Dirty Bailarina Dirty Bailarina

Álbumes

Mala Rodríguez Mala RodríguezDirty Bailarina

8.1 / 10

Mala Rodríguez  Dirty Bailarina UNIVERSAL

Cuando das el salto, cuando vienes de abajo y consigues llegar arriba, sabes que mucha gente lanzará los clásicos improperios y acusaciones de venderse barato. Es un tópico que nunca podrá erradicarse. Cuando ya tienes una cierta edad te das cuenta de que el éxito y la popularidad no están reñidos con la actitud y el talento. Te das cuenta de que jamás serás el que eras hace diez años, de que esa monserga de “me gustaba mucho más antes” es una imbecilidad pollina y que el romanticismo es comida para los mediocres. Seguramente la Mala ha tenido que escuchar diatribas parecidas: basta con observar la progresión de su carrera desde el ya lejano maxi “A Jierro”. Pero su ascensión ha sido justa y su evolución lógica, y la prueba es que todavía hoy ninguna cantante o rapera femenina ha conseguido hacerle sombra y mucho menos robarle el duende.

“Dirty Bailarina” es uno de sus mejores álbumes. Producido por el estadounidense Focus (es el que capitaliza más cortes), Griffi y Señor T.Cee, el nuevo trabajo de la jerezana es una delicia futurista que sabe a ciencia ficción y jaroteo, a flamenco-soul para las nuevas generaciones. Hay cosas muy bien hechas y atrevidas. “Galaxias Cercanas”, por ejemplo, es un tema 100 % Mala, pero con miras de progreso, con un estilo que bebe del crunk y el wonky y no le tiene miedo a los sonidos electrónicos de 8 Bits –Griffi una vez más adelantándose al resto–. De todos modos, este corte –el mejor del disco, probablemente– posee el candor clásico de ese acento andaluz y esos coros trotones que sólo la Mala puede sacar de su libreta. En “Prima” se pasa directamente al R&B, pero fijaos en el poder de la base, en el flujo del piano (magníficas teclas, puro Pete Rock) y en el tono nostálgico del soul veraniego: es otro de los highlights del álbum. Y hay pábulo para los temas reptantes, grisáceos, algo entristecidos. Los pianos nocturnos y los susurros de “Por Eso Mato” lo dicen todo. Y que en la también sedosa “Un Corazón” se muestre como una cantante de primer nivel es también una prueba de la importancia que tienen los momentos más pausados en su música. De hecho, termina el tracklist con “Patito Feo”, una suerte de marcha fúnebre electrónica, acompañada de los lamentos de Estrella Morente.

Pero no se queda sólo en este registro. Con cada disco ha pasado una página y con cada disco ha ido enriqueciendo el tapiz de sus experimentos a golpe de puntadas arriesgadas, más melódicas; difuminando los límites del R&B, el pop, el flamenco y el rap con elegancia, frescura y un tono futurista que adquiere una belleza muy especial en cortes como “Nene”, una balada experimental que es puro new beat angelino y que vale más de lo que parece en una primera escucha. Sí, el disco está macerado con inteligencia en el estudio. El sonido de la Mala se expande y encuentra asueto bajo techos que nunca habríamos ubicado en su radio de acción años atrás. El ejemplo más diáfano es “Yo No Mato El Tiempo”, una inesperada delicia funk –me encantan las trompetas festivas y el riff de guitarra-, flamenco y rap: se estructura sobre una grandísima base celebratoria y la andaluza clava sus rimas a la perfección. En la parte negativa, todavía no he decidido si me sobra el festín de psicodelia al más puro estilo Hudson Mohawke de “Flores, Vitaminas y Sexo” –demasiado alucinógeno para mi gusto–, pero lo que sí tengo claro es que quitaría de un plumazo el pasaje Goldfrapp discotequero de “No Pidas Perdón” –una lástima que sea el single–. Y nada más.

Que su ascenso al ojo público, sus escarceos como actriz, su participación en un reality show nefasto y su refinamiento estético y estilístico no engañen a nadie. Mala Rodríguez sigue guardando en su interior una voz única en nuestro país a la que no le ha salido competidora posible. Ya han pasado unos cuantos años desde su tectónica irrupción y toda sigue cotizando en los números más altos de la escala de Richter. Hay algo en ella que no cambia, que no se corrompe y que continúa dando luz a todo lo que hace. Sigue siendo la reina del rap español y sigue reinventándose sin cambiar su espíritu. Es lo que tiene ser una gran artista: que haces enormes discos, incluso cuando nadie se lo espera. Merece estar en los primeros puestos de de la lista de los mejores álbumes nacionales del 2010.

Óscar Broc

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