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Strange2 & Nev.Era Strange2 & Nev.EraDiario Sonoro

7 / 10

Strange2 & Nev.Era  Diario Sonoro LOVETHECHAOS

Hay gente que se toma la IDM muy en serio, casi como una cuestión de vida o muerte, como los hay que no aceptan bromas con el pop: gente íntegra, con unos valores férreos en los que cree ciegamente y por los que llegaría hasta el final. Del mismo modo en que hay cuerpos de seguridad a los que se les entrena para interponerse entre el objetivo que deben proteger y una bala directamente lanzada hacia el centro del cráneo y no dudarían en cumplir con su deber, hay sellos en los que se puede confiar sabiendo que jamás te van a defraudar con alejamientos de la vía recta, ya sean tonadillas pop, giros a la música de baile más obvia o cualquier endulzamiento gratuito de la receta. Lo que para algunos sería cerrazón o inmovilismo, negarse a aceptar la entrada de nuevos tiempos o nuevos públicos, para otros es la máxima expresión actual de las viejas guardias pretorianas del emperador de Roma, el último grupo de soldados fieles en los que se puede confiar la propia vida. En la IDM, la guardia pretoriana es cada vez más escasa, y se localiza en sellos como n5md, Skam –cuando aparecen tras sus largos periodos de hibernación– y, en España, Lovethechaos, sellos que, cuando sacan un disco, garantizan la dosis necesarias de texturas herrumbrosas, acompañamientos melódicos a cámara lenta, juegos rítmicos en escorzo y la creación de un espacio geométrico no euclidiano, y en caso de tomar otro camino, siempre es una dirección hacia lo más oscuro y difícil, hacia la bronca ruidosa o el dolor de tímpanos. Gente noble, en definitiva.

Strange2 es David Jornet, músico nacido y criado en Barcelona, residente en París desde hace años, y el artista con más presencia en el catálogo –escueto y refinado, por otro lado– del sello del caos: éste es su tercer álbum tras “partes.de.un.todo” (2008) y “Ciclos” (2009), dos trabajos en los que su identidad sonora había quedado perfilada hasta el último detalle. O sea: abstracción electrónica con incursiones en la composición clásica gracias al uso del piano y marañas de sintetizadores que se elevaban como torres de electricidad hacia la bóveda del cielo, simulando grandes masas de cuerdas. Por el plasma de su visión estética corrían los anticuerpos de grandes nombres de la IDM de ayer –principalmente, el Mike Paradinas de las melodías aparentemente infantiles, el Bola de los primeros discos, cuando su IDM era prácticamente líquida, y toda la escuela americana de la última década, de Phoenecia a Proem, pasando por algo de Tycho y hasta el holandés Kettel–, y a la hora de afrontar este tercer álbum pocas cosas han cambiado en sus planteamientos iniciales. La diferencia entre “Diario Sonoro” y los otros dos álbumes, lógicamente, está en la suma de un acompañante, Nev.Era –alias del músico barcelonés Sergio Mesa, que había editado previamente en el netlabel Pendrive–, con el que comparte una idea estética, pero que ayuda a que los cortes se extiendan imaginariamente hacia un punto de fuga algo más fastuoso.

En piezas como “La Inocencia” o “Dulce Reflexión” hay un leve exceso de fantasía y pirotecnia melódica; la música busca deliberadamente entrar en un espacio majestuoso, construye un crescendo sutil pero a la vez pleno de ambición. Es imposible determinar quién de los dos estira la cuerda –seguramente es una dirección consentida por ambos, alentada al mismo tiempo–, y el efecto secundario que comporta, beneficioso para el disco, es la dosis de autoconfianza que inocula en el sonido –lo que llamamos un viagrazo–. Los nueve cortes de “Diario Sonoro” fluyen con una naturalidad pasmosa, sin obstáculos en su camino; las melodías se hacen traslúcidas, los ritmos se fragmentan sin astillarse como cuando el agua de un río choca contra un escollo y se bifurca en dos. Cuando los tracks se asientan, lo hacen con la gravedad del mejor ambient académico o las bandas sonoras de Cliff Martinez –con el traqueteo rítmico de Gescom por encima–; cuando se vuelven nerviosos, resuena esa IDM purificada, infalible e imperturbable de la guardia pretoriana. Strange2 y Nev.Era consiguen crear un espacio en el que hay tensiones entre lo dulce y lo pedregoso, entre la calma y la turbulencias. Vale, sí, lo de siempre, pero es que es ahí, y no en cualquier otra cosa, donde está la gracia.

Javier Blánquez

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