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Anstam AnstamDispel Dances

8.6 / 10

FIFTY WEAPONS

Vinilo sin información, funda genérica, una galleta con los datos mínimos: el título del EP en la cara A –era 2007 y aquel artefacto se titulaba “Aeto”–, el nombre del artista (o los artistas) más el número de catálogo en la cara B. Lo que viene a ser un silencio sepulcral en forma de 12”, excepto cuando la aguja llegaba al surco, que era cuando se hacía la luz (luz negruzca, pero luz). La primera vez que apareció un disco de Anstam todo era incerteza, un misterio tan mate como el color de la etiqueta de ese maxi que sólo daba el dato fiable de sonar a un cruce especialmente refinado entre la IDM fractal de Autechre y el techno líquido de la escuela berlinesa alrededor de la tienda Hardwax. Era esa leve pista technoide la que hizo sospechar que Anstam podía (o podían) ser alemán, y que incluso aquel maxi –luego llegaron dos más; “Brom” a finales de ese 2007 y “Cree” dos años después– venía del entorno de Basic Channel, como también era el caso de Soloaction (Shed) y otros microsellos satélites y altamente escondidos en el anonimato. La orientación hacia la IDM –como si fuera obra de un artista del sello Skam con ganas de diversificarse por deporte– arrojaba pistas falsas hacia Manchester o Londres, como si fuera un alias esquivo de Freeform, pero en realidad poco importaba, porque el misterioso caso de Anstam quedó en un pasatiempo de temporada para gente muy metida en la compra de maxis, ya que aparecía y desaparecía como el Guadiana, dejando a su paso cortes de un magisterio inimitable, pero con una continuidad insuficiente como para calar hondo. Y entonces, como ya se ha dicho aquí en otra parte, dos largos años de silencio. Absoluto.

En 2011 el nombre Anstam ha vuelto a resurgir como si fuera un debutante: un split en Fifty Weapons compartido con Phon.o, un 12” antológico en el mismo sello – “Baldwin / Carmichael”– en el que la estructura oblicua y parcialmente IDM se mantiene, pero donde el techno-dub de entonces se ha transformado en un dubstep de alto tonelaje, y ahora un álbum que, muy probablemente, lleve mucho tiempo tramándose, puliéndose con esmero para relucir como la obra mayor que finalmente es este “Dispel Dances”, con un primer sello en su pasaporte que certifica un viaje a la historia, al menos en este micro-género tan actual –y ahí encontramos, por ejemplo, a Roly Porter– que consiste en deformar una electrónica que parte de los beats pesados y las basslines corrosivas en una especie de pesadilla gótica en la que entran influencias de otras músicas con muy alto nivel dramático. En el trayecto que lleva de la primera etapa, testimonial y especializadísima, a esta segunda expresionista y al amparo del sello de Modeselektor, se han sabido más cosas de Anstam: en efecto, es un hombre solo, berlinés, meticuloso, angular y se llama Lars Stöwe. Si todas las huellas de su breve ciclo 2007-2009 se hubieran borrado como pisadas en la nieve tras salir el sol, hoy podría considerársele como uno de los newcomers del año.

Las razones son obvias sólo con escuchar “Dispel Dances” y entrar en ese trance ingrato al que te fuerza el álbum, desplazándote siempre de lo convencional y lo amable hacia tierra incierta, no hollada. “Watching The Ships Go Dow” es, en apariencia, un dubstep amorfo y de ritmos meticulosos como el que practica Shackleton, pero Anstam escoge rodear los breaks con frases atonales, con samples que parecen sacados, en vez de muestras de folklore de Oriente Medio, de grabaciones a un pitch desajustado de música dodecafónica mareante –y sin perder nunca el punch de los bajos, que sacuden el hígado como un portero de discoteca de mal humor–. El resto del álbum no se obceca en esa fórmula; podría haberlo hecho y tendríamos un artefacto altamente perturbador, pero desplazado de su otra función, que es la de funcionar en el club, del mismo modo en que funciona otro berlinés amante de los híbridos entre techno y bass music –Objekt, lógicamente–. Y Anstam funciona en un sound system paquidérmico, sabe negociar sus dos extremos. En el más experimental está, por ejemplo, el outro cósmico de “Say My Name”, como Leyland Kirby tomándose un respiro con un sonido de aguja atrapada en un loop de ruido estático, pero en el otro extremo andan “Bitten By The Snake”, “Stone Cold Hug” o “In The Bull Run”, que son como dubstep de Bristol –escuela Vex’d o Random Trio– con un arpegio demoledor o unas notas disonantes, carnaza (corrompida) para arrojar a esos clubbers que se parten el cuello en sesiones de bajos cuadriculados.

Eso sí, es el filo agudo, cortante e hiriente de Anstam el que domina el recorrido del álbum, más que el hedonismo y el abandono en medio de la pista de baile, y ahí radica su triunfo. El cerebro le gana la partida al cuerpo aunque la sensación sea de tablas, y ahí está el techno volador de “To All The Voices”, que viaja al cosmos sosteniendo un bombo marcial por debajo que es como un estómago revuelto a punto de exonerar, o el techno cenagoso, similar al de T++ o al de Andy Stott con una punta más de velocidad, que aparece en “Handsome Talks The Talk”, cuya dinámica rítmica suena como una serpiente enroscándose en tu pierna, apuntando a la rodilla con unos colmillos nada amistosos. Y esos dos incisos casi tranquilos ( “Statical”, “I Shouldn’t Even Be Here”), que recuerdan tanto al material de Anstam de hace cuatro años, no son más que señuelos para despistar, porque son esos cinco minutos hacia el final los que elevan el valor del álbum y lo sitúan como memorable: “Black Friesian Monoliths” está aguijoneada por cuerdas que parecen como sampleadas del Kronos Quartet tocando algo de George Crumb, mientras por debajo se funde la lava de unos beats bullentes e inestables, que parecen anunciar una explosión aunque prefieren alargar la tensión, la tortura silenciosa, hasta el final, dejando en el aire, flotante, una sensación de desasosiego mayúsculo, de haber estado cerca de recibir un daño irreparable.

Otra virtud más de “Dispel Dances”, por tanto: parece que te quiere matar, pero no lo hace. Sabe esperar, no busca sangre, sino torturar poco a poco, disfrutando con esa gota de sudor espeso que corre por tu sien.

Javier Blánquez

Anstam - Black Friesian Monoliths

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