Dragonslayer Dragonslayer

Álbumes

Sunset Rubdown Sunset RubdownDragonslayer

8.6 / 10

Sunset Rubdown  Dragonslayer JAGJAGUWAR

A Spencer Krug el éxito se la suda. Lo único que le importa es seguir componiendo y tocando sin descanso, perfeccionando su songwriting muy al margen de la atención que le preste un público que debería memorizar su nombre de una vez por todas. El caso es que más allá del globo inflado alrededor del debut de Wolf Parade, poca pompa han suscitado el resto de trabajos de nuestro hombre, una de las voces más activas y agitadoras del otro lado del charco. Con Swan Lake, el proyecto que comparte junto a Daniel Bejar y Carey Mercer, no ha levantado más que una tímida nube de polvo entre la crítica más exigente. Lo mismo ha sucedido con el expresionismo gótico de Frog Eyes y con los segundos trabajos de las otras dos bandas principales en las que milita, “Random Spirit Lover” y “At Mount Zoomer”, ambos de 2008 y firmados por Sunset Rubdown y Wolf Parade respectivamente. Da igual. Le importa un pito. Insobornable, Krug ni siquiera va a preocuparse por si este brillante “Dragonslayer” devuelve a su querida Montreal el cetro de capital pop de esta década, un estatus cada día más en manos de ese Brooklyn multisensorial que absorbe todo como una esponja o de la emergente escena no-fi de la Costa Oeste.

Con su genialidad para titular elepés y canciones, para “Dragonslayer” toma su título de una película fantástica de los ochenta que narra, al igual que hace el álbum en filigrana, las aventuras de un hechicero de la Edad Media destinado a vencer un dragón. Tirando del hilo de esos derroteros, su denso andamiaje narrativo plagado de referencias mitológicas ( Sansón y Dalila, Ícaro, Apolo, Erato) suelta lastre ahora en favor de un tono conceptual más discreto y de una poética vertiginosa pero menos subrayada que en sus obras anteriores. Con ella viste unos temas testados y pulidos con rigor en horas y horas de ensayos, algunos de los cuales llevan años en la guantera ( “Idiot Hearts”). Así, y grabado prácticamente en directo, su tercer trabajo como Sunset Rubdown captura y condensa sin trucos las facultades del grupo como bestia del directo.

Por otro lado, esta flamante entrega supone otro as en la manga para una jugosísima Jagjaguwar que no cesa en su empeño de retorcer el pop estrangulando al rock y que está cosechando últimamente un catálogo de aúpa. Suyos son los últimos trabajos de Dinosaur Jr., Julie Doiron, Okkervil River, Oneida, Parts & Labor, Wilderness y Black Mountain, así como los magníficos debuts de Bon Iver, The Besnard Lakes y Women. Con casi todos ellos podríamos trazar líneas desde este disco solemne y soberano en el que nada falta ni sobra. “Dragonslayer” son sólo ocho canciones, pero en él hierven juntas miles de ideas comunes a muchos grupos coetáneos. A sus vecinos más cercanos –las otras bandas del propio Krug– les lanza discursos cruzados: la radiante “Paper Lace” ya aparecía en el último disco de Swan Lake, y la brutal “You Go On Ahead (Trumpet Trumpet II)” es la continuación y/o respuesta a “Trumpet, Trumpet, Toot! Toot!” de “Random Spirit Lover”. Inflados y bulímicos, todos los temas se desparraman sobre sus propios desarrollos ensamblándose en pedazos para conformar un gran retablo épico que sea mucho más que la suma de sus partes.

Apoyándose en Camilla Wynne como voz antagonista, el líder underground cabalga de nuevo a lomos de ese pop pesado, esquivo y agreste del que ha hecho su marca de fábrica, con el piano y los teclados siempre protagonistas. En ocasiones parecen asomar la cabeza aquí unos Built to Spill de paisano y allí la mala ortografía de los primeros Modest Mouse, y por el camino se centrifuga a The Black Heart Procession con The New Pornographers ( “Apollo And The Buffalo And Anna Anna Anna Oh!”, “Black Swan”). Más cercano a Dan Bejar que a AC Newman, Krug sigue obsesionado con el art-rock, estirando estructuras progresivas, ambiciones intelectuales y ese despampanante ramalazo glam que le trae loco. Según ese dictado, sin bajar nunca la guardia pero sin amarrajes, nuestro hombre comanda esta triunfal marcha de silencios violados, arreglos fastuosos, instrumentos atascados y estribillos que no lo parecen. Un recorrido que desemboca en la lucha contra el dragón en “Dragon’s Lair”, último tema dedicado a “the critics and their disappointed mothers”. Con él se despide, declamando la letanía “a bigger kind of kill” cual sinécdoque de éste su disco más grande y asesino.

Cristian Rodríguez

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