Dream On Dream On

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Ital ItalDream On

8 / 10

Una de las ventajas de llegar a la música electrónica por rutas atípicas es la apertura de miras y falta de prejuicios con los que se afronta la creación. El caso de Ital es paradigmático. Enclavado en el espectro del noise subterráneo americano y forjado en bandas de post-hardcore como Black Eyes, Daniel Martin-McCormick entiende la electrónica como un mar de arcilla en el que de la descomposición de sus elementos pueden surgir todas las formas imaginables. Expresiones libres en las que el captar la fuerza de un gesto primario sin domesticar es mucho más importante que la fidelidad a cánones o modelos.

Ital ya había mostrado este modus operandi, a distintos niveles, en sus maxis para 100% Silk y en “Hive Mind”, el álbum (o EP, según se mire) que publicó en Planet Mu a principios de año, pero en este “Dream On” lo lleva un paso más allá. Partiendo de las esencias del house y el techno, Martin-McCormick las reinterpreta sometiéndolas a un proceso deconstrucción y mutación en el que, por encima de todo, reina la espontaneidad. Y si esta debe incluir disonancias, beats fuera de lugar y texturas depauperadas bienvenidos sean. “Despot”, el primer track, lo ilustra a la perfección. En ella se juntan un bajo de deje trancero, rítmica sincopada que suena a soca a bajas revoluciones y recortes vocales fuera de tono, todo ello coronado por extraños pads que parecen derretirse cuales velas humeantes. Y sin embargo funciona.

En “Boi” el sonido es más domesticado pero la filigrana no es menor, en este caso yuxtaponiendo un loop del “Baby Boy” de Beyoncé con atmósferas acuáticas claramente deudoras de Drexciya y propulsando la poción con ritmos de 2-Step sesgado. Con “Eat Shit (Waterfall Mix)” y “Enrique” entramos en el segmento más arisco y amenazante del disco. La primera es una oda a la distorsión en la que la melodía se retuerce hasta límites infrahumanos sobre ritmos crudos en un track que recuerda mucho a las producciones más brutas de su admirado Jamal Moss. En la segunda, descendemos a las catacumbas del dark ambient de la mano de lamentos espectrales y andanadas de ruido maquinal que no desentonarían en el catálogo de Blackest Ever Black. En la breve “Housecapella” Ital vuelve a dar muestras de su gusto por pasar las texturas para la trituradora de frecuencias para dar con otra ración de esa suerte de house defectuoso que se ha convertido en una de sus señas de identidad. El último tramo del disco deja espacio para que se cuelen rayos de luz entre las atmósferas insalubres que marcan el tono general del disco. Esto se hace especialmente patente en “What A Mess”, en la que las melodías ciberdélicas y las tormentas de feedback se funden con afilados navajazos rítmicos y erupciones psicofónicas para dar con algo que parece una interpretación tortuosa de los preceptos de Fuck Buttons. El disco se cierra con “Deep Cut (Live Edit)”, el corte más abiertamente enfocado al baile de los siete. A pesar de esto, el modo en que Ital retuerce los efectos sobre la marcha (como indica su título, el track está grabado en directo) hace que la emoción de sus secuencias vuelva a estar sometida a los exabruptos de ruido bruto, provocando que lo que en su esencia es un track de house eufórico vuelva a ser un campo abonado para la experimentación más visceral.

Como decíamos unas líneas más arriba, a Ital le preocupan poco las convenciones de lo que “debe ser” la música de baile. Para él no es más que un punto de partida sobre el que volcar una fuerza expresiva que lo fía todo al instinto y cuyo objetivo es la transmisión de energía en el estado más puro posible. En este sentido, “Dream On” es probablemente su trabajo más personal hasta la fecha. Un disco de digestión pesada pero que, entre su mejunje de derivaciones estilísticas, deja entrever una inexpugnable voluntad de elaborar un discurso totalmente propio. Y esto, en el océano referencial en el que habitamos, es todo un logro.

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