A Different Ship A Different Ship

Álbumes

Here We Go Magic Here We Go MagicA Different Ship

7.7 / 10

Hasta ahora no se les conoce tropiezo alguno a Here We Go Magic. Con cada disco han mejorado religiosamente, trazando una línea evolutiva que sólo sabe caminar en una dirección: hacia delante. Basta con un rápido golpe de vista, con ceñirse a sus singles más inmediatos, para confirmarlo. Basta. En su primer trabajo, “Fangela” y “Tunnelvision” hablaban de un hervidero de ideas desarrolladas luego en el resto del metraje según embragues diferentes. En el decisivo “Pigeons”, “Collector” y “Old World United” ratificaron nuestras mejores predicciones sobre las turbinas que movían al grupo y contagiaron al resto de temas con su mecánica sangre. Y en este fabuloso “A Different Ship”, “Make Up Your Mind” (con un sistema nervioso de Talking Heads) y “How Do I Know” son los cortes que enarbolan la bandera de presentación con un mensaje bien impreso en negrita que dice “mejora y crecimiento exponenciales”. Lo intrigante está en comprobar cómo han equilibrado esta vez las velocidades en todo el repertorio y ahí descansa precisamente la gran noticia de “A Different Ship”: que templa las aptitudes del grupo como si lo hiciera con una varita mágica.

A grandes rasgos, hay dos categorías de canciones en el libro de estilo de Luke Temple y sus secuaces. Por un lado están las englobadas arriba, las centradas en el ritmo (con especias como el afrobeat y el krautrock siempre latentes) y que son las que les han llevado a cosechar comparaciones escogidas, como por ejemplo con The Feelies. Por otro tenemos las baladas-aéreas-escuela- Radiohead, un tipo de temas casi opuestos a los primeros en los que la violencia fluye prácticamente escondida, muy por debajo de la superficie. “Over The Ocean” sería un gráfico ejemplo de esta última tipología. En “A Different Ship”, decíamos, se echan cuentas entre ambas escalas, entre los aciertos y las cosas por mejorar que tenía el grupo (que no eran muchas), y se saca una media perfecta. Lo que se traduce en que estamos ante el trabajo más homogéneo de la carrera de Here We Go Magic, un disco que bate uniformemente la excitante masa sonora de que se alimentan y en el que, por primera vez, todos los temas caminan de la mano. Chino chano.

Decisivo para dicha conquista, el diseño de sonido de Nigel Godrich sabe mantenerse prudencialmente escondido y dejar al grupo brillar por sí mismo. Godrich, conocido como el quinto miembro de Radiohead, es tan fanático suyo como Thom Yorke y fue el mismo quien se ofreció a producirles el álbum. Les ha enseñado a airear pudores y a dejar fluir los elementos más básicos de su escritura, consiguiendo hacerles firmar los temas menos recargados y más esenciales de su carrera. Sin embargo, ellos disimulan en todo momento esa presión que dicen sintieron en el estudio, al verse impresionados por tanta herramienta y sabiduría sónica a su alrededor, y únicamente se concentran en espolvorearlo todo con esa sustancia estelar que engalana a sus canciones. “Creo que lo mejor del álbum es aquello en lo que menos pensamos. Cortes como ‘Over The Ocean’, ‘I Believe In Action’ y ‘Made To Be Old’, fueron escritos por la mañana y grabados la misma tarde”, ha dicho Temple al respecto de los tres temas que conforman la espina dorsal del disco. Unas declaraciones que demuestran la altura alcanzada como equipo y lo cómodos que tienen que haber trabajado.

En otra confesión captada al vuelo por ahí fuera, Temple explica que el eje argumental del álbum es “la tensión no resuelta entre valorar el hecho de estar solo y el estar conectado”, un concepto plasmado a modo de introducción en la apertura con “Hard To Be Close” y subrayado más tarde en “Alone But Moving”, y un concepto en el que volvemos a toparnos con la idea del punto intermedio, de la intersección, equidistante esta vez entre los diferentes estadios de la banda. “A Different Ship” es el epicentro de Here We Go Magic, la esquina donde confluyen todas las aristas de su sonido y, como resultado lógico de todo ello, el álbum en el que ensalzan una cualidad de la que ya les sabíamos controladores totales y que muchos grupos parecen olvidar: el tono. Sin valerse de interludios instrumentales, ni de largos desarrollos que sirvan de pasajes entre temas, esta vez han dado con una exquisita y lineal atmósfera de corrientes continuas, con nueve canciones deudoras de una taciturna alegría, entre opacas y refulgentes, que suenan mates aún cuando brillan, tan tirantes como suspendidas en el aire.

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