónica, pero estas piezas de “Drones” son su paso a una economía sonora mucho más exquisita. Juega continuamente con la atonalidad en la misma manera en que lo hacía el joven Schoenberg –y sobre todo su alumno Anton Webern–, y a la vez mezcla esas disonancias con una fuerza tonal por momentos –qué si no es el drone, sino la dominación absoluta de una sola nota– que se materializa en las melodías, que cuando cuajan tienen la efímera belleza de una partitura de Eric Satie, y cuando no la tienen, tienen la densidad líquida de la música de piano de su maestro Philip Glass o Terry Riley. Este disco, en definitiva, es un síntoma más que nos avisa de la progresiva consolidación de Nico Muhly como uno de los principales compositores serios de nuestra generación, a medida que da sus propios pasos para abandonar la tierna juventud y entrar en la ambiciosa y solemne madurez.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar