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Álbumes

Daniel Avery Daniel AveryDrone Logic

8.2 / 10

El mapa de la música electrónica ha cambiado decisivamente en Inglaterra desde que se derrumbara la cultura de superclubs –un aviso para navegantes de lo que ocurrirá algún día con la burbuja EDM en Estados Unidos, sólo que allí más dura será la caída–, y el house de acabados ampulosos y desarrollos progresivos se retirara de la primera línea de acción dejando tras su catastrófico derrumbe (no tanto en movimiento de público, pero sí en prestigio) un espacio amplio y llano para la proliferación de escenas underground como lo fueron el dubstep y, posteriormente, su transmutación en deep house. Este desplazamiento del eje ha implicado que un tipo de música que antes era frecuente –enérgica, barroca, con un punto rockista incluso– se haya convertido hoy en una rareza. El ascenso de Daniel Avery a la primera división de los DJs ingleses del último año se resume en esa idea y en un track que abrió infinitos agujeros en los techos de los clubes: “Water Jump”, un trallazo de house de textura gruesa reforzado por una vigorosa línea de bajo ácido que recordaba a ciertos artistas del pasado que la memoria colectiva guardaba en un lugar cada vez más escondido. Piénsese en The Chemical Brothers o Underworld: un tiro seguro en festivales, pero cuyos nuevos álbumes se recibían con una mezcla de aburrimiento e indiferencia.

Daniel Avery ha decidido que basta ya de minimalismo y de preciosismo: ante el dominio del deep house, él propone un regreso a los rasgos definitorios del intelligent techno a la manera británica, o lo que es lo mismo, esa hiperproducción recargada y de entendimiento fácil para públicos provenientes del rock que, un buen día, decidían pisar un club. Ahí están piezas como “Free Floating” (con un sample de guitarra como nexo de unión de dos desarrollos de club bastante brutos) y “Drone Logic”, cuyo zumbido subterráneo, un latiguillo pseudo-ácido que palpita como la vena del cuello de una persona histérica, recuerda tantísimo a los mantras más tranceros de Underworld (es como una versión de “Rez” sin tanto arabesco ni tanto caracoleo). Se nota que viene de una tradición muy distinta a la de los productores de su misma generación: Daniel Avery tiene un pasado en el rock, de escuchar ciertas bandas que nunca consideraron el dancefloor como su hábitat natural; es el típico músico y DJ que llegó tarde a la música de club y que, paradójicamente, esa carencia se le ha convertido en virtud, pues practica un tipo de house contaminado de una energía casi punk. Underworld, Orbital y la gente de Junior Boy’s Own venían del mismo lugar, 20 años antes. Se repite un ciclo.

Con la ayuda de Erol Alkan, que ha editado el álbum en su sello además de co-producido –junto con varios de los EPs anteriores de Avery, que se recuperan en parte para confeccionar el tracklist final de “Drone Logic”–, éste es uno de los artefactos más explosivos de la temporada. Es un disco adictivo, al que se recurre con frecuencia para elevar el ánimo, y que sin ser nostálgico ni conservador –pese a recuperar unos métodos que parecían olvidados por la escena electrónica underground–, consigue tener apariencia atemporal. Al escuchar alguna palpitación ácida (la de “These Nights Never End”, por ejemplo), es fácil imaginar un crescendo revoltoso como el de “Higher State of Consciousness” (Josh Wink) o una explosión de bajos pseudo-electro como los de “Atom Bomb” (Fluke)/sp

Algo que se le puede achacar a la música de club inglesa de esta década es precisamente eso: la disminución del impacto animal en beneficio de un primor cosmético, la música se hace fuerte a través de sutilezas, y no a través de musculatura, acelerones y gimmicks instantáneos. Lo que hace Daniel Avery es aparentemente simple, tanto que mucha gente ni se molestaría en probarlo por miedo a ser acusada de pereza. Pero terminar una pieza como “Knowing We’ll Be Here” no es fácil: hay mucho riesgo de caer en el lado hortera de esa música progresiva con voces de chicas lánguidas (y si no que se lo digan a Henry Saiz, otro maestro en hacer equilibrios en el filo de la navaja), y mucha dificultad en transformar, como un moderno alquimista, lo cutre en oro. La calidad de “Drone Logic” no queda nunca en entredicho, no sólo porque los interludios ambientales compensan las ráfagas de energía y equilibran el conjunto ( “Platform Zero”, “Spring 27”), sino porque cuando menos se espera sale con un híbrido de progressive y shoegaze como “New Energy (Live Through It)” al más puro estilo de Death In Vegas o Two Lone Swordsmen para confirmar algo que al principio del disco ya se intuye como una fuerte premonición: ecce homo (he aquí el hombre) que volverá a reverdecer los laureles del dance de masas de calidad.

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