Drokk: Music Inspired By Mega-City One Drokk: Music Inspired By Mega-City One

Álbumes

DROKK DROKKDrokk: Music Inspired By Mega-City One

7.4 / 10

John Carpenter es Dios. Por dos razones: 1) Por dejar en el cine un legado imborrable de obras maestras como “Halloween”, “El Príncipe De Las Tinieblas”, “La Cosa”, “Golpe En La Pequeña China” o “En La Boca del Miedo”. 2) Por haber compuesto algunas de las bandas sonoras más perturbadoras de la historia del terror y haber influenciado a tantos y tantos productores de música electrónica. La herencia musical del maestro es una Biblia de culto que parece haberse revalorizado en los últimos años. Y eso es algo que Geoff Barrow, el director de orquesta de Portishead, no se atrevería a poner en duda ni con una Magnum en la sien, sobre todo ahora, justo después de disparar en la misma cara del oyente freaktrónico una imponente colección de ritmos lo-fi 100% carpenterianos, con la inestimable ayuda del compositor Ben Salisbury.

Desconozco la parte de culpa que su partneaire ha tenido en todo esto, pero lo cierto es que la fusión de ambos cerebros ha destilado un artefacto dañino, deliciosamente retro y con un tracklist que es un homenaje de tomo y lomo al sonido Carpenter de los 80s. El más oscuro, minimalista y desasosegante. El más influenciado por las bandas sonoras del cine giallo. Después del magnífico álbum de hip hop “Quakers”, el viejo Geoff vuelve a tapar las bocas de los que le daban por muerto con un disco conceptual que provocará erecciones entre los fans del director estadounidense y también entre otra subespecie de freaks, los lectores de Juez Dredd, el personaje insignia de la historieta británica, un superpolicía de mentón rectangular, discurso megalítico y actitudes fascistas que machaca a los criminales en un futuro apocalíptico.

Lo del cómic “Juez Dredd” viene a colación porque el LP está totalmente inspirado en Mega-City One, la ciudad donde opera este policía futurista ultrafacha: un lugar superpoblado, surcado por autopistas elevadas, preñado de edificios futuristas que perforan el cielo contaminado y se alejan de las montañas de mugre y deshechos robóticos que inundan las calles de la urbe. Es la tesitura perfecta para facturar una colección de movimientos que apelan a la fórmula del Carpenter de “1997: Rescate En Nueva York”, con bajos pulsátiles que buscan ponerte nervioso, melodías en loop que se graban en tu cerebro, sintetizadores de serie Z con sabor cósmico, minimalismo hortera y efectos sinusoidales. Electrónica lo-fi ochentera a rabiar que, pese a sus escasas variables, consigue su propósito: ponerte en estado de tensión, evocar imágenes de un futuro industrial ultraviolento, crear inquietud y hundirte el pescuezo en atmósferas repetitivas, opresivas: goth con muuucha clase.

Y no sólo hay Carpenter, mucho cuidado. La sombra de Vangelis también se percibe en los momentos más planeadores, de hecho hay teclados que no desentonarían en cualquiera de las operetas sintéticas del autor del soundtrack de “Blade Runner”. Y tampoco se puede pasar por alto ese vapor psicodélico y enfermizo tan Goblin que impregna todos los cortes y le da al disco un perfil terroríficamente grasiento, o el rastro de la influencia de la banda sonora de Brad Fiedel para “Terminator”. Creo que tengo entre manos la mejor banda sonora del 2012 ¡y resulta que no hay película! Habrase visto.

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