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Earl Sweatshirt Earl SweatshirtDoris

8.3 / 10

“Earl”, la mixtape de debut de Earl Sweatshirt, fue una de las grandes claves de la emergencia de Odd Future en 2010. Además de por su impactante imaginario ultra-violento, el lanzamiento asombró por los recursos líricos que desplegaba un chaval que, por entonces, acababa de cumplir 16 años. Tyler llevaba las riendas, pero todas las miradas se posaron en ese escuálido adolescente de labios desmesurados. Y de pronto, Earl se desvaneció. No participó en los primeros directos del colectivo y tampoco colaboró en la segunda tanda de lanzamientos de los miembros del grupo. Lejos de aclarar los motivos de su ausencia, el grupo alimentó el misterio por medio de la campaña “Free Earl”, que se diseminó en discos, foros e, incluso, merchandising. El culto que se generó a su alrededor, alimentado por reportajes de investigación como el de Complex –que finalmente le situaron en un campamento para jóvenes problemáticos en Samoa–, podría haberle devorado pero, lejos de eso, Earl lo digirió para convertirlo en una de las fuentes de inspiración de su nuevo enfoque artístico.

“Espero perderte como fan si solo me seguías porque rapeaba sobre violar a chicas cuando tenía quince años”, twiteó hace un año. Efectivamente, “Doris” representa un paso de gigante respecto a su primer lanzamiento, dejando atrás la fijación por las fantasías sádicas y los excesos obscenos para descubrirnos una nueva profundidad en su visión. “Chum”, la que fuera carta de presentación del disco, fue el primer aviso. Sobre tristones acordes de piano, Earl admite que echa de menos a su padre ausente, que encontró un hermano mayor en Tyler y aborda el artículo de Complex con una honestidad hasta la fecha desconocida en sus letras. En “Burgundy” relata el conflicto de sus prioridades, reconociendo que la obsesión con su álbum le impide visitar a su abuela enferma, a la vez que saca relucir las inseguridades generadas por el exceso de presión. A esta honestidad, se le suma un abanico emocional mucho más complejo y diverso. Si en “Sunday” dialoga con Frank Ocean sobre conflictos amorosos y contradicciones narcóticas, en “Hive” se asoma a la radiografía social retratando el desaliento en el Los Ángeles post-crisis con una cascada de rimas disonantes que vuelve a poner de manifiesto su prodigioso dominio de la métrica.

De la misma manera en que su talento innato en los juegos de palabras y las rimas intricadas ya no sirve únicamente para escandalizar, el apartado musical se aleja del sonido abrasivo que caracterizaba su debut para abarcar un espectro de texturas mucho más amplio. Desde los aires jazzy, cortesía de The Neptunes, de “Burgundy” a los órganos de psicodelia fúnebre de “20 Wave Caps”, pasando por las los tenebrosos samples de David Axelrod en “Centurion” o las guitarras soleadas de Lennie Hibbert en “Molasses”, el envoltorio sónico está cargado de matices. Aún así, todo suena perfectamente cohesionado, unido por el hilo de esa suerte de reverso siniestro del linaje jazzy-cósmico patentado por sus admirados The Neptunes que también dominaba el “Wolf” de Tyler, The Creator. El disco, además, también sirve para constatar el crecimiento de Earl como productor: participa en el sonido de hasta seis cortes, mostrándose especialmente inspirado en cortes como “Sunday” o la letárgica “ Guild”.

“Doris” está lejos de ser un disco revolucionario o la obra maestra definitiva de su autor, pero, probablemente, es el mejor disco que podría haber hecho Earl en este punto de su carrera. Tras verse señalado como genio precoz, ha sabido sortear la presión y convivir con la expectación generada por un debut oficial que parecía que no acaba de llegar. Ha mantenido la cabeza fría y una humildad casi excesiva –sin ir más lejos, firma sus producciones con el alias Randomblackdude–, y se ha centrado en encontrar su propia voz más allá de las gamberradas perpetradas en la adolescencia. No solo la ha encontrado sino que ha corroborado, sin estridencias ni giros forzados, que sigue siendo uno de talentos con más potencial del nuevo hip hop americano. Y es que, aunque parezca mentira, sigue teniendo únicamente 19 años.

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