Down There Down There

Álbumes

Avey Tare Avey TareDown There

7.6 / 10

Avey Tare Down There PAW TRACKS / GREEN UFOS

Allí abajo, en el fondo de este disco fantasmagórico, están todos los malos rollos que acechan a David Portner, alias Avey Tare. A saber: su abuela acaba de morir, a su hermana Heather le han diagnosticado cáncer y, para colmo, él se está separando de Kristín Anna Valtýsdóttir, la chica de múm con quien formó en 2007 el decepcionante proyecto Pullhair Rubeye. Allí arriba, en las antípodas de todo ello, está todavía el recuerdo del impresionante “Merriweather Post Pavilion”, uno de esos discos con los que cargar de por vida, un trabajo imposible de superar para lo bueno y para lo malo. En 2010, asentados Animal Collective con esa cima de la psicodelia moderna como un género en sí mismos, sus miembros creadores parecen tomarse con pies de plomo los pasos a dar por separado. De Noah Lennox, alias Panda Bear, ya se ha hablado suficiente este año, y más que se hablará todavía mientras recibamos con cuentagotas las noticias de su esperadísimo “Tomboy”. “Down There” de Avey Tare llega sigilosamente para constatar una obviedad que podría manifestarse hasta sin haber escuchado el álbum, pero no por ello menos reveladora: es exactamente el tipo de disco que se podría esperar si restáramos a la banda madre el apoyo logístico de Brian Weitz, alias Geologist, y el genio compositivo de Lennox. Atrás queda el año 2000 en que Tare escribió “Spirit They’re Gone, Spirit They’ve Vanished” –probablemente la semilla más aprovechable del grupo–, con Lennox medio en la sombra. Hoy en día las tornas han cambiado y está claro que, en el colectivo animal, lo único de su propia sangre capaz de hacer sombra a un álbum tipo “Feels” (2005) o “Sung Tongs” (2004) es la escisión Panda Bear.

¿Por qué? Bueno, sabemos que la psicodelia no es un género fácil y mucho menos un género para todo el mundo. Quedó demostrado en la actuación de Panda Bear en el último Primavera Sound, un revelador y seminal concierto del que casi todo el mundo salió por patas. Para darle una forma masticable y democratizarla hay que acercarla lo más posible al avant-pop. Ambos lo saben. Lennox se va a poner radical en su nuevo “Tomboy”, eso es de recado, pero de Tare podría decirse que sigue exactamente en el sitio donde le dejamos, un paso por detrás de aquel. De hecho, es casi paradigmático que para grabar “Down There” haya tenido que echar mano de la sabiduría de Josh Dibb, alias Deakin, miembro fundacional de Animal Collective que, como saben, hoy ya no milita en el grupo. Juntos dan forma a un catálogo de sonidos sumergidos combinados con drones como psicofonías, tétricos loops que se doblan, retorcidas visiones nocturnas y sónicos hologramas. Como apariciones marianas con las que ahora se consigue conectar y ahora no, el sustrato de “Down There” es tan traslúcido y voluble que, a falta de un peso fijo que lo agarre al suelo, acaba pecando de poroso y –aunque esto sea menos malo– de amorfo.

“Down There” es un disco notable, pero debería haberse preocupado menos por su fachada experimental y más por dotar de un tupido fondo a su repertorio de nueve canciones. Las letras, sin ir más lejos, podrían haber ayudado a ello si se hubieran beneficiado más transparentemente del trasfondo dramático que se le supone al proyecto. Sin embargo, y aunque no es oro todo lo que reluce, perlas haberlas haylas. La apertura con “Laughing Hieroglyphic”, digna del sobresaliente “Strawberry Jam”, funciona como un manifiesto. Es lo más potente de un título que concentra su material fornido en los polos y que hace aguas –nunca mejor dicho, esto es pura waterdelia– al atravesar el ecuador. Más allá de “3 Umbrellas”, “Heads Hammock”, “Heather in the Hospital” o la ya conocida “Lucky 1”, puede que el oído se despiste ante pasajes excesivamente frágiles, ante temas que no parecen encontrar el molde preciso –en concreto, los tres centrales: “Glass Bottom Boat”, “Ghost Of Books” y “Cemeteries”–. Con todo, en Avey Tare sigue habiendo un manejo exquisito de los trucos: esa atención a la hora de ligar los temas entre sí, esa habilidad para convertir la melancolía en algo extraño y familiar a un mismo tiempo. Sí, la lección ya nos la sabemos, mas no por eso hay que olvidar que estamos ante un maestro. Tare, por si alguien lo dudaba, sigue siendo uno de los vértices clave de ese triángulo de las Bermudas en el que navegan y desaparecen algunas de las mejores melodías y armonías del monopolio psicodélico actual.

Cristian Rodríguez

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