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Álbumes

Polysick PolysickDigital Native

6.8 / 10

Aunque los rastreadores más audaces de los submundos electrónicos probablemente ya conozcan trabajos de larga duración del italiano Egisto Sopor, alias Polysick, ya sean su “Meteo” en Strange Life o la casete que editó a principios de año en 100% Silk, este “Digital Native” para Planet Mu debería considerarse como su primer álbum con todas las de la ley. Y es que si bien esos trabajos sirvieron para dejar constancia de su amor por la cacharrería analógica como el deje exuberante que suelen rezumar sus composiciones, es en este disco en donde se percibe una clara voluntad de reforzar el componente narrativo de su discurso.

Desde un principio queda claro que, a pesar del título escogido, volvemos a estar ante un trabajo de corazón plenamente analógico. Esta vez, sin embargo, el productor ha dejado de lado la inmediatez y la crudeza para apostar por el detallismo y el refinamiento de las texturas. “Totem” y “Woods”, los dos primeros cortes del disco, ya dejan claro que, de la misma manera, la abstracción será uno de los componentes definitorios del trayecto. Un recorrido en el que el poder de evocación tiene mucho más peso que los elementos tangibles a los que agarrarse. Incluso en tracks como “Taito”, dominados por arpegios cristalinos que actúan de guía, las estructuras se muestran poco definidas, como si buscaran formar parte de un flujo constante más que definir capítulos independientes. La dispersión que domina en tracks como “Loading” o “Lost Holiday”, ya sea intencionada o no, se compensa con el alto poder evocador de sus producciones. No en vano, Sopor es miembro del colectivo visual AAVV y siempre ha declarado que el componente visual juega un papel fundamental a la hora de dar forma a sus composiciones. Y en este aspecto no hay duda de que logra su objetivo. Canciones como las balsámicas “Drowse”, “Bermuda” o “Gondwana” nos trasladan directamente a parajes paradisiacos mientras que en “Meltinacid”, “Smudge, Hawai” y “Preda” el factor exótico se combina con los códigos del acid, los chispazos disco y el house primario respectivamente. El reverso oscuro lo traen cortes como “Tic-Tac Toe” o “Transpelagic”, en las que el italiano hace valer su dominio del lenguaje de evocación cinematográfica para dibujar escenas plagadas de tensión y misterio.

Estamos pues, ante un disco altamente viajero, que dibuja un mapa cuyos caminos están llenos de desvíos sutiles y que requiere atención para descubrir todos los rincones ocultos que esconde. Una aventura en que la psicodelia juega un papel importante y en el que, por lo tanto, es más recomendable sumergirse en él de manera pasiva, buscando es clase de evasión en la que no hace falta descifrar todos los detalles sino dejar con nos envuelvan parsimoniosamente. Al principio hacíamos referencia a la voluntad discursiva de Sopor. Pues bien, aunque éste acabe resultando algo elusivo y falto de concreción, el trayecto es plenamente disfrutable.

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