Demiurge Demiurge

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Emptyset EmptysetDemiurge

8 / 10

Emptyset  Demiurge SUBTEXT

Bristol se ha convertido en el manglar más neblinoso de la electrónica británica. Amparada por un campo magnético distinto al del resto de Albión, la ciudad ha visto cómo sus cachorros recogían las migajas musicales de distintas escenas underground para forjar un sonido local que, aunque diversificado en distintas tonalidades, tiene tres elementos comunes: oscuridad, frío y cannabis. La corporación galáctica Multiverse se ha encargado en los últimos tiempos de cuidar la cantera a través de una guerra de guerrillas que ha utilizado los sellos Tectonic, Kapsize y Caravan como trincheras más destacadas. Ahora, el colectivo revive el label Subtext –allí vimos las primeras andanzas de Vex’d– para envolver como es debido el segundo LP de Emptyset. El mandamás de Multiverse, James Ginzburg (alias Ginz) se une, pues, a Paul Purgas para diseccionar los despojos del dubstep y el techno con un bisturí de máxima precisión, una daga luciferina bendecida por Mika Vainio y un microscopio de túnel.

Navegando sobre la turbulenta estela de su debut homónimo, los dos productores sumergen la Biblia del bass en nitrógeno líquido y manipulan su ADN con inyecciones de drone, techno-dub y experimentación industrial al límite. Es un disco rugoso, incómodo, martilleante y tenso: cortes como “Sphere” –golpeos metálicos, graves al límite, torrentes de histeria ruidista– nos dan una imagen fidedigna del áspero pelaje que gasta la bestia. “Void” y, sobre todo, la casi insoportable “Return” muestran las costuras más extremas y aberrantes del dúo: ruido blanco, repetición obsesiva, centrifugadora ensordecedora a toda pastilla.

Por si no hubiera suficiente castigo en sus tracks más radicalizados, la artesanía oscurantista de Emptyset también deslumbra cuando los subgraves entran en la partida y el dúo apuesta por una versión minimaloide de las constantes bass más aislacionistas: glaciación en el vacío, cero absoluto. Si en “Point” te hacen temblar los empastes con sus latidos digitales de dinosaurio, en “Plane” Ginz y Purgas alcanzan un nivel de paroxismo irrespirable, vomitando sobre el oyente descargas mortales de bajos caníbales que traspasan el tímpano como una aguja candente. Da miedo, en serio. “Demiruge” es un monstruo amenazante reducido a su mínima expresión, un dragón deforme que escupe ráfagas de graves y te licua el cerebro, un titán que se revuelve en su sueño y despierta en el espacio profundo. Necesitas esta música, pero jamás en compañía. “Demiurge” lo dice alto y claro: la soledad, en estos tiempos, es un mal necesario.

Óscar Broc

“Sphere”

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