Dr. Dee Dr. Dee

Álbumes

Damon Albarn Damon AlbarnDr. Dee

6.2 / 10

Damon Albarn puede ser muy cansino cuando quiere. Leerle sus declaraciones públicas, y lleva hechas un montón en las últimas semanas, es una buena forma de pillarle manía, más que nada por lo indeciso, ambiguo o premeditadamente confuso que puede llegar a ser: puede que haya reunión de Blur, pero ahora no estoy seguro, vamos, creo que no, imposible, y Gorillaz tampoco, eso está acabado, aunque quién sabe, igual vuelvo con la cosa de Gorillaz, pero yo solo, sin Jamie Hewlett, pero de todos modos mi proyecto más inmediato es un disco en solitario, pero no hay fecha, porque, ¿por qué no?, quizá Blur no estén acabados del todo y me ocupe tiempo, y en este plan. Pelmazo. Por otra parte, también sería injusto negarle a Albarn una capacidad de sorpresa y una cualidad camaleónica en su trabajo de los últimos años. Mientras el resto de estrellas de su generación vive de los recuerdos o de hacer lo de siempre pero peor –inane el disco de Noel Gallagher, crematístico el regreso de Pulp tocando los hits, arrastrándose como puede Brett Anderson confiando en resucitar a Suede otra vez–, él por lo menos sabe reinventarse en un ciclo sin fin y ha encontrado huecos en los más dispares proyectos, desde la promenade urbana y noctura de The Good, The Bad & The Queen –cuyo álbum pasa por ser uno de los mejores retratos de Londres que se hayan hecho nunca en la música pop– a su alianza con Flea en Rocket Juice & The Moon, sus colaboraciones con artistas africanos y, también, una ópera (bueno, dos). Y planteado así, está claro que este hombre no necesita ni Gorillaz ni Blur si lo que quiere es hacer música. Si lo que quiere es ganar mucho dinero ya sería otra cuestión.

“Dr. Dee” fue una ópera de encargo por parte del Manchester International Festival de 2011 que se representó entre el 1 y el 9 de julio –y estará de nuevo en escena el 25 de junio al 7 de julio en la English National Opera (London Coliseum)–, ordenada a partir de la vida de John Dee, el que fuera consejero para cuestiones herméticas de la reina Isabel I, estudioso de la alquimia, la astrología y lo oculto, eminente bibliófilo y una figura reconocida como importante entre los pensadores heterodoxos del siglo XVI, neoplatónico, supuesto rosacruz, identificado en ocasiones como autor en la sombra del manuscrito Voynich –un texto encriptado, aparentemente sobre herboristería y magia, cuyo significado aún no se ha podido descifrar– y ubicuo, siglos después, en toda clase de manuales de alquimia, emblemática, astrología e incluso ficciones sobre complots de dominación global por parte de sociedades secretas. O sea, un personaje rico en matices y lecturas –sin contar su dimensión política, literaria y académica– y que a Albarn le ha dado juego para componer más de 18 piezas en las que repasa aspectos de su vida y de sus ideas. “Dr. Dee”, el disco que edita EMI, no es la ópera completa sino una selección de pasajes –ni siquiera son arias, o duetos, sino canciones luego hilvanadas en un continuo argumental, siguiendo los patrones de la ópera del siglo XX–, y por tanto funciona más como álbum pop.

Esta apreciación es lo que hace que, siendo la ópera un experimento magnífico, o al menos eso es lo que han expresado la mayoría de las críticas de espectáculos de los diarios ingleses, rendidos a su exquisita puesta en escena, por el contrario el CD quede algo cojo y flojee por momentos –que es lo que ocurre, por otra parte, con toda la ópera grabada, que palidece en comparación con el espectáculo en el teatro, y es por ello por lo que también damos gracias por la existencia del Blu-Ray y del canal de televisión Unitel–. Albarn ha experimentado con diferentes lenguajes, buscando un equilibrio entre lo culto y lo popular –él se encarga de protagonizar la mayoría de las canciones, cantando como Damon Albarn, no como un tenor, y “Apple Carts” no deja de ser una canción pastoral que podría haber sido una cara B acústica de Blur si no fuera por los pífanos y la guitarra que suena como un laúd–, y “Dr. Dee” se eleva por momentos como una tarjeta de presentación, la de un músico que se arriesga a entrar en territorios difíciles –la obertura, “The Golden Dawn”, sin ir más lejos; un pandemonio de cuerdas–, y sin miedo a fracasar. Recordemos que no es la primera ópera de Albarn –ya tuvo su ‘ópera china’ con “Monkey: Journey To The West”, la adaptación de la novela de aventuras, también del siglo XVI, “Viaje Al Oeste”–, pero aquí el calado intelectual es superior. Asistimos a episodios de la vida de un estudioso de la alquimia, un hombre críptico y poderoso, inteligente y sibilino, y canciones como “O Spirit, Animate Us”, suenan sombrías, como propias de alguien encerrado en una cámara oscura tramando planes, que observa el cielo de la noche.

Los momentos más interesantes de “Dr. Dee” son aquellos en los que Albarn asume el marco histórico y decora sus canciones a la manera palaciega, con instrumentos de época –salterios, el antes citado laúd, y declamaciones que tienen más que ver con las corrientes locales del renacimiento (John Dowland, William Byrd, salvando las distancias) que con la pirotecnia barroca de Purcell– y, cambiando de registro por completo, la vasta tradición del folk mágico inglés de finales del siglo XIX en adelante, siendo éstas las canciones de un Albarn trovadoresco y folkie, más que las de un Albarn neoclásico inspirado en la ópera minimalista de los últimos 40 años (como podría ser el caso de “A Man Of England”, que se quiere mirar en los trabajos de John Adams). El resultado es correctísimo, el tratamiento es adecuado, y el proceso se percibe como eficiente: “Dr. Dee” no es una pérdida de tiempo, y dice más del Damon Albarn del futuro que su batería de declaraciones contradictorias. Puede volver con Blur, puede resucitar Gorillaz, puede seguir haciendo pop para corear en el pub mientras se te cae la cerveza por la coronilla abajo, pero cuando quiera puede volver a escribir para teatros y hacerlo con la cabeza alta. “Dr. Dee” puede ser un título imperfecto, pero nunca hace el ridículo. Albarn ha demostrado estar sobradamente capacitado para ello y su margen de mejora todavía es amplísimo.

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