4:13 Dream 4:13 Dream

Álbumes

The Cure The Cure4:13 Dream

6.7 / 10

The Cure 4:13 Dream UNIVERSAL

Hablando con una amiga sobre la inspiración me dijo muy acertadamente que una obra inspirada era aquella que sin saber muy bien por qué conectaba con el momento histórico en que aparecía. Por tanto, no es que haya artistas inspirados (entendemos por inspiración el trabajo constante y un plus de ese algo incomprensible) sinó que sus obras de repente conectan con el presente. Como un eclipse, se crea una disposición lineal entre el artista, la obra y el momento. Se genera una energía que trasciende, que dibuja el contorno de una generación o una época.

Robert Smith se mantuvo así durante años. Sin ser estrictos del todo –no olvidamos los altibajos estéticos que hubo de por medio- podríamos decir que en la trayectoria de The Cure las musas jugaron un papel importante desde la aparición del single “Killin’ an Arab” en 1979 hasta “Show”, concierto multitudinario grabado en 1993 y que, no sé si presagiándolo o no, cerraba las puertas a una intensa y larga etapa que era el reflejo de unas cimas alcanzadas que nunca más se han vuelto a conquistar. A partir de entonces las musas debieron pensar que ya habían hecho bastante por el bueno de Smith y se fueron con la iluminación a otra parte, quizás a ayudar a otros más necesitados.

El revival de los ochenta no es excusa. Comprendo perfectamente que aquellos que lo vivieron, quienes fueron los artífices de ese espíritu que hoy en día se está intentando recuperar no se vean con ganas de insuflarles vida a sus propios muertos. Aún así, la posición que ha tomado Smith en “4:13 Dream”, nombre que alude a su disco número trece, es ambigua. Por una parte, como ya pudimos ver en su última gira, la balanza se decanta en pos de la guitarra frente a los teclados que solo aparecen precisamente cuando hay un intento claro de volver al pasado. Además, hay una voluntad de obtener una producción cristalina utilizando acordes de guitarra más bien secos. Intentar conseguir así las densas atmósferas de hace 25 años parece entonces una quimera imposible. Pero “Underneath the Stars” abre las puertas del disco. Lo hace con un recorrido instrumental interesante pero enseguida abusa de los recursos que en The Cure son célebres, como las campanillas, y al final se queda en un claro intento de capturar el espíritu de “Plainsong”. Le sigue una coloreada “Only One” o lo que es lo mismo, una especie de “Just Like Heaven” + “Friday I’m in Love”. Y a partir de aquí yo ya me desanimo y dejo que la vida fluya, que las notas me lleven donde ellas quieran. Y así asumo el riesgo de escuchar un refrito de “One Hundred Years”; + “From the Edge of the Deep Green Sea” llamado “Switch” (aún siendo la que más me ha gustado) y de escuchar melodías y timbres de voz que se pierden en lo inconciso. Diría que la única canción arriesgada del disco es “Freakshow”, que sonando en el directo de hace unos meses ya dejó un halo de estupefacción generalizada y que, por tanto, me hace dudar de si prefiero verdaderamente que el grupo busque un sonido nuevo o se quede ahí, intentando volver a ser quienes fueron. Pero no… ellos ya no pueden ser quienes fueron porque antes eran ellos y algo más, eran ellos y la conexión con su momento.

En general las críticas están dejando bien este disco. Yo no lo comprendo. No es un mal disco y no niego que está trabajado, se notan las ganas de hacer las cosas bien hechas pero es tremendamente olvidable, como su antecesor “The Cure”. Aún así, lo he consultado con la almohada. La conclusión es que sigan The Cure sacando discos aunque sean un poco grises, aunque ya no me adulen, aunque ya no quiera ni comprarlos, aunque tenga que repetirme por enésima vez que ya no son lo que eran. Porque es la única forma de que sigan haciendo giras y sigan deleitándonos con ese portentoso directo al que nos están acostumbrando en los últimos años, digno de ser aplaudido por cualquier melómano que se precie. Y en fin, quizás no compraremos el disco pero esperar con gran emoción la próxima gira es el consuelo que nos queda a los puristas. Por una razón o por otra, The Cure aún nos encandilan. Y, a estas alturas, eso no es poco.

Eli Úbeda

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