Dolores Dolores

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Bohren & Der Club of Gore Bohren & Der Club of GoreDolores

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Bohren & Der Club of Gore Dolores PIASHasta hace pocos días, cuando servidor leía el nombre Dolores –que es como masoca, pero también cristiano; y puede que tenga que ver una cosa con la otra, y si no revísese el santoral–, o pensaba en la mitad de la familia materna, que desde la abuela –en paz descanse– a una tía y varias primas se llaman todas igual, o bien se venía a la cabeza la imagen de esa nueva cara de la ‘derecha civilizada’ (sic) que es la número 2 del PP, María Dolores de Cospedal, de la que, según se mire, se puede ser fan. Pero hoy ya no. A partir de hoy va a ser leer, o escuchar, o tatuarse –nunca se sabe– el nombre Dolores, y va a ser pensar en este cuarteto alemán que, desde una óptica gótica e incluso death metal, ha removido la substancia del jazz y ha creado la banda sonora de esos sueños plácidos de medianoche. Según las biografías que circulan por la red, Bohren & Der Club of Gore comenzaron como una formación grindcore. En concreto, aquí el firmante los descubrió en 2002 con “Black Earth”, un disco firmado para el entonces sello de Kreidler, Wonder, y que despistaba mucho con su portada negra con una calavera troquelada y esa tipografía tan satánica que gastan los grupos greñas. Pero sonaba el disco y aquello era ambient de la escuela Brian Eno –horizontal, bordeando el silencio, prácticamente invisible e inaudible– con elementos del jazz sonámbulo, el de platillos que hacen mucho chas, el de xilófono protagonista, el del contrabajo como una caricia fría. Publicaron luego otro disco similar, “Geisterfaust” (Wonder, 2005), que insistía en ese mismo vestido sonoro de seda, y “Dolores” (Pias, 2008), pese al cambio de discográfica, se mantiene ahí, recordándonos que todavía tenemos por ver en casa la edición restaurada de “Twin Peaks” –si hubiera que prescindir de la banda sonora de Angelo Badalamenti, dios no lo quiera, “Dolores” sería el mejor parche posible–, y alimentando el deseo de los dulces sueños. Bohren & Der Club Of Gore se regalan en música perezosa, más sedante que hipnótica, cuya voluntad es la de decorar la habitación en penumbra –ni se te ocurra escuchar esto de día, es como beberse la Coca Cola caliente– e inducirnos al sueño. Este es uno de sus discos que, si consiguen dormirte, han hecho bien su trabajo. No te duermes de aburrimiento. Te duermes de puro bienestar, que es lo difícil.

Javier Blánquez

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