Drawing Down The Moon Drawing Down The Moon

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Azure Ray Azure RayDrawing Down The Moon

7 / 10

Azure Ray Drawing Down The Moon SADDLE CREEK

Nos contaron que Orenda Fink y Maria Taylor, las integrantes de Azure Ray, se habían separado. Queremos imaginar desde aquí La Discusión Final como la antítesis de la crisis que tuvieron Metallica (visionable, además, en el documental “Some Kind Of Monster”), es decir, una cadena de reproches o medias verdades pronunciadas entre susurros y retocadas para terminar en un fade off, un fundido en blanco (no negro) que ha durado exactamente siete años, los que han transcurrido desde aquel “Hold On Love” (2003). Muchos divorciados ya quisieran haber roto así. Y haber vuelto como expulsados de un panal de miel: con un “Drawing Down The Moon” que se esforzará en provocar a los críticos musicales para que cataloguen a las chicas como dreampoperas (a secas). No hay cambio de dirección. Es un regreso limpio. Como si no hubiera ocurrido gran cosa (al fin y al cabo, entre medias, ambas chicas tuvieron sus proyectos individuales; ambas colaboraron con Bright Eyes y sacaron disco propio en 2009, pero ninguno de estos flirteos prosperó más allá de mantenerlas en activo). Incluso tenemos de nuevo en la producción a Eric Bachmann ( Crooked Fingers), ejemplar de barbudo entre árboles (léase generador de folk triste y de potajes orgánicos varios).

El trabajo de Azure Ray que nos ocupa se nos presenta como una continuación de estilos donde caben desde la new age hasta lo folkie lo-fi. En “In The Fog”, por ejemplo, el uso de sonidos de estática analógica –“fog” es bruma o niebla en inglés– junto con guitarras transparentes da el pego sin necesidad de salirse de los esquemas, aunque un vacío sobrevuela la canción, así como el resto de temas. Es un vacío provocado a veces por la propia apuesta del género, un repiqueteo electrónico (típico, cabe decir) con susurros inertes (en “Don’t Leave My Mind”), y el arpa con cantos de sirena intimistas lo-fi en “Wake Up, Sleepyhead”. Es uno de los problemas del dream pop (si quieren llamarlo así o meter en este saco a Azure Ray): ser meramente bonito. Si tiramos hacia lo puramente orgánico (la reposada “Make Your Heart”) veremos que las voces nunca se desatan, aunque constantemente se hable de pérdidas amorosas de doble lectura (entre líneas se vislumbra como tema compositivo e inspirador la ruptura de la banda en 2004), temas de por sí oscuros que dentro del panorama estilístico de susurros, o bien se enfocan desde el resentimiento contenido o desde el quejido moribundo, y que no encuentran su lugar para salir a la luz como Dios los trajo al mundo. Sí que encontramos pianos y guitarras melódicos al servicio de la depresión ( “Signs In The Leaves”) o temas acústicos como la sentida, contenida y melancólica “Larraine”, pero todo queda en su mayor parte en el fondo burbujeante del chill out ( “Love And Permanence”).

Fink y Taylor tenían la oportunidad de conferirle al disco una orografía más interesante con la única canción con carácter ( “Shouldn't Have Loved”), donde hacía falta sacar más voz e interpretación, pero parece que los latidos dream se enganchan a las suelas de los zapatos como un chicle en el pavimento, y la única solución (para ellas y para el oyente) es o bien la desnudez ( “Walking In Circles” es el único ejemplo de voz cercana, sin ecos ni maquillaje, también en el saco de lo acústico, pero un nivel por encima de la apuesta por la canción spa) o bien hacerlo todavía mejor (aunque les quedan bastantes metros por remontar para alcanzar a gente como Hope Sandoval y su Mazzy Star). Buen intento, por eso. Al fin y al cabo, con los discos-regreso, se echa de menos más rodaje, aunque sobre la frescura.

Jordi Guinart

Azure Ray - Don't Leave My Mind

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