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Simian Mobile Disco Simian Mobile DiscoDelicacies

6.5 / 10

Simian Mobile Disco Delicacies DELICACIES

Con la escena new rave extinguida –ya era hora, por otra parte, de que la gente se diera cuenta de que las camisetas American Apparel son un timo de dudosa calidad–, Simian Mobile Disco se desmarca de sus dos anteriores largos y se tiran de cabeza al techno y a los paisajes de corte minimal en “Delicacies”, disco en el que reúnen algunos de los cortes que estos meses han publicado en su recién estrenado sello. Como hace poco ocurriera con el “Senior” de Röyksopp, los dos James (Ford y Shaw) dejan tirados en la cuneta a los creyentes de la electrónica pop-friendly que les habían seguido hasta ahora e intentan probar suerte en una parcela en la que nadie les ha invitado. Tal como Ford ha declarado en varias entrevistas –no olvidemos que sigue siendo uno de los productores más cotizados del momento tras darle sesiones de chapa y pintura a bandas como Artic Monkeys o Florence + The Machine–, lo que han pretendido hacer en este LP es, ni más ni menos, lo que les pedía el cuerpo, sin necesidad de mirarse en el espejo de lo que fueron. Aunque otra cuestión diferente es que realmente hubieran sido algo antes, más allá de los singles zapatilleros de “Attack Decay Sustian Release”: su papel protagonista en la electrónica de este milenio siempre ha estado en tela de juicio.

“Delicacies” parte de una premisa resultona: los nueve cortes que nos ocupan, que oscilan entre los siete y los diez minutos, reciben el nombre de algún plato bizarro o exótico que han probado en el transcurso de sus maratonianas giras. No me pregunten qué es un “Thousand Year Egg”, pero lo único que sé es que es igual que “Sleep Deprivation” pero sin bombo edbangeriano de por medio, adornado con un loop repetitivo que te deja con la miel en los labios y no acaba de eclosionar como la ocasión lo merece. Lo mismo ocurre con ese aperitivo titulado “Aspic” –el clímax viene dado por unos chispeantes efectos a modo de ping pong cerebral– o “Casu Marzu”, que pese a esas campanas digitalizadas no acaba de desprender el mismo mal rollo que el plato en el que se inspira, un queso ilegal de la Cerdeña cargado de gusanos que agujerearían cualquier aparato digestivo.

El problema de “Delicacies” estriba en que el baile desenfrenado y portentoso que defiende –baile de ese que sólo se ataca cuando te has bebido un bar entero– es sólo un espejismo temporal. Hay demasiado envoltorio y poco interior. Igual se podría hacer una excepción con “Sweetbread” el vídeo ha levantado ampollas entre los cansinos sectarios de PETA– o con “Ortolan”, el único tema en el que se desinfla la malsana oscuridad del disco gracias a un tantra de sintetizadores psicodélicos que podría alinearse con sus trabajos anteriores y el “Exit Planet Dust” de The Chemical Brothers. Más allá de esto, el experimento techno de Simian ni convence ni perdurará en nuestra memoria, de modo que hay que interpretarlo como un paréntesis en su ya de por sí irregular carrera. Desde aquí, les invito en un futuro a que vuelvan a hacer lo mismo sin prescindir de las voces. Con esto no quiero decir que repitan a rajatabla el patrón que siguieron a golpe de talonario en “Temporary Pleasure” –donde contaron con la presencia de Beth Ditto, Hot Chip o Jamie Lidell, entre otros nombres de órdago–, pero ya que están empeñados en rasgar las vestiduras de los puristas del techno, al menos, que el resto de mortales que no estrechamos relaciones con el género tengamos motivos para defenderles.

Sergio del Amo

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