Dirty Dancing Dirty Dancing

Álbumes

Schlachthofbronx SchlachthofbronxDirty Dancing

6.8 / 10

Hay dos enajenados que corren en libertad por los pastos muniqueses. Dios sabe que son unos pirados, pero sus tropelías a lomos de la insania no resultan perjudiciales para el prójimo, antes al contrario, despiertan ese yo simiesco, borrachín y gárrulo que todos llevamos dentro y que tan necesario es liberar de uvas a peras. Schlachthofbronx es algo más que un nombre inventado para joder –creo que es más difícil escribirlo que pronunciarlo–: es una filosofía de vida, una forma de entender la electrónica basada en el hedonismo más reptiliano; música atronadora a toda pastilla, bajos que petan como bombas de hidrógeno, culos pantagruélicos que se mueven a toda velocidad, pechos asfixiantes en pleno terremoto mamario, chulazos restregando su bolsa escrotal en el chichi más cercano. Y tal y tal.

Ahí va la lista de ingredientes del pastel para que el lector se haga una idea de la magnitud de la broma: hip hop, ghetto-tek, bass grasiento, dancehall, booty, gabber, techno, juke, reggaetón y ritmos tropicales. Con un LP homónimo que ya levantó sospechas en 2009 y un riachuelo de EPs repartidos en Mad Decent, Man Recordings y el sello que le da cobijo ahora mismo, Disko B, el dúo alemán ha hecho un tunning imposible: coger todas las influencias anteriormente mencionadas y soltarse los amarres de la camisa de fuerza para extraer diversión del caos. Porque “Dirty Dancing” es un disco desquiciado en el que puedes engullir electro de favela, booty y cánticos tribales ( “Agwaso”), Miami bass, pop, hip hop y electro de los 80s ( “Singstar”), ska futurista, reggae, crunk, anfetas y sirenas ( “Every Day Of The Week“, con el gran DJ Assault), juke quillísimo, efectos de dibujos animados y martilleantes samples de voz no aptos para jaquecas o resacas ( “That G-String Track”), etc. Todo el tracklist es una inyección de freakismo y fiesta sin límites. Un viaje demente a la pista de baile acompañado de negras culonas y vasos de mojito de dos litros.

Los BPMS a velocidad de neutrino, los claps horteras, los guiños tropicales: parece mentira que una desviación estilística de este calibre surja de la mente de dos alemanes, pero es así. Y lo mejor es que tienen gracia. Son muy buenos en lo suyo, hacer reír, bailar y, Durex mediante, fornicar a los fieles. Pongo como ejemplo del despiporre el track “Juego”, con Doubla J, una joya donde mezclan acordeones andinos, una base de drum’n’bass que es puro Metalheadz y raps latinos con ripios desternillantes como “Sonámbulo ya llegó la hora, si no sonríes, dime pa’ que lloras”. “Dirty Dancing” es precisamente eso, baile sucio, el disco ideal para un after de Puerto Rico, un chiringuito dominicano, el Sónar a las sesion de la mañana, una sesión de Twerk o, yo qué sé, una nochevieja en casa de Willy Wonka. Si alguien ha visto mi culo, por favor, que me llame: creo que en algún momento de la escucha ha saltado por la ventana.

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