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Álbumes

Drexciya DrexciyaDrexicya Journey Of The Deep Sea Dweller II

8.7 / 10

La tarea que se ha propuesto llevar a cabo el sello Clone es titánica, pero de completarse será un gran servicio a la humanidad: reeditar de manera extensiva –y aumentada– el material firmado por el dúo Drexciya en sus primeros años, en el periodo discográfico que va de 1992, con el primer maxi en Shockwave Records, hasta aproximadamente la edición de “The Quest” (1997), aquella recopilación en Submerge que fue el primer intento de sistematizar la obra de estos anfibios del electro. El plan de Clone pasa por lanzar cuatro volúmenes recopilatorios –con cortes extraídos de maxis diversos, más rescate de inéditos, a modo de crónicas épicas de su paso por el efervescente volcán sonoro de Detroit en los 90s–, de los cuales ya van dos y que son, indiscutiblemente, la mejor puerta de entrada, si no la única (“The Quest”, de encontrarse en el mercado de segunda mano, suele costar un riñón), a un universo fascinante que puso en común la retórica de los cómics de superhéroes, la historiografía del pueblo negro norteamericano y un pensamiento filosófico de ideas catastrofistas. Quizá en otro momento podamos hablar de Drexciya con más paciencia y extensión, pero las claves de lo que idearon James Stinson (fallecido en 2002) y Gerald Donald pasaba por reconducir el black power a un escenario mitológico en el que el protagonismo lo cobraban los drexciyanos, una raza híbrida de hombres submarinos evolucionada a partir de los fetos supuestamente arrojados al Atlántico por los traficantes de esclavos del siglo XVII.

Drexciya se presentaban como superhombres en el sentido nietzscheano del término, una entidad superior que trascendía la especie humana y que conectaba con la idea de futuro que emanaba de Underground Resistance –el colectivo del que, originalmente, Donald y Stinson formaban parte, tras la salida de Jeff Mills y Robert Hood–: UR consistía en una crítica feroz a la segregación racial de facto que por entonces aún era intensa en Estados Unidos, sumada a un deseo de escapar lejos –y la única manera de huir de esta realidad era adentrándose en el misterio del espacio–. Drexciya rara vez adoptaron el patrón del techno en sus tracks, sus beats eran rotos y familiarizados con la larga saga del electro en Detroit –la que empieza con Cybotron y A Number Of Names, vía Kraftwerk y George Clinton–, pero siempre con un tinte oscuro y un patrón agitado, nervioso y muy lejos de la elegancia romántica del “Night Drive” de Model 500. En el sonido primitivo de Drexciya eran habituales las líneas de bajo que temblaban como cascos de barco tras el impacto de un torpedo, o los breaks marciales, como una versión militarizada y coreografiada del ritmo de los robots: el ataque de los clones. Violencia contenida y aroma a futuro caótico, sin esperanza, putrefacto, como si el otro gran ser submarino de la mitología del terror –el Cthulhu de Lovecraft– por fin despertara y emergiera de las aguas.

Para hablar de este “Journey Of The Deep Sea Dweller II” no hay que utilizar palabras muy distintas a las que acompañaron la crítica del primer volumen, a principios de este año –técnicamente se editó a finales de diciembre–: la segunda entrega es una extensión de ese trabajo consistente, como decíamos, en remasterizar, reordenar y planchar de manera coherente un legado que cuenta con títulos tan míticos como “Bubble Metropolis” (1993) –el primer 12” en UR de alusiones geográficas imaginarias al estilo de guerra en el océano, del que aquí se rescatan dos cortes, “Danger Bay” y “Positron Island”– o “The Journey Home”, su ingreso oficial en Warp en 1995 –mismo año en el que Stinson, por separado, editaba también en el sello de Sheffield ese homenaje velado a Kraftwerk bajo el alias Elecktroids–. El CD, o doble vinilo, incluye trece temas de los cuales uno apareció en una miscelánea de artistas de Detroit ( “Davey Jones Locker”, aquella introducción agitada, como el primer temblor de un tsunami, que abría la recopilación de React “True People: The Detroit Techno Album”, del 96), y dos son inéditos, “Unknown Journey II” y “Unknown Journey II”, incremento sensible con respecto al único track rescatado de sus archivos que incluía la primera entrega.

Tras “The Quest”, el nombre Drexciya se abrió un poco más al público generalista del techno tras fichar por Tresor y en 2002, con la muerte de James Stinson, se acabó cualquier posibilidad de construirse un futuro a la altura de sus méritos, en el que pudieran ser vitoreados como verdaderas leyendas de la música de Detroit, como le sucedió varios años después a Robert Hood. A la vez, esta fatalidad selló la leyenda de Drexciya y aupó al primer nivel una colección de maxis por los que se ofrecen fortunas, pero que Clone está limando, acicalando y ampliando en una colección antológica en la que se transpira el respeto, la reverencia y la genuflexión ante una obra impecable. El tercer volumen, sencillamente, estará al mismo nivel, igual que el cuarto. Hablar de Drexciya es hablar de caviar.

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