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Depeche Mode Depeche ModeDelta Machine

6.5 / 10

Habría que ser un ingenuo para esperar otro “Violator” de Depeche Mode: ya sea la edad, el agotamiento de la fórmula o la imposibilidad de inventar la gaseosa dos veces, lo cierto es que Depeche Mode sigue llenando estadios y vendiendo miles de discos gracias a esa leyenda forjada en los ochenta y con la que muchos crecimos. Les seguimos escuchando, pero por curiosidad, aunque ya no logren despertar las mismas emociones que al principio. Tal vez simplemente nos hagamos ancianos todos, tal vez sea como ese viejo amigo del colegio al que hace años que no ves, al que tienes en Facebook sin saber muy bien para qué y cuyas actualizaciones de estado ocultas porque te recuerda que ya no tenéis en común nada más que el pasado, y de nostalgia no se vive. En ese sentido hay que reconocerle a Depeche Mode el mérito de no querer aferrarse a un pasado glorioso. Como si fueran conscientes de sus propias limitaciones, el trío se prodiga menos que en sus comienzos (de ahí buena parte de la expectación de sus nuevas entregas), y de unos años a esta parte se han ido alejando de ese lado más hedonista y a ratos hasta frívolo, para adentrarse en un camino mucho más denso y oscuro. Prima la sobriedad ( “Heaven”) y el tono grave ( “The Child Inside”), pero a ratos emergen esos Depeche Mode que saben dar lo mejor de sí mismos, como en “Broken”, una canción en la que además se confirma que, si bien es loable su intento de reconducir su carrera por nuevos derroteros a estas alturas (hay guiños al ambient e incluso al techno), siguen siendo maestros en eso del synth-pop bien entendido.

Afortunadamente, Martin Gore ha vuelto a tomar las riendas del grupo y se deja sentir su mano en ese “Angel” que recuerda a “I Feel You”, con esos sintetizadores sucios y la voz de Dave Gahan jugando a salir forzada, en ese medio tiempo, con un punto macarra de “Slow” o en “ Broken” que de nuevo se mira en los momentos más oscuros del grupos. Sorprenden con los beats rotos de “My Little Universe”, con el toque techno de “ Secret To The End” y con los guiños al soul de “ Heaven” (fallido single de presentación, demasiado AOR). Pero Depeche Mode logran mantener el tipo con sus habituales canciones sobre las dudas existenciales, el amor y la incertidumbre. Nada nuevo en ese aspecto. Siguen fallando en las baladas, que nunca han sido uno de los puntos fuertes del grupo, y una vez más la voz de Dave Gahan se posiciona como una de las mejores bazas del grupo: una voz que a diferencia de lo que sucede con otras leyendas, ha mejorado con los años. No estamos ante el mejor disco del grupo, pero sí, probablemente, ante uno de los más dignos que han firmado desde “Exciter”. Este “Delta Machine” no dejará de ser una anécdota en la copiosa discografía del grupo, un álbum menor, sin duda, pero a la vez, bastante más de lo que esperábamos.

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