Director’s Cut Director’s Cut

Álbumes

Kate Bush Kate BushDirector’s Cut

7.1 / 10

Kate Bush  Director’s Cut EMI

Si Kate Bush tardó doce años en darle continuidad a “The Red Shoes” (publicado en 1993) con aquel “Aerial” que fue recibido con sorpresa y buena predisposición por parte de la crítica, qué nos iba a hacer pensar que ahora reduciría a la mitad el espacio temporal para volver a la palestra. Sí, “Director’s Cut” se puede considerar el nuevo disco de la cantante británica, pero es ésta una verdad a medias que lleva trampa incluida. Este retorno de Bush consiste, así grosso modo, en la reinterpretación vocal –y algunas partes instrumentales, las que hacen referencia a teclados y baterías– de algunas canciones incluidas en “The Sensual World” y “The Red Shoes”, sus dos últimas grabaciones antes de desaparecer del mapa durante más de una década.

¿Es un álbum de remezclas? Ni mucho menos. ¿Uno de versiones? Tampoco. ¿Un ejercicio de actualización? No exactamente. Más bien se puede definir como un proyecto de chapa y pintura de algunos momentos concretos de su trayectoria que, se supone, han dejado descontenta a la artista con el paso del tiempo y que ha querido retocar con las posibilidades que le brinda el presente. Huele a timo, dirán algunos. Comprensible. Entre las nuevas recreaciones y las originales hay diferencias apreciables, pero es lícito preguntarse si estas remodelaciones dan para justificar una inversión pecuniaria a estas alturas del partido. Si me preguntan diré que la opción sabia aquí es rascarse un poco más el bolsillo e ir a por la edición deluxe triple que, además del disco titular que glosamos, incluye “The Sensual World” y “The Red Shoes” remasterizados para la ocasión. La versión sencilla no merece la pena y dejará a más de uno con cara de tonto después de haber pasado por caja.

Volviendo al contenido del disco, estas reformas estéticas y expresivas consisten, básicamente, en el uso del autotune en alguna toma, en la depuración de las partes vocales, en la difuminación de algunos tics de producción noventera y, en líneas generales, en un proceso estético en el que las partituras se vuelven algo más desgarradas, austeras y minimalistas, como si aquello que molestara a Bush de las originales fueran los elementos de adorno y los excesos de producción. El resultado, inapreciable en algunas revisiones – “Top Of The City”–, chocante en otras – “Deeper Understanding”– o satisfactorio en alguna – “Rubberband Girl”–, y en cualquier caso muy lejos de la excepcionalidad, no se ajusta a lo que tendría que generar en el oyente la llegada de un nuevo disco al uso de Kate Bush.

Julio Pardo

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