Don?t Stop Don?t Stop

Álbumes

Annie AnnieDon?t Stop

7.4 / 10

Annie  Don’t Stop SMALLTOWN SUPERSOUND

Para los petardos con clase, los gafapastas abiertos de mente, los indies con coartada hedonista y, en definitiva, los amantes del pop electrónico pegajoso, que “Don’t Stop” por fin salga a la luz supone una fiesta nacional. Así que estamos de celebración. Annie, nuestra noruega por excelencia, después de que el año pasado se diera unos aires a lo Kubrick y, escudándose en un ataque de incesante creatividad, paralizara el lanzamiento de su segundo álbum –dejando a su sello, Island, sin unos de sus diamantes en bruto y forzándoles a invitarle amablemente a que se buscara la vida en otra discográfica más modesta–, ha decidido darnos la dosis de azúcar que todos ansiábamos como si la vida nos fuera en ello. Y con más de un año de retraso. Pero, a todo esto, ¿ha valido la pena la espera?

Este álbum bien pudiera considerarse el “Chinese Democracy” del electropop. De todos modos, lo más seguro es que Annie no acapare portadas a cascoporro como lo está consiguiendo a omnipresente Lady Gaga, ni será un nuevo referente en la caprichosa categoría de los guilty pleasures sintetizados transoceánicos, pero lo que no se puede dudar es que pocas de sus coetáneas pueden sentirse orgullosas de haber firmado hasta la fecha dos largos tan notables como este que nos ocupa o aquel anterior “Anniemal” (679, 2004), que con el tiempo se ha consolidado como un sorprendente objeto de culto en el pop underground. Ella juega en una liga del todo diferente, cogida de la mano de Robyn y Ladyhawke si me apuran, pero de todos modos “Don’t stop” es algo más, un collage de infarto de pop milenario de esos que funcionan a la perfección tanto de madrugada en la pista de baile como en nuestros comedores cuando nos marcamos una improvisada coreografía para pasar el tiempo o aflora la Eva Nasarre que habita almorranalmente en nuestro interior.

Este spin off de lo que tenía que haber sido el álbum un año atrás en Island se marca dos clarísimas víctimas. Por un lado tenemos “I Know UR Girlfriend Hates Me”, temazo con un tufo descarado al “Chewing Gum” que es, a la vez, carne de las listas de éxito y que aquí no aparece por ninguna parte. Pero la segunda víctima es peor: la supresión de “Anthonio”, incomprensiblemente ninguneada del tracklist sin saber uno muy bien por qué –es uno de los temas más efectivos que la aspirante a diva ha firmado durante su carrera– roza un genocidio pop de dimensiones históricas. Que no nos deleite con el remix que se gastó Fred Falke tiene un pase (a pesar de resultar más infalible que su original), pero lo cierto es que la echamos en falta, y mucho. A falta de Antoñitos siempre nos quedará “Song Reminds Me Of You”. Infalible, pegadiza a no más poder y con una clase que no se puede aguantar: hace un año era el cierre del disco que tenía que haber publicado Island –al menos en la versión que se filtró por la red–, pero la noruega, más lista que el hambre, la vuelve a rescatar dándole el protagonismo que se merece.

Sus nuevos retoños, partiendo de ese “Hey Annie” para cheerleaders R&B, un “Don’t Stop” que parece un homenaje al “Speakerphone” de la Minogue o “I Don’t Like Your Band” (perfectamente firmable por cualquier rey Midas del french touch), resultan piezas resultonas, pero ni mucho menos justifican el arrebato creativo que nos hacían presagiar. Aunque con un tándem de viejas glorias como ese toque escandinavo a lo Debbie Harr y que representa “My Love Is Better” (con la ayudita de Alex Kapranos, de Franz Ferdinand, a la guitarra, al igual que en “Loco”, más propia de las desaparecidas Spice Girls o las más azorradas Girls Aloud), o ese “I Feel Love” digno de una pornochacha con malas pulgas que es “The Breakfast Song”, de la mano de un tándem de productores de la talla de Xenomania o Richard X, consiguen hacernos olvidar la dichosa e innecesaria espera a la cual nos había abocado, aún siendo unas antiguas compañeras de viaje.

En los recodos del pop electrónico bailable, cualquier álbum que se precie se sustenta prácticamente de singles potenciales y demás morralla olvidable. En este caso particular, la intrascendente balada de turno “When The Night” o ese cierre de tintes a lo Goldfrapp llamado “Marie Cherie” copan este turbio pero siempre necesario papel. Aunque todo sea dicho, indudablemente, Annie es culpable de firmar uno de los discos pop más degustables de lo que llevamos de año sin necesidad de caer en la mercadotecnia de cualquier hype que se precie. Después de los años sábaticos que se ha tomado, la joven promete hacernos mover el esqueleto como nunca. Y nosotros solamente podemos postrarnos a sus pies.

Sergio del Amo

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