Don’t Think Don’t Think

Álbumes

The Chemical Brothers The Chemical BrothersDon’t Think

7.3 / 10

Los Chemical, pronunciado con esa deliciosa y masticable ce hache castiza, han sido parte importante de la juventud de muchos. Ahhhh, los 90s fueron tiempos de botiquín pastillero en la chepa, folleteo al tuntún, ladillas en manada, ropa del Humana, tiendas de campaña en el Doctor Music Festival y menús del Burger King y porros en casa de los hermanos Sancho en la calle Amigó. Ahora nos hemos vuelto unos señoritos, escuchamos a Drake, bebemos cócteles, cenamos en restaurantes japoneses de 70 euros el cubierto, nos apuntamos al Dir y compramos polos Lacoste. Escuchar un directo de The Chemical Brothers a estas alturas de la película es volver a una época llena de turbulencias que creía enterrada. La sensación, aunque muchos contemplen la nostalgia como una pérdida de tiempo, es de purificación espiritual y hasta ternura; una forma de verte a ti mismo en una realidad paralela que parece no haber transcurrido en tu línea espacio-temporal. Pero sí. Pasó, vaya si pasó. Y para eso está el dúo mancuniano: para recordárnoslo.

No hay secreto para Tom Rowlands y Ed Simons: los directos de The Chemical Brothers siguen una liturgia muy marcada que elude complicaciones y dispara al bulto. Pero la experiencia visual y sensorial merece la pena, de ahí que este concierto capturado por David Smith con 20 cámaras de nada y en Dolby Digital 7.1 en el Fuji Rock Festival japonés, suba las apuestas muy alto en materia de live shows megalómanos. El film se estrenó en cines, hay DVD y, por supuesto, hay CD. Vaya, que con hambre la peña no se va quedar.

Fastos ópticos aparte, en el CD, que es lo que nos interesa, el motor ruge con mala baba. Hits entrelazados, mash-ups de tres canciones, pistones funcionando a destajo, subidones y bajadas constantes, melodías pegajosas, breakbeats blindados, electro rock, trance cítrico y a vivir que son dos malditos días. Es el sonido de estadio que ha caracterizado al grupo desde su sacralización tiempo ha. Y en eso, al igual que Leftfield –otro directo de dinosaurios electrónicos reseñado en esta página web–, los Brothers no dan tregua al personal. De ahí que el doblete “Three Little Birdies Down Beats” y “Hey Boy Hey Girl” reviente los auriculares y te haga temblar la rabadilla como una descarga de doscientos mil millones de voltios, que diría Carlos Jesús.

La electricidad es innegable. Es como estar en un festival masivo, mascando arena, oliendo sobaco y haciendo equilibrios con el vaso de cerveza caliente. Tiene ese encanto y esa suciedad. Basta con atender a la fusión de “Horse Power” y “Chemical Beats”, una inteligente forma de actualizar los peditos ácidos de sus orígenes. No suenan actuales, claro que no. Pero incluso cuando tiran de su Viejo Testamento levantan pelambrera. Ahí queda un sensacional “Leave Home” con raps que da paso a una versión asesina de “Block Rockin’ Beats” para poner el broche final al despiporre. Efectivamente, dont’ think: just fuckin’ dance.

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