Diver Diver

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Lemonade LemonadeDiver

7.1 / 10

Con “Diver”, Lemonade han emprendido un trayecto similar al que escogieron sus compañeros de sello Tanlines con Mixed Emotions; el viraje hacia el pop. En su caso, transitando de las descarnadas descargas de tropicalismo rave que alimentaban el magnífico “Lemonade” hacia las canciones de alma sensible y texturas abrillantadas. Y es que a pesar de que sus composiciones siempre habían traspirado un cierto espíritu pop, ahora lo abrazan abiertamente desde un punto de vista formal. Es decir, canciones concisas, estructuras mucho más focalizadas y mucho mayor peso del aspecto lírico. Un cambio de lenguaje que acaba derivando en un cambio de naturaleza como banda. Donde antes dominaban el hedonismo, el sudor y la expansión, ahora nos encontramos reflexión, contención y pulcritud.

Este cambio no es gratuito ni se trata de un volantazo, sino que ya se había podido intuir en “Pure Moods”, el EP que publicaron en 2010 y que ahora se revela claramente como un lanzamiento de transición. Y es que ese EP ya presentaba alguna de las claves que explican la evolución que ha culminado en este disco. Canciones como “Lifted” nos traían un mucho mayor protagonismo vocal de Callan Clendenin, quién pasaba de entonar mantras dispersos que se confundían entre las amalgamas de sintetizadores y samples a entonar melodías mucho más precisas. En “Diver” la creciente confianza de Clendenin tanto en su voz como a la hora de exponerse emocionalmente a través de las letras se ha multiplicado. Esto queda ya patente en las inaugurales “Infinite Style” y “Neptune”, en la que canta sobre secretos, dudas y conflictos existenciales, delimitando el tono de introspección que dominará el disco.

A las letras sobre desencanto urbano y romances complicados se le une un lujoso envoltorio sonoro en el que la confianza del grupo sobre sus propias posibilidades también juega un papel clave. Si antes el peso lo llevaban los intricados puzzles de samples y percusiones de naturaleza caótica, ahora nos topamos con evoluciones perfectamente delimitadas coronadas por un alto detallismo en los siempre pertinentes arreglos. Aunque el sonido ha ganado en sofisticación, el corazón de las canciones sigue debiendo mucho a la música de baile. Ya sea a través de los vitamínicos acordes de “Ice Water”, los pianos y manipulaciones vocales de “Eye Drops” o los bajos rechonchos conjugados con rítmica sincopada del binomio “Sinead” / “Sister”. Elementos que no esconden una fijación por lo retro, del synth-pop ochentero al balearic house pasando por la vertiente más luminosa del sonido rave o el UK-Garage primigenio, pero que al estar pareados con arreglos de regusto tropical, valgan las chispeantes melodías de “Vivid” o “Sinead” como ejemplo, acaban por mantener la intrínseca personalidad de Lemonade. Mención aparte merecen los dos últimos cortes del disco, en los que rompen con el tono de contención para firmar dos erupciones enfocadas a la pista (especialmente “Big Chances) que demuestran que, en el fondo, el ethos de la banda no ha cambiado tanto; siguen abrazando el hedonismo, pero en vez de presentarlo en su forma más primaria ahora también saben traducir su matices más agridulces.

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