Die Alten Bösen Liede Die Alten Bösen Liede

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Vindicatrix VindicatrixDie Alten Bösen Liede

8.5 / 10

Vindicatrix  Die Alten Bösen Liede MORDANT MUSIC

Sólo el que haya visto el excelente documental 30 Century Man puede llegar a entender el genio que alumbra a Scott Walker en su plenitud: esa mezcla imposible entre voluntad lírica, detallismo obsesivo, oscurantismo, perversión estructural y amor por el clasicismo del que nacen las canciones (porque eso es lo que son, canciones) que este moderno eremita produce muy de vez en cuando. A los demás, enfrentarse a discos como “Tilt” (95) o “The Drift” (06), auténticos laberintos emocionales en los que cada partícula sonora tiene un significado profundo, les tiene que resultar una experiencia incómoda. Una incomodidad que puede devenir en devoción (los que amamos a Walker no admitimos las medias tintas) o en rechazo (los que detestan a Walker tampoco se andan con dobleces), pero que en cualquier caso se produce porque hay algo en esas canciones que pulsa resortes muy sensibles, que retuerce los higadillos y estruja el alma hasta dejarla seca.

En Mordant Music pertenecen al primero de los grupos, el que venera a Walker. Ya lo demostró el jefe del invento, el Baron Mordant, en el reciente (y excelente) SyMptoMs, que entre invocaciones a Disco Inferno y Bark Psychosis, retales de dubstep deshuesado y mucha polución electrónica, dejaba entrever unos modos vocales que recordaban al autor de “It's Raining Today”. Una filia que ha llevado mucho más lejos el joven escudero de la casa, Vindicatrix, que en su debut en largo utiliza la voz de una manera entre mística y entrópica, dibujando fondos sonoros más que cantando (razón por la que tal vez ha decidido utilizar el alemán, un idioma mucho más anguloso y arisco, en varias de las canciones), tejiendo letanías tenebrosas sobre las que la música se enrosca de manera brutal y amorfa, como si fuera una planta trepadora, repleta de púas y veneno.

“Die Alten Bösen Lieder”, cuya traslación vendría a ser “Las viejas malas canciones”, se abre con varios cortes de naturaleza abrupta y cambiante: son como suites en miniatura, repletas de sorpresas, saltos estilísticos y bofetadas sonoras, el alimento perfecto para un corazón ennegrecido. La primera parte del disco, la más enfermiza y distópica, navega en esas aguas: mezclando instrumentos y modos clásicos con perversiones digitales, pisoteando cualquier tradición compositiva del siglo pasado, combinando con precisión de alquimista los recursos más insólitos. Hay muchos ambientes sofocantes aquí dentro, muchas pistas manipuladas hasta el delirio; hay momentos en los que aparecen unos vientos amenazantes y otros en los que un rumor de drones introduce tensión y locura en el fondo de la mezcla, mientras más allá un fragor de cuerdas distorsionadas amenaza con reventar los bafles del equipo y un coro de voces fantasmagóricas ocupa los márgenes de la canción. Y por encima de todo ese puzzle sonoro (como si no bastara ese puzzle sonoro) está la voz de David Aird, siempre al borde de la insania y del destroce, siempre trazando un camino entre los modos del crooner melancólico y los del recluso de un manicomio, siempre capaz de llegar más allá, de revolcarse en una nueva pirueta y cortar la respiración del pobre oyente. Sólo en el tramo final del disco, cuando los temas comienzan a plegarse a estructuras más reconocibles, cuando el dubstep, el ambient y el techno ocupan lugares más o menos comunes, es posible dejar de contener la respiración y exhalar un suspiro de alivio.

En realidad, lo único que aleja a “Die Alten Bösen Lieder” de un sobresaliente, lo único que no lo confirma como el disco más malsano, intrigante y espectacular de este principio de año, es el particular formato en el que viene presentado: además del disco compacto, el comprador se lleva a casa un maxi en el que aparecen tres versiones de “Something In The Night”, una canción en el que las voces están (mucho) más equilibradas, en el que la estructura se pliega a convenciones reconocibles, que entronca con las cosas que Vindicatrix había ido publicando hasta la fecha en Mordant Music. Cosas, por supuesto, mucho menos peligrosas, más fáciles de escuchar y de digerir que el contenido del disco: algo así como la versión Dr. Jekyll de David Aird. Y ya saben lo que sucede en el relato de Robert Louis Stevenson: que el malvado Mr. Hyde siempre es más interesante, que en la batalla entre la luz y la oscuridad, ésta última tiene siempre las de ganar. Y que así sea.

Vidal Romero

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