Dreams Come True Dreams Come True

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CANT CANTDreams Come True

7.9 / 10

TERRIBLE / WARP

Dime con quién andas y te diré quién eres. O a qué suenas. O a qué podrías sonar en el futuro próximo, dependiendo de cómo sople el viento. Que nadie nos malinterprete: no ponemos en duda la capacidad de Chris Taylor, para muchos el gran cerebro en la sombra de Grizzly Bear. Pero sí sorprende el cambio en las coordenadas elegidas por CANT para su puesta de largo. Una nueva dirección que de seguro va a dejar descolocado a más de un alma cándida sedienta de nuevas raciones de sofisticación pop-folk. En “Ghost”, su lejano primer single propio para Terrible (el sello que el mismo Taylor dirige), casi se hacía necesario jugar al “busca las siete diferencias” para encontrar razones de existir para CANT al margen de la banda del Oso Grizzly. Las similitudes eran más que aparentes, aunque esa familiaridad no fuera para nada obstáculo a la hora de disfrutar de la pieza. Avanza en fast forward un año desde aquella primera canción y te encontrarás a un Taylor ocupado en darle lustre al primer álbum de George Lewis Jr. bajo la capa de Twin Shadow. Ese encuentro parece haber sido decisivo para la definitiva maduración del proyecto de nuestro protagonista.

Taylor coprodujo y lanzó a través de Terrible el disco de Twin Shadow, y ahora es Lewis el que respalda a su padrino hasta el punto de que casi habría que atribuirle la mitad de la autoría de “Dreams Come True”. Puede que las canciones hayan salido del cajón del rubio, pero nuestros termómetros nos dicen que Lewis ha tenido casi más que ver en el acabado final de los temas que el propio Taylor. El disco se dice escrito y grabado por la pareja en el espacio de una semana y media, en una habitación conectada a lo que fue el Allaire Studio, el lugar en el que Grizzly Bear enlataron su aplaudido “Veckatimest”. Esta vez las conexiones con la otra banda de Taylor se quedan ahí.

La pasada primavera Taylor compartió un primer adelanto que sonaba a advertencia, a nuevo parte de nacimiento. Las guitarras sedadas y los ritmos lacios de antaño eran reemplazados en “Answer” por timbres sintéticos, ecos de efecto intrigante, voces de doble pespunte y cajas de 808. CANT se agarraban ahí a un sonido más nocturno, sexuado y furtivo, de genoma compartido entre el synth-pop y el slow house, que por momentos podía hacer pensar en el entorno de Dial, en nuevos adalides del pop sintético emocional como When Saints Go Machine o en un Caribou bajado de revoluciones y atraído por el reverso oscuro de las relaciones. Algo había cambiado.

Esas sensaciones vuelven a aflorar con “Too Late, Too Far”, un tema de sugerentes hechuras electrónicas, construido a base de percusiones melódicas (entre el metalófono y la txalaparta), sintes de seda áspera, flautas y samples de tono exótico que tienden puentes con el imaginario de Fever Ray. En “Believe” se respira un aire más negro y más de la Costa Oeste -entendida esa costa no como fuente de un pop de tintura psicodélica, sino como surtidor de moldes de funk sintético y beats de formas casi wonky-. La inclinación hacia el rhythm & funk se acentúa en “The Edge”, una suerte de conversación íntima en clave slow jam que no cuesta imaginar en la boca de dos amantes heridos, lanzados al vacío de la obsesión y el deseo. Uno se los imagina balanceándose lentos con las frentes pegadas en el centro de alguna pista de baile casi desierta, atravesada de luces y miradas furtivas que se apuestan la vida al rojo.

Las canciones aparecen vestidas sin excesos -aunque tampoco hay miedo al timbre estridente, a la textura rugosa o al beat descuantizado-, fluyen sin aparente esfuerzo, priorizando la atmósfera sobre el ritmo o el apunte melódico. A menudo aparecen expuestas a la manera de escenas íntimas, casi siempre de cariz romántico, de las que eres espectador pero no parte. “BANG”, por ejemplo, comienza reflejando el brillo de Beach House, pero en su segunda parte su mirada se enturbia acercándose a terrenos de insalubridad de ocaso drag. Sucede lo mismo en “She's Found Away”, un suspiro amoroso que amaga un giro hacia el baroque pop, pero acaba transformándose en un nodo de radiación sintética y guitarras lijosas que podría pasar por un cruce entre Gary Numan y Swans.

Ese viraje hacia terrenos neo-industriales se termina de concretar en “Dreams Come True”, un tema que espantará a los fans de Grizzly Bear y que no cuesta señalar como el momento más desafortunado del álbum. Sobraba. Por suerte, CANT nos devuelve al buen sabor de boca con “Bericht” (“la carta”, o “el parte”, en alemán), una canción de despedida pintada a base de pianos nostálgicos, como reflejados en agua, sobre un fondo de cuerdas tensas y atonales que aparecen y desaparecen sin pedirle permiso a nadie. Al final, tal y como canta Taylor, “todo ha quedado reducido a esto”, que no es poco.

Más que como una primera parada o un destino intermedio, el disco se percibe como un comienzo, el verdadero punto de partida para CANT, un proyecto aún en busca de su propia identidad. Habrá que ver hacia dónde avanza en el futuro, pero aquí ya nos ha dejado un puñado de canciones notables.

Luis M. Rguez

“Answer”

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