Dive Dive

Álbumes

Tycho TychoDive

6.8 / 10

GHOSTLY INTERNATIONAL

No es difícil situar la estética y la dinámica expresiva de “Dive”: pensemos en “Unomia” o “Eingya”, de Helios, en la primera etapa de Morr Music, en los Boards Of Canada de “Music Has The Right To Children” o en una versión flotante y ambiental de los sarpullidos shoegazer de finales de los 80. Todo esto lo juntamos, lo mezclamos y, matiz importante, le añadimos una curiosa pasión por el beat acelerado, el ritmo sostenido y una ensoñación clubber de aromas ibicencos matutinos, y de esa suma ensimismada y evocadora surge este nuevo disco de Scott Hansen al frente de su proyecto Tycho, una curiosa anomalía retro dentro del panorama electrónico actual que apela a la emoción confortable de esas tardes perezosas de verano en las que no hacer nada está bien visto y plenamente justificado.

Aunque su margen de maniobra es corto y cien por cien reconocible, un océano nítido, transparente, de temperatura perfecta y azul penetrante en que se mezcla la bruma shoegazer con los beats acolchados, el ambient post-rave y una instrumentación suave y ligera –a veces incluso algo kitsch, como esas flautas peruanas en “Ascension”–, es ese gusto por acelerar el tempo lo que distingue a Tycho de otros compañeros de reivindicación nostálgica que prefieren encerrarse en su habitación y huir de cualquier rastro o registro rítmico. “Dive” flirtea en muchos momentos con el chill-out casposo de cualquiera de estos recopilatorios en los que destaca la foto de alguna playa crepuscular, pero mantiene en todo momento el contacto con el buen gusto y el refinamiento, no traspasa la frontera de la horterada y el tópico adscrito al género, arriesga lo justo en esa búsqueda de melodías placenteras y accesibles.

Son canciones como “Melanine” o “Epigram”, dos de los mejores hallazgos del recorrido, las que aportan ese perfume añejo que tan bien le sienta al discurso de Tycho. En ellas nos reencontramos con la sonoridad y el discurso de su debut para Merck, “Past Is Prologue”, reedición de su auténtica y original puesta de largo, “Sunrise Projector”, donde sus exploraciones electrónicas con beats casi hip hop recrean una convincente y romántica manera de reivindicar géneros en peligro de extinción tal y como se formulan en la actualidad. En líneas generales esa es la tónica que mantiene todo el recorrido: buena factura, efecto hipnótico y justas pretensiones creativas para un álbum que hace de la discreción una virtud.

Julio Pardo

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