Demolished Thoughts Demolished Thoughts

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Thurston Moore Thurston MooreDemolished Thoughts

7.1 / 10

Thurston Moore  Demolished Thoughts

MATADOR

A menudo, cuando determinados artistas de grandes grupos lanzan su carrera en solitario, suele haber decepciones por parte del público. Ha pasado siempre y seguirá ocurriendo hasta que todos seamos conscientes de que, normalmente, esos proyectos sirven como vehículo para investigar nuevos caminos, experimentar con diferentes sonidos, desmarcarse del estilo en el que llevan años encasillados o, simplemente, pasar un buen rato produciendo canciones sin la alta responsabilidad que conlleva firmarlas bajo el pseudónimo de la banda madre. Algo así puede suceder con el nuevo álbum de Thruston Moore. Como muchos sabréis, después de “The Eternal” muchos de los miembros de Sonic Youth decidieron seguir distintos senderos. Lee Ranaldo quiere centrarse estos meses en la poesía, Steve Shelley formó parte el año pasado del proyecto Hallogallo 2010 en el que, junto a Michael Rother, revivió el espíritu de Neu!, y Mark Ibold ejerció de bajista en la gira de Pavement. El líder de la banda neoyorquina, por su parte, ha vuelto al estudio, esta vez, con la ayuda en la producción de Beck para servirnos “Demolished Thoughts”.

Thurston Moore ya había demostrado en el pasado su gusto por crear canciones despojadas, en acústico, con la ayuda de poco más que su voz y su guitarra. Su anterior disco, “Trees Outside The Academy”, sirve hasta cierto punto para calibrar qué tipo de música encontraremos en este “Demolished Thoughts”. Pero para que nos entendamos, no hay bizarradas experimentales como “Thurston@13!”. Aquí estamos ante nueve canciones, todas ellas de una factura bella e impecable, y en las que el Beck de “Sea Change” asoma por todos los costados. Ya hace dos meses que Matador nos adelantó “Benediction”, primera canción de este álbum, pero a día de hoy aún sigue asombrando. ¿Dónde tenía el artista escondido ese aura cándida? ¿Por qué demonios no ha aflorado antes? Un tema que sirve a la vez como aviso para navegantes: el que busque a Sonic Youth aquí, que se centre en su discografía principal, o como mucho, que se recree en ese “Circulation”, intrincada canción, con cuerdas violentas, de rasgos orientales y una letra que, dice el propio Moore, habla de ciclos menstruales: la única pieza con cierta fiereza de este conjunto. Aunque si vamos más allá de la superficie, el espíritu y filosofía de la legendaria banda se puede llegar a respirar en otros cortes como “Orchard Street”, por mucho que su tempo sea calmado.

Un disco en solitario, sí, pero con la ayuda de otros músicos como Samara Lubelski al violín y Mary Lattimore al arpa. Prueba irrefutable de la importancia que se le ha querido dar a las cuerdas y que dan lustre a canciones como “Illuminine”. Con todo, hay que decir que a menudo estos instrumentos sirven más como acompañamiento; ha sido todo un acierto por parte de los productores saberlos dosificar con sabiduría. No estamos ante un disco de pop de cámara ni mucho menos, pero en “Blood Never Lies” han sabido jugar con la creciente intensidad de los violines para dar con un tema de factura ensoñadora. ¿Uno de los adalides del noise convertido en artesano de nanas? Pues efectivamente, y estaríamos la mar de encantados con ello si no fuese porque más o menos a partir de la quinta canción (con permiso de la soñolienta “Space”) empiezas a notar que muchas están cortadas por el mismo patrón y cuesta distinguir entre unas y otras. Pero siempre nos quedará esa primera mitad fulgurante.

Álvaro García Montoliu

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